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11.
La Guerra
de Cuba (1895-98) |
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Introducción
eolapaz.es
La
respuesta aqui redactada es solo una orientación,
para contestarla adecuadamente debes estudiar
el tema 23. Es recomendable que con estas
pautas y ejemplo la redactes tu, adecuandola
a tus características y a tu capacidad
para responder en un tiempo que es, como
sabes, limitado.
Como
criterio general, explica las causas, las
guerras previas y las consecuencias del
conflicto, especialmente el surgimiento
del regeneracionismo.
Propuesta
de redacción básico 11
departamento de Historia de eolapaz.com
La isla de Cuba era una de las pocas posesiones
coloniales que aún conservaba España
y ocupaba el primer puesto mundial en producción
de azúcar, era además una
isla moderna y muy desarrollada, pero dependiente
políticamente de España. Esta
dependencia política económica
generó la aparición de un
movimiento guerrillero independentista y
el estallido de la 1ª guerra de Cuba
(1868-78), un pronunciamiento protagonizado
por la burguesía criolla y por la
guerrilla de mestizos y negros liberados
de la esclavitud por los sublevados. Ni
la Constitución de 1876 ni la paz
de Zanjón resolvieron el problema
y en 1879 estalló la segunda guerra
de Cuba o “guerra chiquita”,
dura y rápidamente reprimida por
el ejército. En los años siguientes
hubo conatos revolucionarios. La solución
pudo haberse producido si hubiera prosperado
el proyecto de reforma de autonomía
política para Cuba defendido por
Antonio Maura, pero el proyecto, esperado
por la sociedad cubana no fue aprobado.
Las tensiones entre la colonia y la metrópoli
aumentaron a raíz de la oposición
cubana a los fuertes aranceles proteccionistas
que España imponía para dificultar
el comercio con EE.UU, principal comprador
de productos cubanos a finales del siglo
XIX. La condición de Cuba como espacio
reservado para los productos españoles
se reforzó con el arancel de 1891,
que daba lugar a un intercambio sumamente
desigual, lo que provocó un gran
malestar tanto en la isla como en EE.UU.
El presidente McKinley, que ya había
expresado su deseo expansionista en las
islas del Caribe y del Pacífico e
incluso negoció la compra de Cuba,
amenazó con cerrar las puertas del
mercado estadounidense a los principales
productos cubanos (azúcar y tabaco)
si el gobierno español no modificaba
la política arancelaria de la isla.
Al fundamentado temor a que se produjese
una nueva insurrección independentistas,
se sumaba ahora el temor a que esta pudiese
contar con el apoyo de EE.UU.
El año 1892, José Martí
fundó el Partido Revolucionario Cubano,
protagonista de la revuelta independentista
iniciada en febrero de 1895 (el grito de
Baire), es la 3ª guerra de Cuba. La
insurrección comenzó en la
parte oriental de la isla y entre sus dirigentes
contó con Antonio Maceo y Máximo
Gómez, que consiguieron extender
la guerra a la parte occidental de la isla,
tradicionalmente menos rebelde. El gobierno,
presidido por Cánovas, respondió
enviando un ejército a Cuba, al frente
del cual se hallaba el general Martínez
Campos, el militar más adecuado para
combinar la represión militar con
la flexibilidad necesaria para llegar a
acuerdos que pusiesen fin al levantamiento.
La falta de éxitos militares decidió
el relevo de Martínez Campos por
el general Weyler, llegó a la isla
con la voluntad de emplear métodos
más contundentes que acabasen con
la insurrección por la fuerza. La
ofensiva de Weyler fue acompañada
de la “concentración”
de los campesinos en unas aldeas cerradas
para aislarlos de las tropas insurrectas.
Pero la dificultad de proveer de alimentos
y de facilitar asistencia médica,
tanto al ejército como a los campesinos,
trajo consigo una elevada mortalidad entre
la población civil y los soldados.
Además, la guerra provocó
la destrucción de plantaciones, vías
férreas y la economía cubana
se resintió notablemente.
Tras el asesinato de Cánovas (1897)
un nuevo gobierno liberal decidió
a la desesperada probar la estrategia de
la conciliación. Relevó a
Weyler del mando y concedió autonomía
a Cuba (noviembre 1897), el sufragio universal,
la igualdad de derechos entre los insulares
y peninsulares y la autonomía arancelaria.
