
Fernando VII
II.
El Trienio Liberal
1.Orígenes
Como
veíamos en el capítulo
anterior, la crisis económica,
el descontento campesino, la crisis
americana y el cambio de la situación
internacional con la llegada de la
revoluciones liberales de 1820, propiciaron
que tras varios intentos de pronunciamiento,
Rafael del Riego aunara el descontento
liberal y triunfara en 1820, proclamando
la constitución de Cádiz
y obligando ala rey a respetarla y
mantener un régimen constitucional.
El golpe triunfó gracias al
apoyo de varias guarniciones militares,
pero sobre todo al descontento campesino
por la crisis agraria y la devolución
de tierras y reimposición de
cargas feudales.
Atemorizado por la situación,
Fernando VII juró la Constitución
de Cádiz el 7 de marzo. Se
iniciaba un nuevo experimento constitucional,
pero marcado en todo el Trienio (marzo
de 1820-0ctubre de 1823) por la inestabilidad
gubernamental.
2.
El liberalismo
Antes
de nada conviene recordar que el liberalismo
era una teoría política
de raíz ilustrada y burguesa
que había nacido durante la
época de las revoluciones,
que expresaba el deseo de las capas
urbanas de asumir el poder en un clima
de igualdad jurídica y que
defendía:
a-
División de poderes
b- Derechos y libertades
c- Igualdad ante ley
d- Soberanía nacional
e- Voto
f- Constituciones
g- Propiedad privada y libre empresa
Sin
embargo, ya en estos primeros tiempos,
el movimiento liberal se encontraba
dividido en sus planteamientos, y
de ahí provendría la
debilidad del periodo.

Rafael del Riego
3.
causas de la inestabilidad de Trienio.
Varias son las causas que explican
lo turbulenta de esta etapa y su fracaso
final
La primera causa se encuentra en la
división liberal. Este movimiento
se había dividido ya en Cádiz,
durante la guerra en dos bandos diferenciados
por la intensidad de las reformas
e intereses de clase.
Por un lado estaban los moderados,
partidarios de un gobierno fuerte,
de un legislativo bicameral, libertad
de prensa limitada, sufragio censitario,
defensa de la propiedad y del orden
social. Representaban a la burguesía
urbana de negocios, y sus diputados
procedían del exilio, habían
sido doceañistas, y eran minoría
en las Cortes.
El otro grupo eran los radicales,
que luego se llamarían progresistas.
Eran en su mayoría jóvenes,
intelectuales, oficiales jóvenes
y, en general, fanáticos de
la revolución. Defendían
llevar al máximo la filosofía
de la constitución de Cádiz,
sistema unicameral, control parlamentario
del gobierno, sufragio universal,
libertad absoluta de opinión,
menor interés en la defensa
del orden y la propiedad, y fuerte
anticlericalismo. Su apoyo eran las
capas populares urbanas y la intelectualidad,
sosteniéndose en la acción
de la prensa y la calle. Mayoría
en las Cortes, pasaron a controlar
el gobierno en el último año
del trienio, tras el fracaso de un
golpe de estado realista
Una
segunda causa de la crisis del Trienio
era el Rey. Su postura fue siempre
desafiante y claramente partidaria
de los absolutistas. Nombraba ministros
absolutistas, vetaba leyes de las
cortes, se enfrentaba a los ministros
liberales, y pidió, secretamente
una intervención de la Santa
Alianza, para que enviara tropas que
acabaran con los liberales y le ayudaran
a restaurar el Antiguo Régimen,
como así ocurrió. Como
los liberales también desconfiaban
de él, y él tenia constitucionalmente
los poderes ejecutivo y legislativo
(en parte), se produjo una contradicción
difícil de solventar.
Una
tercera causa se encontró en
la calle, donde, tanto masas radicales,
como absolutistas, presionaron al
gobierno colocándole contra
las cuerdas.
4.
La obra reformista del Trienio
Los
gobiernos del Trienio, pese a todo,
desarrollaron una intensa labor legislativa,
que sirvió de precedente para
épocas y gobiernos posteriores.
Podemos dividir esa labor en varios
apartados:
a-
En el terreno agrario,
el mas importante por significar la
ocupación y residencia de la
mayoría de españoles
se crearon leyes que pretendían
acabar con el Antiguo Régimen.
