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1.
Enumere
y sitúe en el espacio
los pueblos que colonizaron
la Península Ibérica
antes de los romanos y los
principales pueblos prerromanos |
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Observación
eolapaz.es
La
respuesta aqui redactada es solo una orientación,
para contestarla adecuadamente debes estudiar
los temas 2, 3 Y 4. Es recomendable que
con estas pautas y ejemplo la redactes tu,
adecuandola a tus características
y a tu capacidad para responder en un tiempo
que es, como sabes, limitado.
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Como
criterio general
1. Sitúa cronológica
y geográficamente los pueblos
colonizadores (de un lado) y prerromanos
(de otro) que habitaron la Península
durante las Edades de los Metales, en
la del Hierro
2. Indica el significado de cada uno
de esos dos conceptos
3. E indica alguna de sus características
principales. |
Propuesta
de redacción básico 1
Ventura
Gómez, estudiante de bachillerato,
Colegio La Paz, Torrelavega (curso 2009-2010)
Por
su interés minero y su situación
estratégica la Península sufrió
continuas invasiones y migraciones desde
las primeras épocas neolíticas.
Las colonizaciones se iniciaron en la Edad
del Cobre, donde los pueblos mineros megalíticos
ocuparon el mediterráneo español,
caso de la cultura de Millares. En el milenio
siguiente, y también procedentes
de Oriente Próximo colonizaron las
zonas costeras los pueblos del bronce (Talayóticos
y Argar).
La época más importante es
la del Hierro, en ella llegaron las colonizaciones
históricas que transmitieron el desarrollo
urbano y comercial, las formas evolucionadas
de escritura y la religión y arte,
así como influencias políticas.
Son pueblos caracterizados por su carácter
de conquistadores, caso de griegos, púnicos
y fenicios.
Junto a ellos la base cultural española
esta formada por un grupo heterogéneo
de pueblos y culturas formadas a partir
de la evolución de los primeros pobladores
neolíticos y de los pueblos paleolíticos
de la Península, todos influenciados
por las continuas migraciones. Son pueblos
como los celtas, asentados en la parte nor-occidental,
los iberos en la meseta, los celtiberos,
entre ambos y los tartesios en el valle
del Guadalquivir. Completa el mapa prerromano
los pueblos del norte (vascos y cantabros).
A este conjunto de pueblos preexistentes
a la llegada de las grandes colonizaciones
les llamamos prerromanos. Comencemos por
estos.
Entre
los siglos IX y V a. C., sólo el
pueblo tartésico, asentado en el
valle de Guadalquivir, realizó un
intento por unificar políticamente
la parte meridional de la Península.
La influencia de sus relaciones comerciales
con las Islas Británicas, fenicios
y griegos, le hacía ser el único
pueblo que llevaba a cabo sistemas de regadío,
explotar y trabajar los metales y tener
una organización social regida por
la riqueza, una diarquía como forma
de gobierno, y grandes tesoros (como el
de Carambolo). Poseían, además,
un alfabeto muy parecido al íbero.
A
principios del siglo V a. C., los celtas,
procedentes de Centroeuropa, se asientan
en la zona norte peninsular, con una mayor
influencia en la zona noroccidental. Un
pueblo con organización social de
carácter gentilicio (tribal), caracterizado
por el conocimiento de la metalurgia del
hierro, la práctica ganadera, la
utilización del arado, la construcción
de los castros (emplazamientos defensivos
mimetizados con el medio natural) y la realización
de enterramientos en campos de urnas.
Entre
los siglos VI y I a. C., fueron los íberos,
un conjunto de pueblos influidos por fenicios
y griegos, quienes ocuparon la costa mediterránea
de la P. Ibérica. Conocedores de
la metalurgia del hierro, esta influencia
determinaría la complejidad de su
economía, fundamentada en la agricultura
de regadío y con base en el cultivo
de cereales, vid y olivo, así como
su activo comercio interior y exterior.
Poseedores de alfabeto propio y creadores
de manifestaciones artísticas de
base religiosa y de influencia griega (Dama
de Elche), los íberos acuñaban
su propia moneda, y vivían en poblados
amurallados bastante significativos.
Durante
todo ese tiempo, la convivencia entre íberos
y celtas dio lugar al surgimiento, en la
cuenca del Ebro y la meseta, de los celtíberos,
pueblos dedicados fundamentalmente a las
actividades agrícolas y al pastoreo,
que vivían en aldeas fortificadas
y se organizaban en tribus, basadas en lazos
de sangre, y en sociedades guerreras con
una Asamblea de hombres libres. Así,
a partir del siglo III a. C., los celtíberos
comienzan a emplear la moneda y a utilizar
por primera vez la escritura.
Los
celtas, a su vez, cohabitaron con los pueblos
del norte. Cantabros, vascones y astures,
eran grupos muy diferentes al resto de los
que coexistían en la Península,
con escasa relación comercial y poca
influencia exterior. Dedicados a la guerra,
y con una economía basada en una
agricultura atrasada y en la recolección
de frutos, se organizaban en clanes gentilicios.
Aunque
las riquezas y posibilidades de la Península
Ibérica eran bien conocidas, seria
el comercio con la rica Tartesos lo que
atraeria a diversas potencias coloniales
del Mediterráneo oriental a incrementar
su presencia en la Península, dando
paso, en la segunda mitad del primer milenio
a las llamadas colonizaciones históricas.
Procedentes
del oriente del Mediterráneo, hacia
el 800 a. C., los fenicios llegan a la Península,
estableciendo distintas colonias en la costa
de la actual Andalucía: Gadir (Cádiz),
Sexi (Almuñecar) o Malaka (Málaga).
Se trata de grandes navegantes y comerciantes
del Mediterráneo. Su monopolización
del comercio de metales y la exportación
de materiales preciosos (joyas, cerámicas,
tejidos, etc.), les hace ser odiados por
otros pueblos. Los nuevos sistemas de construcción
de ciudades, de extracción de mineral,
herramientas como el torno alfarero, las
factorías de salazón o la
escritura alfabética fueron algunas
de sus aportaciones.
A
partir del año 600 a. C., los griegos
del estado de Focea empiezan a llegar a
las costas mediterráneas peninsulares.
El excedente poblacional griego les lleva
a fundar ciudades-estado como Emporion (Ampurias),
seguida de Rhode (Gerona) o Akra Leuke (Alicante).
Importadores de metales, salazón
y trigo y exportadores de vino, aceite y
tejidos, lograron la introducción
de su cultura en la Península (introducen
su alfabeto y su religión) y la implantación
de nuevos cultivos, como la vid y el olivo,
del uso del arado y de innovaciones en la
fabricación de tejidos y cerámica.
Cincuenta
años antes, la caída de Tiro
y Sidón de mano de los persas, hace
emigrar a los fenicios hacia el norte del
continente africano, donde fundan algunas
colonias como Cartago, que pasaría
a ser la capital del pueblo cartaginés,
y a sus colonias en la Península
Ibérica. Una vez en éstas
últimas, crean una segunda capital,
Carago Nova, además de otras ciudades-factoría
como Ebyssos (Ibiza), a lo largo del Mediterráneo
occidental. Tras expulsar a los griegos
del territorio, controlarían las
zonas cerealísticas del Guadalquivir,
así como las del esparto de Almería
y Murcia, realizando aportaciones culturales
artístico-religiosas y tecnológicas,
como la cerámica. Su política
expansiva hacia el Mediterráneo,
haría a este pueblo enfrentarse a
los romanos, en lo que se conocerían
como Guerras Púnicas.