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18.
La ilustración española |
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Introducción
eolapaz.es
El
siglo XVIII comenzó con un cambio
de dinastia, una guerra civil y una gran
revolución política. En esta
continuación podremos ver los esplendidos
reinados de Fernando VI y Carlos III, plagados
de éxitos, desarrollo cultural y
económico, y de sombras.

John
Locke, el filósofo empirista inglés
en cuyas teorías sobre la sociedad
civil esta la raiz del
revolucionario pensamiento ilustrado, construido
por Diderot, Montesquieu, Rousseau y Voltaire
1.
La Ilustración.
Denominamos
ilustración a la corriente de pensamiento,
filosofía y cultura, propia del siglo
XVIII. Sus orígenes se encuentran
en el desarrollo científico y racionalista
del siglo anterior y en las teorías
racionalistas de Descartes y empiristas
de John Locke. En todas ellas, ya habían
aflorado la primacía de la razón
humana, la felicidad, el progreso, el conocimiento
científico y la igualdad, rechazando
las supersticiones y el oscurantismo, propios
de la cultura pseudos religiosa de la Edad
Moderna y la Edad Media.
Su nacimiento se produciría en Francia,
en parte como rechazó a la difícil
situación del país (absolutismo
radical, fuertes desigualdades sociales
de base, como en España, estamental,
y desacuerdo de la burguesía con
su marginación del poder, cuando
controlaba una gran parte de la riqueza,
gracias a sus negocios comerciales.
Tres son los grandes autores ilustrados
que extendieron estas ideas por toda Europa
El
Barón de Montesquieu (1689-1755),
Enamorado
del sistema parlamentario inglés,
nacido de la revolución de Oliver
Cromwell, en el siglo anterior, comenzó
su carrera con una despiadada crítica
al absolutismo en su libro “Cartas
Persas”. Tras ello vendría
la alternativa. Su libro "El Espíritu
de las Leyes" (1748) defendía
por primera vez la teoría de la separación
de poderes. Defendía la conveniencia
de dividir el poder en ese momento en manos
del monarca, en tres grandes poderes, que
evitaran los abusos, facilitaran la especialidad
de las instituciones y defendieran la libertad
individual, al controlarse unos poderes
a otros, evitando así las ambiciones
particulares, la tiranía y los abusos
Esos tres poderes de los que hablaba Montesquieu
deberían ser:
El poder legislativo (que representa a la
nación que lo elige), que tendría
como función el establecimiento de
las leyes, y el control del presupuesto,
además de la ya dicha representación
nacional y el control de los otros poderes.
El ejecutivo, representado por el rey y
su gobierno se encargaría de administrar
el país.
Por último, el poder judicial, del
que serian depositarios los tribunales,
seria el encargado de velar por los derechos
individuales, dirimir los conflictos planteados
entre la población y aplicar la ley
y perseguir el delito, aun cuando este sea
producido por otros poderes
Voltaire
(1694-1778)
Fue, de todos los ilustrados el máximo
defensor del libre pensamiento, la igualdad
jurídica entre los hombres y la eliminación
de los privilegios de toda clase (gremios,
estamentos...). Todo ello le enfrento a
los privilegiados, y en particular a la
Iglesia, a la que acusaba de oscurantista
y dogmática, y, por ende, obstáculo
para el progreso y la igualdad. En su obra
"Cartas Filosóficas", arremetió
contra los gremios, las compañías
privilegiadas, el absolutismo, y el mercantilismo,
defendiendo como método para acabar
con ellos la violencia revolucionaria.
Juan
Jacobo Rousseau (1712-1778),
Resulto
ser el ilustrado de más influencia
en los siglos siguientes. De el arrancaría
la corriente revolucionaria de los jacobinos,
temidos por su radicalismo, y mas tarde
de los socialistas utópicos. Denuncio
en su obra”Emilio” la necesidad
de la educación como arma liberadora
del individuo, justificando la cultura libre
como el medio para socavar los cimientos
del Antiguo Régimen.
Se mostró contrario a la propiedad
privada, fuente, según él,
de todos los males, al promover el individualismo,
la ambición y la insolidaridad.
Su obra capital fue "El Contrato Social".
En ella defiende que el fundamento del estado
es un compromiso de este con el pueblo,
por lo que sólo de la voluntad del
pueblo pueden emanar las leyes y la soberanía.
Según el autor, creados iguales por
Dios, los hombres viven en sociedad y alcanzan
la convicción de que precisan organizarse
para alcanzar el bien común. Para
ello eligen gobernantes y leyes con este
fin. Instituciones y leyes a las que ceden
voluntariamente su libertad personal. Por
ellos eligen a los mas justos, honrados
o preparados. Pero si los elegidos no actuaran
conforme a tales valores, actuaran despóticamente
o actuaran sin haber sido elegidos, el pueblo,
depositario del poder tiene derecho a revocar
su poder, violentamente si fuera preciso.