Se favoreció a los propietarios
rurales y urbanos, lo que explica
la desilusión del campesinado
no propietario, que acabaría
enfrentándose al régimen.
Son reformas de ese periodo:
- Eliminación de la vinculación
de la tierra en todas sus formas (mayorazgos,
tierras eclesiásticas y comunales)
- desamortización de tierras
comunales y baldíos, para crear
propietarios y conseguir dinero para
solventar la deuda pública
- desamortización eclesiástica
rural (conventos)
- Reducción del diezmo a la
mitad. Eso evitaría arruinar
a la iglesia, pero molesto a los campesinos,
que de hecho, ya no pagaban nada
- Creación de un sistema fiscal
basado en una contribución
directa sobre la propiedad
- Libertad de relaciones económicas
en el campo (arrendamientos, ventas..)
lo que sirvió para que los
propietarios revisaran al alza los
viejos contratos.
b-
En materia religiosa,
se desarrollo una política
anticlerical, visible en la exigencia
al clero de jurar la constitución
y defenderla en iglesias y escuelas,
se suprimió la Inquisición
y la Compañía de Jesús,
y las vinculaciones. Pero el enfrentamiento
radical vino de la mano de la Ley
de Supresión de Monacales.
Por ella se disolvían todos
los conventos regulares, menos los
ocho de mayor valor histórico
y artístico; las órdenes
se integraban en las diócesis,
no podían aceptar nuevos novicios,
y se desamortizaban sus bienes para
venderlos y amortizar deuda. La consecuencia
fue la rebelión de la iglesia,
que adopto la decisión de apoyar
con toda su energía la vuelta
al absolutismo y a defender ante el
pueblo la teoría del Altar
y el Trono.
c- S e reorganizo la policía
y el ejercito, colocándoles
bajo tutela del gobierno. Se mejoraron,
sueldos, ascensos y dotaciones materiales.
Lo más significativo fue la
creación de un nuevo cuerpo,
la Milicia Nacional. Un cuerpo militar
de base burguesa, llamado a defender
al régimen, no al país,
y que abría el paso a la intervención
militar en política de las
décadas siguientes
d-
Se reformo la educación,
dando pasos para hacerla laica y extendida
a toda la población.
e-
En el terreno financiero se
renegocio la deuda anterior, se recortaron
gastos, se tomaron créditos
para poder invertir y se inicio la
reforma que iniciaría en España
un sistema de impuestos directos (sobre
renta y patrimonio) y, en menor medida
en indirectos (consumos)
5.
El final del Trienio
El
conjunto de factores que ya hemos
citado desencadenaron el final, que
podríamos resumir así:
a-
el fracaso de las revoluciones del
20, que dejo aislado a nivel internacional
al gobierno
b- el descontento campesino
c- la oposición de la iglesia
d- las continuadas revueltas realistas
e- la división liberal
f- la intervención final de
la Santa Alianza a petición
del rey
Ya
en 1822 se sublevaron cuatro regimientos
de la Guardia Real, hecho que fue
controlado por la Milicia Nacional.
Desde ese momento, se formo un gobierno
paralelo absolutista en suelo francés,
para organizar el asalto al poder
con apoyo de la Santa Alianza. En
1822 las tropas realistas tomaban
Urgel. Aunque el gobierno reconquisto
la ciudad tras seis meses de lucha,
la Santa Alianza, en su Congreso de
Verona (octubre de 1822), decidió
ante estos hechos intervenir. Tras
varios meses de preparativos, la Santa
Alianza, encomendó al ejército
francés la misión. 35.000
voluntarios realistas, (Los 100.000
hijos de San Luís) al mando
del duque de Angulema invadían
España en abril de 1823, devolviendo
al rey su poder absoluto.
III.
la Década Ominosa
1.
Los orígenes
Como
ya hemos visto, la entrada del ejercito
de la Santa Alianza, al mando del
Duque de Angulema, unido a factores
internos, desencadenó en España
una represión feroz, para la
cual, el rey creó las llamadas
Juntas de Purificación,
órganos dedicados a la persecución
y castigo de los liberales. Su ferocidad
seria tal, que el duque de Angulema
intentó moderarla para no dar
a Europa una imagen demasiado violenta.
