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32.
La Transición política
española |
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1.
la Transición
La
transición es el nombre que recibe
el periodo en que, tras la muerte de Franco,
España desmonto las instituciones
y las leyes de la dictadura e instauro las
instituciones, las leyes y los valores de
un sistema democrático. Y ello en
paz, y con un dialogo entre las fuerzas
políticas y un consenso, que han
sido ejemplo para toda la comunidad internacional.
El periodo, aunque algunos lo sitúan
entre 1975 (año de la muerte de Franco)
y 1978 (constitución democrática),
se prolongo hasta 1982, año en que
concluye la reforma política y la
reconstrucción de las estructuras
sociales y económicas del país.
El año en que los gobiernos ucedistas
dieron paso al primer gobierno socialista
de esta nueva época, sin que surgieran
problemas con la derecha social, que lo
acepto. El hecho de que tras 40 años
de posguerra, los perdedores de la guerra
civil asumieran en paz el gobierno, se considera
el fin de la transición.
2. Los factores del
triunfo de la transición
Varias
causas explican el triunfo pacifico de este
cambio.
Primeramente, hemos de ver la historia como
un elemento explicativo. En 1975 la sociedad
española había aprendido la
lección de los errores republicanos
y de los padecimientos de la dictadura.
En segundo, la sociedad española
tenia lo que no había tenido en 1936
una amplia clase media, propietaria y formada,
fruto de los cambios industriales de los
años 60 que habían facilitado
el desarrollismo.
En tercer lugar, el clima internacional
carecía de la agresividad y el culto
totalitario de los años de entre
guerras.
En cuarto, sectores que no estuvieron a
la altura en 1936, demostraron en 1975 una
gran altura y capacidad de dialogo y transformación.
Nos referimos a la monarquía, la
iglesia, la banca o la falta de intervención
del ejército.

El último presidente
del gobierno franquista, Carlos Arias Navarro,
anuncia en televisión la muerte de
Franco
3.
Las fuerzas políticas
A la muerte de Franco, la suerte del país
estaba en manos de tres grandes grupos políticos.
De un lado estaba el llamado Bunker, formado
por los grupos políticos y personajes
(Movimiento, falange…) partidarios
de la continuidad, manteniendo el franquismo
sin Franco. Un segundo grupo era el que
defendía la ruptura democrática,
línea defendida por la izquierda
(PSOE y PCE). El último grupo, que
conseguiría imponer sus tesis, eran
los reformistas, que dirigidos por el rey
y altas personalidades del régimen,
pretendían un transito progresivo
y controlado hacia la democracia. Su triunfo
permitió que la transición
se hiciera desde dentro del propio régimen.
Los protagonistas de esta vía serian
D. Juan Carlos y sus grandes colaboradores,
Adolfo Suárez y Fernández
Miranda, entonces presidente de las cortes.
Siguiendo el modelo regeneracionista de
principios de siglo, se busco una reforma
desde arriba, que contó con la colaboración
de la izquierda moderada y los nacionalistas
moderados, y sobre todo de los funcionarios
y mandos jóvenes, que provenientes
del régimen franquista buscaban una
reforma sin perder el poder.
Pese a las virtudes del consenso y el hecho
de conseguir la reconciliación histórica
entre las dos España, la transición
española ha sido también criticada
por significar el triunfo del sector mas
blando del franquismo, con lo que nunca
se produjo la reclamación de responsabilidades
a los dirigentes del régimen, a sus
crímenes y a la culpabilidad en el
aislamiento y atraso de España. Admitir
esa situación por la izquierda se
explica por el miedo de la oposición
democrática a otro golpe de estado
y otra guerra civil. Por tanto, la mayoría
de los dirigentes del régimen continuó
gobernando a través de partidos como
UCD o AP (PP).

Suárez
jura su cargo como primer ministro, empieza
la transición
4. la ley para la
reforma política
A
la muerte de Franco, España se enfrentaba
a una grave situación, con un paro
creciente, el terrorismo de ETA desatado
y los marroquíes asaltando la colonia
española del Sahara (marcha verde).
En esas circunstancias se optó por
la transformación del sistema dictatorial
controlada por el gobierno. El primer gran
paso fue la ley para la reforma política;
el primer gran logro de la transición.
