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10.
Principales
medidas económicas
del Bienio Progresista (1854-1856) |
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Observación
eolapaz.es
La
respuesta aqui redactada es solo una orientación,
para contestarla adecuadamente debes estudiar
el tema 23. Es recomendable que con estas
pautas y ejemplo la redactes tu, adecuandola
a tus características y a tu capacidad
para responder en un tiempo que es, como
sabes, limitado.
Como
criterio general, explica que era el Bienio
y que leyes económicas y porque se
hicieron,
valorandolas.
Propuesta
de redacción básico 10
departamento de Historia de eolapaz.com
En 1854, el partido moderado se enfrentaba
a una fuerte contestación interior.
La tendencia autoritaria de ministros como
Bravo Murillo, el clima revolucionario que
vivía Europa (las secuelas de las
revoluciones de 1848), la permanente rebeldía
carlista, la crisis económica que
vivía el reino y la lenta aparición
del movimiento obrero ( el desarrollo del
primer capitalismo había creado fuertes
concentraciones sobreras en algunas ciudades
que comenzaban a tener una tímida
influencia del anarquismo y el marxismo
internacional naciente) eran factores determinantes
para este clima, junto a las demandas de
libertad y derecho a voto, que el régimen
no había satisfecho.
En un ambiente de protestas y revueltas,
progresistas y moderados descontentos provocan
en 1852 la dimisión de Bravo Murillo,
lo cual no cambio las demandas y quejas.
En 1854 el general Leopoldo O'Donnell lidera
un pronunciamiento en Vicálvaro que
derrota a las fuerzas leales al gobierno.
Tras ello, diversos militares y políticos
opositores redactan ese verano el Manifiesto
de Manzanares que pedía la regeneración
política del país, acabar
con la corrupción, reforma electoral,
nuevas elecciones, reducción de impuestos
y libertades de prensa y expresión.
Difundido entre la población, el
manifiesto obtuvo el apoyo del pueblo y
los obreros, con lo que la reina tuvo que
plegarse a los golpistas. Comenzaba el bienio
progresista.
El nuevo primer ministro seria el hombre
fuerte del progresismo, Espartero.
El nuevo gobierno crearía una nueva
constitución sobre las bases de la
de 1837. No se aprobó, aunque presentaba
grandes novedades como derechos al ciudadano,
tales como la libertad de expresión,
libertad de imprenta y libertad de asociación
política.
El periodo vivió el desarrollo del
republicanismo, el obrerismo y la recuperación
de instituciones del progresismo de los
20, como la ley de ayuntamientos o la Milicia
Nacional. Pero lo más destacado seria
la gran reforma económica iniciada,
un paso gigantesco hacia el capitalismo
y la industria.
La primera gran reforma seria llevada a
cabo por el ministro progresista Pascual
Madoz, necesitada como estaba España
de liberar el mercado de tierras y obtener
fondos. Se llamó “Ley de Desamortización
General” o civil, pues esta desamortización
(expropiación y venta pública
de bienes raíces) afecto a los bienes
del clero secular (a cambio el Estado se
hacía cargo de los gastos de culto)
y sobre todo de los municipios (bienes de
propios, comunales y baldíos) e instituciones
civiles. Hubo más diferencias con
respecto a la primera (la de Mendizabal),
pues no se admitieron en el pago títulos
de deuda, el dinero se destino más
a infraestructuras (ferrocarril) que a deuda
nacional y la mayoría de los fondos
serian gestionados por ayuntamientos, aunque
estos perdieron mucho patrimonio.
Los
efectos sociales fueron graves. La perdida
de tierras por la iglesia dejo sin empleo
a muchos labriegos que usaban los propios
de los ayuntamientos, que se desplazaron
a la ciudad, engordando las filas del naciente
proletariado, y empeorando sus condiciones
de vida. Pero, como con Mendizábal,
la ley no propició el reparto de
tierras, sino que benefició a la
burguesía capitalista, que consiguió
grandes lotes de tierra y acaparo la mayoría
de las tierras e inmuebles. Burguesía
con dinero, si bien la participación
de pequeños propietarios de los pueblos
fue superior a la de la reforma de Mendizábal.