Como en 1814, Fernando VII volvió
a restablecer las condiciones jurídico-políticas
anteriores, es decir, prácticamente
las anteriores a la guerra de la Independencia:
devolución de bienes al clero,
restitución de señoríos
a sus titulares, restablecimiento
de las rentas provinciales, de los
gremios, etc. El Cuerpo de Voluntarios
Realistas, versión absolutista
de la Milicia Nacional, se extendió
por toda la Península para
guardar los principios y la organización
absolutista del Estado.
La situación económica
continuó siendo catastrófica.
A los problemas tradicionales de la
hacienda hubo que sumar los perjuicios
de la introducción de moneda
francesa, que provocó escasez
de numerario, los gas¬tos de la
expedición francesa, e incluso
el pago de los empréstitos
tomados en los tres años anteriores
a los banqueros franceses.
A todo ello debe añadirse la
pérdida definitiva de las colonias
americanas, con la excepción
de Cuba. Tras la batalla de Ayacucho
en 1824. La pérdida progresiva
de las colonias desde 1810, aunque
apenas la hayamos tratado, gravitó
sobre la Península como uno
de los principales problemas del período.
Los diferentes ministros de Fernando
VII intentan hacer frente a la situación
con medidas dispersas y aisladas,
y en último extremo con la
consecución de préstamos
costosísimos, por la falta
de confianza que inspiraba la hacienda
española, sin que fuera posible
pensar en reformas que aliviaran la
situación, pues los absolutistas
veían hechos tales como la
elaboración de un presupuesto
como una reforma peligrosa que anunciaba
el retorno del liberalismo.
La oposición liberal en el
exilio carece de fuerza para incidir
en la situación española.
La mayor parte de los líderes
liberales (Alcalá Galiano,
Calatrava, Argüelles, Mina, Mendizábal...)
tuvieron que refugiarse en Londres
hasta que la revolución francesa
de 1830 les permitió pasar
a Francia y acercarse a la frontera.
Su principal forma de lucha consiste
en formar pequeños destacamentos,
que entraban en la Península
confiando en encontrar apoyo del pueblo
y extender la sublevación.
El ejemplo de Riego en 1820 inspira
durante estos años a la oposición
liberal, que repite una vez tras otros
intentos semejantes. Los intentos
de Tarifa en 1824, Alicante en 1826,
Gibraltar en 1830 y Mina en el mismo
año entrando por los Pirineos,
responden a esta táctica, pero
fracasaron. De todos el mas conocido
fue el del General Torrijos, ejecutado
en Málaga en 1831.
2.
La evolución del reinado
Lo
más curioso de este periodo
fue su final. Quizás influido
por la suavización en el carácter
del rey que ejerció su matrimonio
postrero con la noble Mª Cristina
de Borbón (con la que tendría
su única hija, la futura Isabel
II), quizás agobiado por la
dificilísima situación
del país, Fernando inicio una
timidísima apertura en los
años finales de su reinado,
visible en una relajación de
la represión, y en ciertos
pasos en la implantación del
capitalismo industrial en nuestro
país (Altos Hornos del Mediterráneo,
Bolsa de Madrid, Ley de Minas). Estos
tímidos impulsos venían
de la mano del ministro López
Ballesteros, y aunque sus efectos
fueron aun mínimos, y la crisis
económica siguió creciendo,
eran una muestra de sensatez. El problema
se encontraba, empero, en la falta
de capitales, el bloqueo de la tierra
(vinculada), la inestabilidad política,
el caos financiero, la irracionalidad
del sistema fiscal y las dificultades
de comercio (aduanas, caminos, varias
monedas…)
Pero con todo, esos tímidos
cambios despertaron en el interior
el recelo de los realistas, y su oposición
al régimen por blando. Los
sectores más intransigentes
del absolutismo exigen una represión
mayor sobre los elementos del ejército
y la administración sospechosos
de simpatías liberales. Su
descontento por la no restauración
de la Inquisición se convirtió
en oposición política
cuando a la marcha del ejército
de la Santa Alianza, la defensa se
encarga al ejército regular
y no los Voluntarios Realistas.