El 20 de Noviembre muere Franco, el 22 del
mismo mes jura D. Juan Carlos su cargo en
las cortes y en su discurso ya se vislumbran
sus deseos de apertura política.
Como presidente del gobierno continúa
Arias Navarro (un miembro del Bunker) que
aunque intenta maquillar su actuación
con algunas tímidas reformas, en
el fondo su gobierno es continuista con
respecto a la dictadura. En el año
1976 va a tomar Juan Carlos tres decisiones
de suma importancia. En primer lugar nombra
como presidente de las Cortes y del Consejo
del reino a su antiguo profesor de derecho
Torcuato Fernández Miranda, posteriormente
fuerza la dimisión de Arias Navarro
y luego elige a Suárez como presidente
del gobierno entre una terna presentada
por el Consejo del Reino.
Tras
estos cambios, el rey lleva a la clase política
franquista a quitarse de en medio a través
de una ley (así evita la ruptura
y ser acusado su gobierno de pervertir la
legalidad) aprobada en Noviembre de 1976
por las Cortes franquistas, la Ley para
la Reforma Política, en la que abren
el marco legal para la instauración
de la Democracia. Como decía el propio
Torcuato Fernández Miranda se trataba
de ir "de la ley a la ley", modificando
la legalidad desde el interior del propio
régimen. Es decir, se trataba de
que como el régimen franquista no
permitía el transito a un régimen
constitucional, cambiar primero eso, para
que el régimen luego iniciase ese
proceso constitucional que conduciría
a la democracia.
Por dicha ley se establecían los
derechos fundamentales de la persona, la
convocatoria de elecciones, el Congreso
y el Senado para elaborar una Constitución
y un referéndum para que aprobase
dicha ley. Era una ley de reforma que liquidaba
lo que decía reformar.
Con la aprobación de esta ley por
las cortes, el gobierno rompía la
estrategia de la oposición de conseguir
la convocatoria de elecciones generales.
Después quedaba aprobar la ley mediante
referéndum. Los resultados del referéndum
fueron muy positivos, pues el pueblo respaldo
mayoritariamente al gobierno, salvo en el
País Vasco donde la abstención
fue muy alta. Tras la aprobación
de la ley fueron desapareciendo las instituciones
franquistas (Secretaría General del
Movimiento, las cortes, los sindicatos verticales
y el tribunal de orden público).
Suárez culminaba la primera fase
de una transición legal de la Dictadura
a la Democracia, con la marginación
del bunker, el desplazamiento de la legitimidad
desde el movimiento a la Corona y al gobierno,
la abolición de las leyes e instituciones
franquistas y el paso de la oposición
de la presión en la calle a la mesa
de negociación.
Cuando
las cortes franquistas votaron afirmativamente
sobre la Ley para la Reforma Política,
no sólo estaban votando en contra
de su propia permanencia como institución,
también lo estaban haciendo en contra
del régimen que representaban. Recordemos
que la composición de estas cortes
era de origen corporativo y solo una pequeña
parte era de carácter electivo a
través de las asociaciones de cabezas
de familia. Las causas por las que las propias
cortes aceptaron su muerte política
y la del franquismo son complejas. Por una
parte, hay que entenderlas dentro de la
docilidad de esta institución, que
tradicionalmente había aceptado las
decisiones del ejecutivo, y había
asumido con Franco un papel técnico
y consultivo, no legislativo. Pero también
hay que tener en cuenta la habilidad de
Torcuato Fernández Miranda y Suárez
para convencer y engañar, y el hecho
de que los mas reformistas del régimen,
pactaron la ley y decidieron integrase en
una España democrática a través
de un nuevo partido, Alianza Popular.

5.
Los obstaculos a la reforma
La
reforma sin embargo chocó con la
oposición frontal de tres grupos,
que provocaron una situación de caos
que condujera a la intervención del
ejército y pusiera fin al proceso.
