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¿Bienvenidos
a la primavera o al año
nuevo?.
Las marzas |
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Historia
de cantabria
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Alba
Campo, Sonia Fernandez, Adriana Ruiz,
Elena Calleja, Alba Gutierrez, Ana Reguilón,
Lorena Sainz
estudiantes
de secundaria, Torrelavega (Cantabria) |

Y
os preguntareis… ¿que son las
marzas? Gracias a la colaboración
de Juan José Crespo, el director
del coro marcero de Torrelavega y como dice
Charo Bedia “Uno de los que más
sabe” hemos querido profundizar un
poco más sobre este tema.
Las marzas son cantos petitorios, es decir,
son cantos que a favor de cantarle al pueblo,
este da dinero, en definitiva podemos decir
que son cantos de pedida que se hacen el
último día de febrero o el
primero de marzo para dar la bienvenida
a la primavera o al nuevo año. Las
marzas tienen su origen en las invasiones
romanas, ya que los romanos y los griegos
eran muy dados a estos cantos. Los primeros
vestigios que tenemos escritos en Cantabria
son a través de los escritos de José
María Pereda. A mediados del siglo
XIX empieza a haber gráficos. Las
marzas están escritas por Demetrio
Duquin Merino, Jesús Cancio es un
poeta que murió a principios del
siglo XX, Emilio Alcántara del Rio,
otro historiados cántabros , García
Lomas , Menéndez Pelayo , Tomás
Maza y Solano, Amós de Escalante…
Si tenemos la creencia de ciertos detalles
que datan de las guerras púnicas
en Cantabria y a esto le añadimos
lo que dicen los eruditos, hay que pensar
que tratan de ese tiempo. Algunos dicen
que dan la bienvenida al nuevo año
porque en tiempos de Rómulo, el calendario
que existía era solar y el año
comenzaba en Marzo. Otros dicen que dan
la bienvenida a la primavera. Originalmente
eran cantadas por los mozos de 15,14 años
hasta 25 como máximo, todos solteros,
no podía haber nadie casado. En el
momento en el que pasa a cantar las marzas
pasa a ser un joven acto para casarse, las
muchachas ya sabían que ese joven
podía ser casado, para esto los mozos
cuando ya tenían novia le ponían
un ramo de laurel en la casa si los padres
le daban permiso, sino no se podía.
El mozo pasaba a otro estatus que es una
ley que se da en los pueblos, cuando uno
nace pasa a formar parte de los vivos, cuando
tiene 14 años es un niño pero
en el momentos en el que pasa a cantar las
marzas ya se puede casar. La gente les da
el compango, que es todo el producto que
se saca de la matanza del cerdo, las morcillas,
el chorizo, el jamón… Se dedicaban
a hacer sus propios productos ya que uno
vivía de la matanza del cerdo .Normalmente
quien era más rico podía matar
una novilla o una vaca pero no se solía
dar porque las vacas eran algo más
preciadas que los hijos, “se lloraba
más por una vaca que por un hijo”,
no por el afecto que le pudieran tener si
no por lo que pudiesen darles. La gente
vivía todo el año de eso,
“echándole colesterol a la
vida pero sin darse cuenta”. Los mozos
cantan y reciben el compango y castañas
ya que sirven todos los productos de la
tierra, también vino y en alguna
ocasión dinero. Las marzas son cantos
de pueblo que se cantan principalmente en
Cantabria pero también se cantaban
en Palencia y en Burgos e incluso en una
parte de León. Los cantos son muy
litúrgicos, están relacionados
con la Iglesia, como decíamos aquí
cuando no nos gustaba algo “esto parece
un gorigori”, algo que es muy repetitivo
al igual que las marzas que son muy monótonas.
Hoy en día tienen bastante menos
importancia que cuando se cantaban en los
siglos XVIII, XIX, y principios del XX,
porque en las marzas se da lo que se llama
“interrelaciones”, pero las
mozas no cantaban porque había un
machismo típico de la época,
cuando oscurecía, una moza tenía
que irse a casa, pasar una callejas que
por un lado estaban bordadas de zarzas y
por el otro lado también, las cuales
dividían las viviendas de cada persona.
Entonces la interrelación, ahora
llamada sociabilidad, se encomendaba solo
a los mozucos. En los pueblos las mujeres
duraban más que los hombres, 6 o
7 años era lo normal. Con lo cual
había más viudas que viudos,
y una mujer viuda no tenía ningún
recurso para salir adelante, por lo que
acudían a los mozos que les realizaban
las labores para las que no estaban capacitadas.
Aquí de 1989 a hoy, de cantarse en
10 lugares ha pasado a cantarse en más
de 110 pueblos. Lo que pasa es que las marzas
las cantaban mozos y ahora las cantan viejos
porque los mozos no colaboran, ya que el
ordenador hace que la juventud prefiera
vivir individualmente a vivir en grupo.
La magia de las marzas está en que
no hay enemigos, todos los que las canta
son amigos. Jamás se da un enfado
por parte de nadie. Pero había veces
que un mismo pueblo estaba dividido en dos
partes, que solían ser rivales. Los
mozos a la hora de cantar las marzas no
podían juntarse los de arriba y los
de abajo porque había mucha rivalidad.
Se solían dividir en el “pueblo”
y los “señoritos”, que
venían del comercio o sus padres
tenían un empleo mixto, ganado y
trabajo en una empresa, y ahí sí
que había rivalidad pero no entre
los propios de cada grupo sino entre un
grupo y otro. A veces llegaban a un lugar
en el que decían “no, nosotros
venimos a cantar aquí” “y
nosotros también”, se pegaban
entre ellos y el que más podía
le quitaba todo lo que les habían
dado a los otros, pero establecieron un
código de honor por el que si no
podían limitar las casas en las que
tenían que cantar, hacían
una raya “la raya del honor”,
de la cual no podían pasar ninguno
de los dos grupos.
Según Juan José, “el
estar juntos una serie de personas para
alegrar a los habitantes de las casas”
es realmente la magia de las marzas.
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