También cambió las formas
agrícolas, ayudando a la extensión
de cultivos extensivos comercializables
(vid, olivo y los cítricos), más
rentables al necesitar menos mano de obra.
Junto
a ello, la reforma estrella del Bienio fue
la Ley General de Ferrocarriles, que pretendía
crear una red de transporte moderno en toda
España. La ley pretendía crear
las condiciones para generar demanda en
otras industrias (metalúrgica y eléctrica,
por ejemplo), crear empleo, atraer inversiones
nacionales (y así evitar la evasión
de capitales) y extranjeras y crear un mercado
más unido que fomentase el comercio
y la producción, al tener mejores
transportes, su puesta en marcha seria uno
de los detonantes de la desamortización,
y de las leyes financieras que veremos después
(Ley Bancaria de 1856, leyes de crédito
y bolsa de 1856 y creación del Banco
de España en ese mismo año).
España ya contaba con algunos kilómetros
en Cuba y una línea en el tramo Barcelona-Mataró,
ahora se pretendía generalizar el
uso del medio.
El estado se comprometía a ayudar
a las compañías en la construcción,
mediante subvenciones a fondo perdido, garantías
públicas de rentabilidad, reducción
de aranceles para la importación
de material y, oficiosamente, unas condiciones
sociales óptimas (salarios bajos
y una gran masa de obreros con escasos derechos).
Solo se favoreció una red radial
más adecuada para la exportación
- importación, que para la interrelación
entre regiones, y un negocio inmenso de
la industria y las compañías
francesas e inglesas, sobre las cuales se
creo una dependencia económica excesiva,
tal como se vio después. Más
que produciendo, muchas grandes fortunas
se amasaron con la especulación en
bolsa, amparada por una legislación
permisiva y una corrupción escandalosa,
de la que formaba parte la reina (accionista
de algunas compañías inversoras
y de ferrocarriles. Para rematar la faena
se estableció un ancho de vía
mayor que el habitual en el resto de Europa,
con lo que las comunicaciones con otras
economías se convirtieron en muy
caros, al necesitar las mercancías
y los pasajeros un trasbordo en la frontera.
En la construcción primo el obtener
subvenciones y conectar los puertos con
las minas y las áreas de producción
agrícola, más que una racionalidad
que hubiera exigido trazados y caracteres
técnicos más adecuados a las
necesidades reales del país, y el
mercado quedó en un 75% en manos
de compañías europeas (sobre
todo francesas). Pese a ello algo se mejoraron
las comunicaciones internas.
Complemento
necesario de lo anterior sería la
Ley de Banca y Sociedades de Crédito,
que puso las bases del desarrollo del sector
financiero en España, necesario para
solventar el caos financiero del país
y crear instrumentos para la inversión
ferroviaria. La Ley de Banca establecía
un riguroso control gubernamental sobre
los bancos y regulaba el derecho de emisión
de moneda, que se asignaba a un banco emisor
por cada localidad. Se creaba el Banco de
España para controlar el sistema
y creaba un mercado financiero moderno,
alimentado con la Ley de Sociedades de Crédito
que facilitaba la entrada de capitales,
la creación de sociedades anónimas
y el desarrollo de bancos industriales y
comerciales, favorecidos por las exenciones
fiscales.
Como contrapunto social a esta situación,
el gobierno pretendió una Ley del
Trabajo, que reducía la jornada laboral
de los niños, permitía asociaciones
obreras de menos de 500 miembros (evitando
así secciones de movimientos obreros
internacionales o regionales, que tendrían
mucha fuerza) y creaba para solucionar los
conflictos colectivos jurados formados por
patronos. La ley no alcanzaría el
apoyo necesario, ante ala oposición
obrera, republicana y demócrata.
En un clima de huelgas y crisis, el bienio
caía, fruto del golpe de O´Donell,
en 1856.