El primero eran los grupos de extrema derecha,
que condenados a quedarse fuera del sistema,
cayeron en provocaciones continuas, creando
un clima exagerado de violencia. Agrupados
en un partido llamado Fuerza Nueva, y en
un grupo paramilitar llamado Guerrilleros
de Cristo Rey, cometieron una serie de atentados
terroristas, altercados callejeros y enfrentamientos
con otras fuerzas políticas como
los sucesos de Montejurra, en los que fue
asesinado un dirigente carlista, o la Matanza
de Atocha, donde fueron asesinados cinco
abogados laboralistas vinculados a CCOO
y al PCE.
Tras
ellos, la otra gran amenaza provino del
GRAPO, un grupo radical comunista maoísta,
que se entrego con saña a los secuestros
y al asesinato indiscriminado de policías.
LO justificaban al culpabilizar a las fuerzas
de seguridad por la represión en
zonas de profunda crisis industrial como
Cádiz, Vigo y Bilbao. Defendían,
como en la España de los años
20 el atentado indiscriminado como paso
previo para que triunfase la revolución.
El
tercer enemigo de la democracia fue, como
siempre ETA. El principal grupo terrorista
de nuestra historia, aumento su actividad,
siendo mas activo que durante la dictadura,
porque le venia mejor esta, cuya represión
justificaba mejor su lucha, sin sentido
en un país democrático. Curiosamente
no solo aumentaron los atentados, sino el
apoyo social que tenía en el País
Vasco, hasta el punto de que los grupos
nacionalistas se negaban a aplicarles el
término terrorismo, calificándoles
de patriotas.
Un
elemento agravante de la situación
era, además, la gravísima
crisis económica que vivía
el país, desde 1973, por la crisis
del petróleo y la persistencia de
estructuras productivas y tecnológicas
muy viejas. Una oleada de huelgas sacudió
el territorio nacional, aunque su causa
principal eran las reivindicaciones laborales,
como en 1917, las huelgas tenían
una clara intencionalidad política,
instrumentándose por la izquierda
contra el gobierno reformista.
Tras
todos ellos el ejército permanecía
expectante y neutral, pero se oponía
a la profundización democrática,
sobre todo, a la legalización del
PCE. El ejército constituyó,
hasta que en 1982 el coronel Tejero intento
su golpe de estado, una amenaza permanente,
en base a un posible golpe de estado, que
apunto estuvo de producirse en 1979, en
la llamada operación galaxia.
Otro
grave problema residía en las reivindicaciones
nacionalistas, como siempre asociadas a
las peticiones de libertad. El problema
nacionalista se planteaba en dos aspectos.
Por un lado catalanes, vascos y gallegos
buscaban ser reconocidos como pueblos diferenciados,
por otro , sus demandas crearon en el resto
de las regiones una demanda generalizada
de autonomía para ellas también.

Firma de los Pactos
de la Moncloa, en 1977. De izquierda a derecha:
Enrique Tierno (PSP), Santiago Carrillo
(PCE), Josep María Triginer (PSC),
Joan Raventos (PSC), Felipe Gonzalez (PSOE),
Juan Ajuriaguerra (PNV), Adolfo Suarez (UCD),
Manuel Fraga (AP), Leopoldo Calvo Sotelo
(UCD), Miquel Roca (CiU).
6.
Suarez lidera la reforma
Pero
este conjunto de dificultades solo sirvieron
para fortalecer el deseo de libertad del
pueblo español, que dio muestras
de una gran madurez, y la capacidad de liderazgo
del rey, y especialmente del primer ministro,
Adolfo Suárez, que controlaría
la situación a través de tres
grandes operaciones: la legalización
del partido comunista, la convocatoria a
elecciones generales y los pactos de la
Moncloa; en seis meses la transición
daba un paso de gigante. Estos tres pasos
dieron lugar la creación de la Constitución
de 1978; el elemento clave de la transición
española y la democracia actual.
La
actitud del partido comunista de responsabilidad
y serenidad ante la provocación de
los guerrilleros de Cristo Rey le hizo ganar
muchos enteros ante la sociedad española
(en un principio se pensaba legalizar al
PCE después de las elecciones), además
Suárez necesitaba legalizarlo para
que se pudieran dar unas elecciones completamente
libres y democráticas, sin exclusiones.