Pero las reformas llegaron demasiado tarde:
los independentistas, que contaban con el
apoyo estadounidense, se negaron a aceptar
el fin de las hostilidades. Los motivos
del gobierno norteamericano para expulsar
a España de Cuba eran de carácter
económico (apoderarse de los yacimientos
mineros y las plantaciones de azucar) y
de tipo geoestratégico para afianzar
su dominio militar y naval en el Caribe
y Centroamérica.
En 1898 EE.UU se decidió a declarar
la guerra a España. El pretexto fue
el hundimiento , tras una explosión
de uno de sus buques de guerra, el Maine.
En abril, los americanos intervinieron en
Cuba y en Filipinas, desarrollando una rápida
guerra que terminó con la derrota
de la escuadra española en Cavite
(Filipinas) y Santiago (Cuba) y Puerto Rico.
En diciembre de ese mismo año se
firmó la Paz de París.
Por 20 millones de dólares, como
indemnización, España cedió
a USA Cuba, Puerto Rico, Filipinas y la
isla de Guam. En febrero de 1899 vendía
a Alemania las últimas islas que
le quedaban en el Pacífico: Marianas,
Carolinas y Palaos. USA y Alemania impulsaban
su política imperialista, mientras
España puso fin a su imperio en Ultramar.
El desastre colonial del 98 culminaba el
proceso de emancipación que se había
iniciado tras la Guerra de Independencia.
La
derrota de España en la guerra con
USA de 1898 y la independencia de las últimas
colonias del “Imperio español”
puso de manifiesto el problema de España:
su atraso y aislamiento con respecto a los
países más desarrollados de
Europa y USA.
Las consecuencias del “desastre del
98” no se limitaron a las pérdidas
territoriales. Este suceso afectó
al conjunto del sistema y las transformaciones
más representativas fueron:
1º.- Cambios políticos: el relevo
de Cánovas y Sagasta. En los últimos
años de la Regencia de Mª Cristina
se rompe la estabilidad creada por los líderes
de los dos partidos dinásticos: el
partido liberal y su líder, Sagasta,
tuvieron que sufrir la grave crisis de 1898
y asumir el desprestigio político
ante la opinión pública producido
por la derrota. Tras la muerte de Sagasta
en 1903, el partido se dividió en
varias tendencias y sus nuevos jefes (Moret,
Canalejas, Romanones,...) no lograrán
unir nunca al partido. Por su parte, tras
el asesinato de Cánovas (1897), el
jefe del partido conservador fue Silvela
hasta 1902 y, en los primeros años
del reinado de Alfonso XIII, Antonio Maura,
quienes manifiestan su deseo de regenerar
la vida política y modificar el sistema
de la Restauración.
2º.- La economía española,
y especialmente la industria catalana, perdió
un excelente mercado para sus productos
y unas materias primas baratas, pero lograron
atraer capitales de los indianos enriquecidos.
Los enormes gastos de la guerra ocasionaron
una devaluación de la peseta, inflación
de precios, aumento del déficit del
Estado y, al final, la necesidad de aumentar
los impuestos y reformar la Hacienda, obra
realizada por el ministro Villaverde.
3º.- Frente al fracaso del nacionalismo
español en 1898, los republicanos
federalistas se hacen nacionalistas y crecerán
con fuerza en el siglo XX los nacionalismos
catalán (Lliga Regionalista) y vasco
(PNV) y, en menor medida, el gallego, andaluz
y valenciano.
4º.- El sacrificio de los jóvenes
“llamados a quintas” que lucharon
en las colonias, cuestionó el sistema
de reclutamiento de tropas y las deserciones
volverán a producirse en futuros
conflictos. Por su parte, el ejército
exigirá a los sucesivos gobiernos
la necesidad de modernizar el armamento
y de recuperar su prestigio.
5º.- Los intelectuales criticarán
el sistema de la Restauración y exigen
la regeneración del sistema. Una
regeneración que exigia una revolución
“desde arriba”, que limpiase
el sistema electora, desarrollase una reforma
educativa y modernizase le economia y las
infraestructura. Una generación de
políticos se irán apartando
de los partidos dinásticos y defenderán
las ideas de los partidos de la oposición:
Joaquín Costa, Ortega y Gasset, Blasco
Ibáñez y Pérez Galdós
las ideas republicanas; Giner de los Ríos
o Besteiro las socialistas.
En conclusión, la crisis del 98 planteó
la necesidad de importantes cambios para
conocer y mejorar las condiciones de vida
del pueblo (la “España real”),
modernizar la sociedad y la economía,
reformar el sistema político y recuperar
el prestigio perdido en el 98. Todo ello
se intentará en las diversas etapas
del siglo XX, empezando durante el reinado
de Alfonso XIII.

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