Este concepto de que la ley es expresión
de la voluntad popular, se convertiría
en el futuro en el fundamento de la democracia.
Estos ideales son un claro ejemplo del origen
empirista de la Ilustración y la
importancia de Locke, y su concepto de la
sociedad civil sobre ella.

El marques de la Ensenada,
el gran reformador ilustrado que percibió
como nadie
la importancia estratégica de la
flota y la necesidad de una reorganización
fiscal
2.
LA ILUSTRACION ESPAÑOLA
La
entrada de estas ideas en España
fue reducida ante el abrumador analfabetismo
de la población y lo impermeable
de la monarquía ante nuevas ideas
que pusieran en cuestión el sistema.
Fue también un movimiento de elites,
reformador pero no revolucionario y fragmentado
territorialmente.
Los ilustrados españoles desarrollaron
su labor durante los gobiernos de Fernando
VI (en parte) Carlos III (sobre todo) y
Carlos IV (menos por le miedo a la Revolución
Francesa. Los ilustrados españoles:
-
Eran conscientes del déficit presupuestario
que hundía al estado, pero solucionarlo
e impulsar la economía exigía
acabar con los privilegios de nobles y clérigos,
que eran la base del A.R. por lo que no
acometieron esa reforma.
- Nunca impulsaron reformas políticas,
por la razón anterior, y las económicas
estuvieron limitadas por el mismo motivo.
Además, veían el progreso
económico como una manera de acrecentar
el poder real (esa era su intención
real) , y en segundo plano, mejora la vida
de la población.
- Fueron reformistas, no revolucionarios,
pues no atacaron las bases estructurales
del A.R., solo pretendieron mejorar la vida
cultural y económica del pueblo y
aumentar y hacer mas sólido el poder
de la corona.
- Buscaron reformas que resolvieran lateralmente
los problemas del país:
-En
lugar de desamortizar, poner en venta o
explotación baldíos y tierras
del rey (Campomanes y Olavide)
- Fortalecer el estado introduciendo una
nueva forma de absolutismo, el despotismo
ilustrado (Esquilache o Ensenada).
- Reconstruir el poder naval y la influencia
internacional de España, protegiendo
sus espacios colonias y vías de suministro
(Patiño y Ensenada)
- Racionalización y mejora del presupuesto
y la fiscalidad (Floridablanca y Ensenada,
el del catastro).
- Impulso a la economía creando compañías
privilegiadas, el Banco de San Carlos o
las Sociedades de Amigos del País
(Jovellanos y Esquilache)
- Impulso a la reforma de la enseñanza,
las artes y las letras (Jovellanos, Mayans,
Feijoo o Ulloa).
Para
comprender mejor la realidad española
del XVIII, vamos a repasar algunas de las
actuaciones y políticas desarrolladas
durante el siglo. Como sabes cinco fueron
los reinados borbónicos del siglo:
Felipe
V, que sentó las bases del nuevo
estado en los decretos de Nueva Planta
Luís I, su hijo, de reinado muy breve
Fernando VI, hijo del primer matrimonio
de Felipe V, que defendió la neutralidad
española, reorganizo la hacienda
e impulso la cultura
Carlos III, hermanastro del anterior, en
cuya primera época se concentro la
mayoría de las reformas ilustradas
del siglo, pero suyo combativo espíritu
anti inglés, desbordaría la
capacidad financiera de la corona
Carlos IV, su hijo, bajo cuyo gobierno se
iniciaría la degradación política
y el final del Antiguo Régimen.
La falta de profundidad y coherencia en
la política ilustrada del siglo se
percibe en el ámbito de la cultura.
El intento mas serio de reforma universitaria
se produciría bajo el gobierno de
Carlos IV. Pretendió poner fin a
la enseñanza escolástica e
impulsar la investigación y las ciencias
experimentales y a la tecnología.
La oposición de los jesuitas y la
corrupción, impidieron el avance.
Las letras y las artes fueron elitistas.
Un pueblo culto hubiera sido peligroso,
así que se mantuvo una cultura basada
en la tradición, el oscurantismo
y el analfabetismo. Solo algunos intelectuales,
como Gregorio Mayans o el padre Feijoó,
denunciaron el atrasado sistema de enseñanza
y la falta de reflexión y de crítica.
Entre
las iniciativas culturales más importantes
se encuentra la fundación de instituciones
de carácter científico y de
Academias, como las de la Lengua o la de
la Historia.