Tras unas largas y sinceras negociaciones,
en las que Suárez reclamo al líder
comunista Santiago Carrillo, que abandonara
su apoyo a la violencia y sus reclamaciones
republicanas, Suárez legalizo al
Partido Comunista durante la semana santa
de 1976, pese a la oposición del
líder derechista Manuel Fraga y la
oposición militar. El ejercito acato
la decisión por disciplina, pero
expresó su descontento y el ministro
de Marina dimitió, sin que fuera
posible sustituirle por ningún otro
almirante de marina en activo.
El
PCE, dado su protagonismo en la guerra civil
- donde hizo de intermediario con la URSS-,
la presunta responsabilidad de algunos de
sus dirigentes en las matanzas de Paracuellos
y Torrejón de Ardoz en 1936 y, sobre
todo, el hecho de ser el enemigo público
número uno de Franco (cuya ideología
era claramente anti comunista), era considerado
en la transición como una auténtica
bestia negra por las fuerzas más
inmovilistas del régimen, muchas
de las cuales estaban integradas en los
altos puestos del ejército. La posibilidad
de un golpe de estado se vio muy cercana,
pero no se materializó por ahora.
El PCE, por su parte, que ya había
reaccionado de forma madura y moderada a
los asesinatos de Atocha, siguió
reaccionando de la misma forma. Rápidamente,
pese a su carácter republicano, renunció
a la República como forma de Estado
y apoyo la monarquía de Juan Carlos
I, aceptando al mismo tiempo la bandera
bicolor. Pero la batalla electoral por seguir
siendo el partido hegemónico de la
izquierda, como en el franquismo, la perdió
frente al PSOE que le arrebató el
puesto.
La
eliminación del sistema dictatorial
dio lugar a la aparición de un gran
ramillete de partidos políticos,
pero las elecciones evitarían el
riesgo de atomización como en la
segunda república, si se planteaba
un sistema electoral adecuado, que no marginase
a las minorías, pero que tampoco
facilitase una gran fragmentación.
Celebradas las primeras elecciones democráticas
el 15 de junio de 1977, ningún partido
consiguió la mayoría absoluta,
aunque UCD (el partido creado por Suárez,
aliando a varios pequeños partidos
reformistas y a personalidades jóvenes
y moderadas del franquismo) ganó
las elecciones junto al PSOE, que quedo
en segundo lugar, ganado la batalla de la
izquierda, al presentar sus dos lideres
(los jóvenes Felipe González
y Alfonso Guerra), una imagen mas joven
y moderna que los viejos dinosaurios comunistas,
políticos que olían a naftalina,
y ofrecían a las nuevas generaciones,
nacidas después dx la guerra, solo
un recuerdo de esta. Atrás quedaron
los extremos AP y PCE. También destacaron
los resultados de los nacionalistas catalanes
y vascos. Quedaba configurado un primer
sistema de partidos totalmente diferente
al de la segunda república, con dos
grandes diferencias. Habían triunfado
los partidos más cercanos al centro
de la derecha y la izquierda y el gobierno,
al contrario que en 31, no tenía
mayoría parlamentaria. La condición
de minoría mayoritaria de UCD le
obligaba a Suárez a buscar el consenso
para las grandes cuestiones y para los pequeños
asuntos pactar con uno u otro partido.
Muye
en tercer plano quedaban los partidos centristas
que no se habían querido unir a UCD,
los democristianos de Gil Robles, ni los
de Ruiz Jiménez, decisión
que les costaría el ostracismo político.
En la izquierda, junto a PSOE y PCE, aparecía
el partido socialista popular de Tierno
Galván, que tras sus modestos resultados
se integraría en el PSOE.

Felipe Gonzalez dialoga
con el lider catalan
durante los debates constitucionales
Como había sucedido en la Segunda
República también ahora surgieron,
en las regiones periféricas de cultura
y lengua propias, partidos políticos
nacionalistas. En Cataluña el catalanismo
centrista estuvo representado por Jordi
Pujol (CiU) y más a la izquierda
Esquerra Republicana. En el País
Vasco el PNV y Euskadiko Ezkerra eran las
opciones de centro y de izquierda.
Terminadas
las elecciones se impuso una idea llamada
a tener un gran predicamento; borrar el
pasado para posibilitar la reconciliación.
Esta idea del olvido del pasado y la reconciliación
nacional no era nueva la expresó
Azaña en la guerra civil, en 1949
monárquicos y socialistas, en 1956
los nuevos grupos de oposición, en
1962 los participantes en el Congreso de
Munich y en el nuevo movimiento obrero.
