 |
Luis
de la Granja
Historiador |

Ahora
que tenemos sobre la mesa la legalización
de Sortu, una mirada a la historia de las
intervenciones políticas abertzales,
no esta de más, para comprender como
ETA busca recovecos para intervenir en democracia,
solo de la manera que la interesa.
Hace cuatro años, en pleno debate
sobre la legalización de las marcas
de ETA, el historiador José Luís
de la Granja publicaba un interesante libro
sobre el nacionalismo histórico vasco,
en el que revelaba algunas claves indispensables
para conocer la historia de ANV,el partido
tras el que se escondia entonces, como ahora
tras Sortu, Herri Batasuna.
El libro, titulado “El oasis vasco.
El nacimiento de Euskadi en la República
y la Guerra Civil, habia sido publicado
por Editorial Tecnos, y como complemento,
el historiador publicaba entonces un artículo
explicando la historia y evolución
de ANV, la marca electoral de los batasunos,
del que se hacia eco Iñaki Anasagasti
en su blog (http://www.ianasagasti.blogs.com).
Ha
sido arma frecuente de ETA, resucitar viejas
glorias políticas del País
Vasco, y este fue un caso, a fin de intervenir
en las instituciones municipales y forales.
Aunque ello corrompa las bases de una organización.
Podemos averiguarlo examinando con objetividad
la historia inicial de Acción Nacionalista
Vasca en los años treinta, comparandola
con lo que representa ahora, tras su repentina
'resurrección'. Sus actuales dirigentes
han resaltado el hecho de ser un partido
con una larga historia y han sostenido que
ellos continuaban su programa fundacional,
el Manifiesto de San Andrés de 1930,
y su actuación al inicio de II República
apoyando el “Estatuto de Lizarra”,
según su reciente propaganda electoral.

Es
sabido que para algunos vale todo en política
con tal de conseguir sus fines. Pero no
todo vale en la Historia, que no puede ser
manipulada y falseada al antojo de los intereses
partidistas de unos políticos que
la desconocen por completo y a los que no
les importa cometer crasos errores históricos.
Por eso, conviene recordar las palabras
de Julio Caro Baroja en su ensayo “El
laberinto vasco” (1984): «El
historiador sabe que muchas veces la “tradición”
es la Historia falsificada y adulterada.
Pero el político no solamente no
lo sabe o no quiere saberlo, sino que se
inventa una tradición y se queda
tan ancho». Esto es precisamente lo
que han hecho los dirigentes de la ANV actual
al pretender que su abertzalismo radical
coincide con el nacionalismo de los fundadores
del partido en 1930-1931. Nada más
lejos de la realidad histórica.
Como
historiador dediqué cinco años
de la década de 1980 a investigar
la historia de ANV desde su fundación
en 1930 hasta la Guerra Civil. Fue el núcleo
central de mi tesis doctoral, publicada
en el libro “Nacionalismo y II República
en el País Vasco” (1986), que
va a ser reeditado por Siglo XXI Dicha obra
se basaba no sólo en abundante documentación
de diversos archivos y en la numerosa prensa
vasca de la República, sobre todo
la de ANV sino también en una veintena
de testimonios orales y escritos de dirigentes
y militantes de ANV que vivían entonces
y de los familiares de algunos fallecidos.
Entre ellos entrevisté a Gonzalo
Nárdiz, consejero del primer Gobierno
vasco; a Gabriel Goitia, comandante en la
Guerra Civil y secretario general de ANV
en el exilio; a Luis Ruiz de Aguirre (Sancho
de Beurko), comisario general del ejército
vasco, y al doctor Justo Gárate,
uno de los principales fundadores de ANV.
Mi relación epistolar y personal
con estos dos últimos se prolongó
hasta su fallecimiento y contribuyó
a que sus archivos y bibliotecas fuesen
adquiridos por la Universidad del País
Vasco, que los conserva en su Biblioteca
Central del campus de Leioa. Por desgracia,
ninguno de estos líderes históricos
de ANV vive en la actualidad para poder
desmentir algunas afirmaciones de los que
detentan su sigla hoy sobre el pasado del
partido. Pero es un hecho significativo
que varios de los que vivían en la
Transición, como Nárdiz y
Ruiz de Aguirre, apoyaron el Estatuto de
Gernika en 1979.