En 1825 se publica una protesta de
la Federación de Realista Puros,
en 1827 el obispo de Vic protesta
contra las debilidades del régimen,
y en el mismo año se levantan
en Cataluña partidas o milicias
(revuelta de los malcontents), que
reclaman mayor poder político
para los realistas, la depuración
de militares y funcionarios y el restablecimiento
de la Inquisición. Ante la
falta de atención de Fernando
VII, estos sectores ultras se acercan
progresivamente a su hermano don Carlos,
que defiende sus peticiones y promete
cumplirlas cuando suceda a su hermano
en la Corona.
Esta división creciente entre
ultras y evolucionistas cristalizará
en el problema sucesorio, origen formal
de la primera guerra carlista. Ante
la posibilidad de tener herederos
femeninos del último matrimonio
contraído por el Rey, éste
publica la Pragmática Sanción
de Carlos IV, derogando la Ley Sálica
implantada por Felipe V.
El nacimiento de dos hijas descartaba
efectivamente la sucesión de
Don Carlos deseada por el sector intransigente.
Cuando Fernando VII enferma gravemente,
en octubre de 1832, las intrigas realistas
restauran la Ley Sálica, pero
un movimiento contrario conduce al
nombramiento de María Cristina,
esposa del Rey, como regente mientras
dure la enfermedad del monarca.
María Cristina, ante la necesidad
de alianzas para hacer frente a los
absolutistas que apoyan a Don Carlos,
nombra un nuevo gobierno, dirigido
por Cea Bermúdez, de significación
reformista, decreta una amnistía
parcial, que supone el retorno de
10.000 exiliados liberales, y sustituye
a los capitanes generales más
in¬tegristas, por simpatizantes
el liberalismo. La muerte del rey
a fines de 1833, divide al país
en torno a dos candidatos, de dos
formas de estado.

3.
El carlismo
La
construcción del estado liberal
comenzó con una guerra, la
desatada por el enfrentamiento dinástico
entre Carlos de Borbón y su
sobrina Isabel (hermano e hija de
Fernando VII).
El carlismo, naciente en este conflicto,
representaría, para todo el
siglo, el movimiento político
defensor del antiguo régimen,
las tradiciones y los intereses de
los propietarios agrarios mas conservadores,
especialmente en la España
del Norte, muy vinculado al catolicismo
mas reaccionario y conservador y de
clara raíz foralista. Es también
un movimiento social, en tanto en
cuanto representa los intereses de
los pequeños propietarios,
y el campesinado arrendatario del
norte muy perjudicado por las expropiaciones
que reivindica el liberalismo, por
que les afectaba directamente (al
perder tierras municipales o eclesiásticas
que trabajaban) o a la Iglesia, su
soporte ideológico.
La
rebelión de D. Carlos, que
comenzó con el manifiesto de
Abrantes (reivindicación del
trono por Carlos, desde su exilio
en Portugal), respondió a un
triple motivo
•
La disputa legal sobre la vigencia
o no de la Ley Sálica, lo que
invalidaría los derechos sucesorios
de Isabel
• El enfrentamiento entre seguidores
del Antiguo Régimen o partidarios
de la reforma liberal
• La cuestión sucesoria
La
victoria caería de
parte de las armas liberales,
pese a las penalidades de estas para
imponerse en la guerra, debido a
•
la falta de apoyo internacional a
los carlistas, frente a la ayuda de
la Cuádruple Alianza
• Los carlistas no contaron
con el apoyo de los grandes núcleos
urbanos, ni con el control, demográfico
y económico del país
• La Santa Sede se posicionó
en el bando isabelino.
• La muerte de su carismático
jefe militar Zumalacarregui
Lo
más curioso y trascendente
residió en el hecho de que
la guerra concluiría sin una
victoria clara de uno de los bandos.
Se podría decir que ambos fueron
conscientes de la imposibilidad de
vencer al otro, especialmente por
parte de los carlistas. A fin de poner
término a esta guerra de desgaste,
y muy sanguinaria, los liberales cerrarían
el conflicto en falso, mediante el
Abrazo de Vergara (acuerdo de rendición
firmado entre el liberal Espartero
y el carlista Maroto), que aceptaba
la rendición carlista, pero
sin venganzas, juicios, perdida de
rangos militares ni fueros (esto último
menos respetado en tiempos posteriores).