La radical novedad de la transición
fue que la voluntad de olvido se ampliará
a los herederos directos del franquismo.
La transición no era nueva en su
exigencia fundamental: fin del discurso
de la guerra, reconciliación, amnistía
y renuncia a la revancha, eso tenía
cerca de cuarenta años, lo nuevo
eran sus agentes políticos y la amplitud
de la amnistía. La amnistía,
pedida por la izquierda y los nacionalistas
terminó afectando a todo el franquismo.
Fue la memoria histórica, el no querer
repetir los errores del pasado, la que actuó
como refuerzo de un consenso que formaba
parte de la oposición a la dictadura.
Los políticos, desde los azules a
los rojos de antes, disfrutaron llegando
a acuerdos e incluso llevando las buenas
relaciones hasta el terreno personal. Esta
práctica de la política como
consenso entre elites procedentes del régimen
y de la oposición construida sobre
el mito de la reconciliación nacional
es lo que constituye la radical novedad
de la transición y lo que la diferencia
de cualquier otro acontecimiento anterior:
de la gloriosa del 68 o de Abril del 31.
Suárez
formó gobierno y se propuso afrontar
dos grandes retos; la lucha contra la crisis
económica y la realización
de una Constitución. Para lo primero
se realizan los pactos de la Moncloa en
el que el gobierno, la oposición,
los sindicatos y los empresarios establecen
las líneas básicas para reformar
y sanear la economía española.
A través del consenso se llega al
acuerdo de la moderación salarial
a cambio de realizar una profunda reforma
fiscal y prestarle una atención especial
al paro. El segundo tema se resuelve con
el referéndum del 6 de Diciembre
de 1978 sobre la Constitución española.
Una Constitución que aunque esta
basada en la de 1931, tiene un carácter
más abierto y flexible y sobre todo
al estar realizada en base al consenso de
las fuerzas políticas, no expresa
los intereses y la ideología de un
sector concreto, sino de una gran mayoría
de españoles.
Tras estos cambios la conflictividad y la
situación económica empezó
a mejorar, el riesgo de golpe desapareció
tras el golpe de estado de Tejero y la llegada
del PSOE al poder en 1982, el terrorismo
de extrema derecha e izquierda fue desapareciendo
paulatinamente desde 1980.

Los padres de la patria,
los que hicieron la constitución.
Gabriel Cisneros (UCD), José pedro
Pérez Llorca (UCD), Miguel Herrero
de Mión (UCD), Miguel Roca (PDC-CiU),
Manuel Fraga Iribarne (AP), Gregorio Peces
Barba (PSOE), Jordi Solé Tura (PCE)
7.
la constitución de 1978
La
Constitución de 1978 es una ley pactada
y no partidista. Establece como forma del
Estado la Monarquía Parlamentaria
bicameral, basada en el pluralismo político,
la descentralización del Estado y
una economía social de mercado. La
Constitución de 1978 es la novena
del constitucionalismo español, pero
presenta unas características totalmente
distintas a las otras, por motivo de las
circunstancias históricas. España
estaba pasando de una dictadura a una democracia
de forma pacífica y ordenada.
Por
primera vez en la historia del constitucionalismo
español estamos ante una Constitución
que no responde a los intereses y a la ideología
del partido en el gobierno. Ello explica
a su vez dos características: una;
por su vigencia está dentro de las
tres constituciones más duraderas
(las dos primeras corresponden al dominio
conservador), dos; al contrario que el resto
ha permitido desarrollarse una consolidación
del sistema de partidos, con una rotación
de ellos (UCD; PSOE Y PP)
La
idea del gobierno de UCD era presentar un
proyecto breve y elaborado en muy poco tiempo
por expertos en derecho constitucional próximos
a sus posiciones, pero ocurrió todo
lo contrario, salió un proyecto largo
y dilatado en el tiempo debido a la rotunda
negativa del PSOE y PCE, que deseaban constitucionalizar
el mayor número posible de derechos
y libertades. Rápidamente se creó
una comisión constitucional que sería
la encarga de elaborar el proyecto. A los
integrantes de esta comisión se les
conoce como los "siete padres de la
patria", los ucedistas Gabriel Cisneros,
Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón
y José Pedro Pérez Llorca,
el socialista Gregorio Peces Barba, el aliancista
Manuel Fraga, Miquel Roca por la Minoría
Catalana y Jordi Solé Tura por el
PCE. Quedaban excluidos los nacionalistas
vascos, dada su falta de colaboración
en el proceso de la reforma política,
lo que les ha llevado a alegar que ésta
no es su Constitución.