ANV
nació, en noviembre de 1930 en Bilbao,
como escisión por la izquierda del
PNV procediendo casi todos sus fundadores
del nacionalismo moderado y no del radical,
representado primero por Aberri (1921-1930)
y después por Jagi-Jagi (1934-1936),
grupos que fueron referentes históricos
de Herri Batasuna. Cosa que no fue la posibilista
ANV cuyo nacionalismo heterodoxo fue un
precedente de la Euskadiko Ezkerra de 1981
a 1993. Este partido coincidió con
ANV en la estrategia autonomista y en las
alianzas políticas con fuerzas no
nacionalistas, dos características
fundamentales de ANV en los años
treinta.
En
efecto, ANV se alió con el Bloque
republicano-socialista en las elecciones
municipales de abril de 1931, que trajeron
la II República española,
y en las elecciones a Cortes Constituyentes
de junio de ese año, estando a punto
de sacar diputado a Justo Gárate
por Guipúzcoa. En esos comicios se
enfrentó a la coalición de
derechas del PNV y el carlismo, cuyo programa
era el Estatuto de Estella, un proyecto
clerical, antirrepublicano y antidemocrático,
que excluía de derechos políticos
a los inmigrantes. Los concejales de ANV
en Bilbao, Barakaldo y otros municipios
no acudieron a la Asamblea de ayuntamientos
que aprobó en Estella dicho Estatuto,
porque ANV era un partido aconfesional y
abierto a los inmigrantes. Al igual que
las izquierdas de Indalecio Prieto, ANV
se opuso al Estatuto de Estella, que pretendía
convertir a Euskadi en un oasis católico
donde no se aplicase la legislación
laica de la República.
Por
ello, sólo desde la ignorancia supina
de la Historia ha podido afirmar el actual
secretario general de ANV, en su mitin en
esa ciudad navarra el pasado 14 de mayo,
que ANV apoyó el Estatuto de Estella.
Sucedió todo lo contrario: fue el
único proyecto de Estatuto vasco
en la República que ANV no sólo
no apoyó, sino que rechazó
tildándolo de «Estatuto del
Concordato con Roma». En las elecciones
generales de 1931 defendió el Estatuto
elaborado por la Sociedad de Estudios Vascos.
Durante
el quinquenio republicano, el objetivo político
prioritario de ANV fue conseguir la autonomía
vasca en el marco de la Constitución
de 1931, propugnando el Estatuto de las
Comisiones Gestoras provinciales tanto con
Navarra en 1932 como, tras la defección
de esta provincia, sin Navarra en 1933 y
votando a favor de este último proyecto
en el referéndum de noviembre de
1933. Este Estatuto fue su programa en las
elecciones a Cortes de febrero de 1936,
en las que se integró en el Frente
Popular, con el que presentó un candidato,
Juan Carlos Basterra, que no salió
elegido diputado.
Desde
el estallido bélico en julio de 1936,
ANV defendió la República
española y el Estatuto vasco. Su
aprobación por las Cortes el 1 de
octubre permitió la formación
del primer Gobierno vasco, de coalición
PNV-Frente Popular, en el cual ANV ostentó
la Consejería de Agricultura. Su
republicanismo hizo que su líder
Tomás Bilbao sustituyese al dimitido
Manuel Irujo como ministro sin cartera del
Gobierno de Negrín en 1938-1939,
y que varios dirigentes de ANV fuesen representantes
de la República en diversos países
durante la Guerra Civil y el exilio. Además,
Gonzalo Nárdiz se mantuvo siempre
de consejero en los gobiernos presididos
por los lehendakaris Aguirre (1936-1960)
y Leizaola (1960-1979), compuestos por nacionalistas,
republicanos, socialistas y, esporádicamente,
comunistas.
En
suma, las señas de identidad de ANV
fueron la reivindicación constante
del Estatuto de autonomía, en especial
desde su diario “Tierra Vasca”,
y sus alianzas políticas con las
izquierdas republicano-socialistas para
lograr el Estatuto, marcando así
el camino por el que marchó el PNV
en 1936. Tal fue la verdadera historia inicial
de ANV que puede tergiversar pero no cambiar
su dirección actual, cuyo nacionalismo
radical nada tiene que ver con el nacionalismo
heterodoxo de ANV en la República.
En realidad, la ANV de nuestros días
tan sólo tiene en común el
nombre y el símbolo con la Acción
Nacionalista Vasca de Anacleto Ortueta,
Justo Gárate, Tomás Bilbao,
Gonzalo Nárdiz, Luis Ruiz de Aguirre
y tantos otros que crearon la primera izquierda
nacionalista vasca en 1930