Los
trabajos de la ponencia redactora de la
Constitución fueron intensos. Tengamos
en cuenta que una constitución es
la base de todo régimen. El PSOE
defendió la República como
forma de gobierno, aunque finalmente asumió
la monarquía, y el PCE no puso inconveniente
alguno a la monarquía parlamentaria
y se dedicó con la ayuda de AP a
recortar el poder del rey. Miguel Roca,
el representante catalanista fue el que
mayoritariamente buscaba puentes entre los
otros partidos, pero llegada la cuestión
autonómica impuso su propuesta con
el consentimiento de UCD y AP.
La
ponencia terminó su proyecto en abril
del 78. El PSOE aceptó la subvención
a la educación privada a cambio de
conseguir los Consejos Escolares como máximo
órgano de gobierno en la escuela,
en lo que respecta al aborto se llegó
a una fórmula intermedia que hacía
el artículo más difuso. ("todas
las personas" por "todos"
tienen derecho a la vida). La pena de muerte
se abolió como querían socialistas
y comunistas, pero contemplándola
en caso de guerra como quería UCD
y AP. No hubo problemas con la religión,
ni con los aspectos socioeconómicos;
donde si habría grandes discusiones
y debates fue en la cuestión autonómica.
Alcanzado el acuerdo en las cuestiones fundamentales
entre UCD y el PSOE, el acuerdo se amplio
a los catalanistas y al PCE. No fue posible,
pese a los numerosos intentos, incorporar
al PNV insatisfecho con el tratamiento de
sus derechos históricos aunque se
reflejaba "ampara y respeta los derechos
históricos de los territorios forales",
pedían el reconocimiento del derecho
de autodeterminación para el pueblo
vasco.
Finalmente, el proyecto de Constitución
fue aprobado por las cámaras en octubre
con la abstención del PNV y el voto
en contra de 5 diputados de AP y uno de
Euskadiko Ezquerra. El referéndum
se celebra el 6 de diciembre de 1978. La
nueva Constitución obtuvo el voto
de 2/3 de los españoles que podían
votar, en el País Vasco la abstención
fue importante, ya que el PNV la había
aconsejado.
El
estado se basa en los principios de igualdad,
libertad y pluralismo político, definiéndose
como democrático y social de derecho
(calificativo arrancado por la izquierda
pero que no llega a "república
de trabajadores" de la Constitución
del 31). La forma del estado es la Monarquía
parlamentaria con menos poderes que las
europeas, pero con más aceptación
social. Se recogen una amplia lista de derechos
y libertades, al igual que las constituciones
del 37, 69 y 31 y además como esta
última aparecen derechos de tipo
social y la matización al capitalismo
que consiste en la posible intervención
del estado en economía para corregir
las desigualdades, imposiciones estas últimas
de socialistas y comunistas. Ante las dos
grandes fuerzas que habían planteado
problemas en el pasado, iglesia y ejercito,
se reconoce la aconfesionalidad del estado,
pero se menciona expresamente a la Iglesia
Católica, las fuerzas armadas tienen
la función de "garantizar la
soberanía e independencia de España..."
apareciendo en el título primero,
en contrapartida constitucionaliza la existencia
de partidos, sindicatos y asociaciones patronales,
también en el título primero
se abre la posibilidad al divorcio y se
constitucionaliza el derecho a la huelga.
Las
cuatro grandes instituciones del estado
van a ser la corona, las cortes generales,
el gobierno y el poder judicial. La Monarquía
se define como parlamentaria, moderada y
arbitral, tiene menos papel que en otras
constituciones como la del 12, 37, 45, 76...
y que otras monarquías europeas,
ahora bien, va a gozar de más apoyo
social . El rey es el jefe del estado, símbolo
de la unidad de España y su papel
es arbitrar y moderar el funcionamiento
de las instituciones y representar a España
en el exterior. Sobre las Cortes generales,
se establece un modelo bicameral - lo mismo
que las anteriores constituciones salvo
la del 12 y 31 - La función de estas
cortes va a ser ostentar el poder legislativo
y controlar la acción del gobierno.
Nos encontramos antes un bicameralismo atenuado
ya que la importancia del Senado es menor
que la del Congreso, el Senado tendrá
un carácter territorial, sin llegar
al modelo federal. Paras las elecciones
al Congreso y al Senado se establece el
modelo de la ley para la Reforma Política,
un sistema proporcional atenuado para el
primero y un sistema mayoritario para el
segundo.
El
título VIII trata sobre la organización
territorial del estado, uno de los problemas
políticos más graves de España
en su historia y en la actualidad. Estamos
ante el Título de la Constitución
más discutido y más endeble
desde el punto de vista técnico y
jurídico. Se intentó incluir
la reivindicación de los derechos
históricos del nacionalismo vasco,
la Generalitat catalana y una formula que
diera respuesta al sentido regionalista
que había surgido en el resto de
España. Para satisfacer a vascos
y catalanes se empleó el término
"nacionalidad" que la derecha
consideraba atentatorio contra la unidad
nacional. Se estableció un modelo
flexible, abierto y ambiguo que por un lado
conjugara los deseos de las nacionalidades
históricas (Cataluña, País
Vasco y Galicia) y por otro permitiera un
grado menor y más lento de autonomía
al resto de las regiones. Se establecieron
dos modelos de acceso a la autonomía
el artículo 151 y el 143. Ello fue
fuente de conflicto desde entonces.

Se
establece que las grandes cuestiones deben
ser aprobadas mediante leyes orgánicas,
leyes que requieren la mayoría absoluta,
es decir, se busca hacer perdurar el consenso
en materias importantes. Una de las novedades
es el voto de censura constructivo para
derribar el poder ejecutivo para evitar
el exceso del parlamentarismo como ocurrió
en la Constitución de 1931. Otra
novedad es el establecimiento de todo un
sistema de protección de las libertades
creando instituciones como el Defensor del
Pueblo, el tribunal constitucional o a través
del poder judicial.
La
segunda república intentó
reformar seriamente la estructura de España
para modernizarla y acabar con una serie
de problemas tradicionales, que habían
ido surgiendo desde el siglo XIX con la
llegada del Nuevo Régimen. Pero sus
intentos resultaron fallidos, en las especiales
circunstancias en las que se dio y sus reformas
agraria, del ejército, de la educación,
sociales, autonómicas, religiosas
y de profundización del desarrollo
político y económico no consiguieron
los resultados apetecidos. El desarrollismo
franquista de los años sesenta tuvo
como consecuencia el inicio de una serie
de procesos que terminarían con la
solución de muchos problemas de carácter
social y económico. Así el
problema agrario con la crisis de la agricultura
tradicional empezó a mitigarse o
la eclosión de las clases medias
o el desarrollo de servicios básicos
como la educación o la sanidad...
en definitiva una profundización
en la modernización económica
y social. No obstante, los problemas políticos
no se resolvieron debido al inmovilismo
político del franquismo, estos quedaron
postergados para la transición. El
problema religioso quedó resuelto
en parte en la Constitución del 78,
de hecho no se produjeron los debates apasionados
sobre este tema que eran tradicionales en
las constituciones españolas. Sin
embargo, se hace en ella referencia a la
religión católica, un sector
de AP votó en contra por no hacer
mención de "Dios" y todavía
hay algún conflicto menor con la
religión, sobre todo, relacionado
con el nacionalismo o con la educación.
El problema del protagonismo militar se
fue solucionó definitivamente tras
el golpe de Tejero y la entrada de los socialistas
al poder. La integración en la UE
y en Maastrich nos hizo integrarnos definitivamente
en nuestro entorno europeo. Al mismo tiempo,
la estancia del PSOE en el poder y su sustitución
por el PP, consolidaron definitivamente
el sistema democrático español,
al favorecer un turno pacifico de partidos
que ha consolidado hasta hoy la convivencia
pacífica.