Las expediciones científicas fueron
importantes. Dos científicos españoles,
Jorge Juan y Antonio de Ulloa, participaron
en el viaje de La Condamine, que exploró
el Perú y que consiguió la
medición del grado terrestre en el
Ecuador. Hubo Se sucedieron varias expediciones
hacia América del Norte y del Pacífico,
con fines geográficos y científicos,
entre los que tuvo especial relevancia la
botánica.
3.
El reinado de Fernando VI (1746-1753)

La
figura clave de este reinado marcado por
la neutralidad exterior y la preocupación
cultural fue el marqués de la Ensenada,
que acumuló en su persona casi todas
las secretarias. Sus esfuerzos se encaminaban
a reforzar el Estado absoluto, mediante
un crecimiento económico que permitiera
modernizar al país, y devolver su
papel de primera potencia. Para ello era
imprescindible defender y potenciar el imperio
colonial, y para ello era necesario un sólido
poder militar. Ello fue la causa de un largo
periodo de paz, necesario para afrontar
reformas Su gran proyecto fue la reforma
fiscal. Intento eliminar el complicado sistema
de impuestos e imponer el modelo del catastro,
un impuesto único sobre las propiedades
y las rentas, que incluiría a los
estamentos privilegiados. En 1749 comenzó
el inventario de la riqueza nacional, el
llamado Catastro de Ensenada, que choco
pronto con las protestas y presiones de
los privilegiados, que medio paralizaron
el proyecto.
Sí logó aumentar los ingresos
recuperando impuestos cedidos a los señoríos,
prohibiendo la venta de bienes de la Corona
y aumentando la aportación de la
Iglesia (una medida esta claramente regalista).
En el campo económico fue positivo
el impulso a la economía con eliminación
de los impuestos que gravaban el tráfico
interior de grano liberalizando el comercio
colonial.
Otra de las medidas estrella fue el fortalecimiento
de la armada. Potenciando los astilleros,
las fabricas de armamento y las academias
de marinos y pilotos. Sin embargo, pese
a que la medida era necesaria para la fortaleza
colonial, y era coherente con la política
de alianzas con Francia (pactos de familia),
favoreció la formación de
un grupo de oposición pro británico
en la Corte, que convenció al rey
de que la política de Ensenada era
una provocación a Inglaterra, que
nos conduciría a la guerra. En 1754
el ministro fue destituido, y el nuevo gobierno,
más conservador, paralizó
las reformas de Ensenada.
4.
Carlos III (1759-1788).

Había
sido rey de Nápoles, hasta que la
muerte sin hijos de su hermanastro Fernando
VI, le trajo a España.
Potencio los pactos de familia, con el fin
de mantener un aliado que permitiera hacer
frente a la amenaza inglesa y también
permitir la venganza contra ese país,
que le había humillado durante su
estancia como rey en Nápoles.
Pese a sus inicios neutralistas, arrastro
al país a dos importantes guerras.
Primero a la de los Siete años (1761-1763),
por el control del Canadá, y que
acabo en un grave desastre. Tras ella, intervino
junto a Francia en la Guerra de independencia
norteamericana (1779-1783). En ella las
victorias de Galvez en Mobile y Pensacola
y la derrota de la armada británica
en Whigt y Azores permitieron la derrota
inglesa. Fue una victoria amarga, por cuanto
inicio un ciclo de deudas aterrador, solivianto
la animadversión inglesa y sentó
el precedente de la independencia de una
colonia, hecho que luego se volvería
contra nosotros.
A nivel interno, muchas fueron las reformas
impulsadas:
En
el terreno agrario, Olavide impulso la colonización
interna de baldíos, la explotación
mas racional de la tierra, y realizó
propuestas sobre la expropiación
de tierras no explotadas por la iglesia,
hecho que le costaría el cargo. Esquilache,
poco después liberalizaría
el mercado de grano. En consonancia se propuso
la reducción de privilegios de mesta
y nobles.
Se
fomento la artesanía, mediante la
construcción de infraestructuras,
protegiendo su actividad de la intromisión
extranjera. Se crearon fábricas reales
(del estado) en la construcción naval,
armamento y productos de lujo; las llamadas
Sociedades de Amigos del País (asociaciones
de elites regionales) ayudaron a la inversión
en tecnología, trajeron técnicos
y analizaron los problemas del país,
estudiando soluciones.
El comercio de vio beneficiado por una flota
que protegía el tráfico colonial.
El interior siguió escuálido
por la falta de caminos, la baja renta de
la población, la falta de una moneda
única y las aduana internas
Fiscalmente se siguió con la política
de simplificación del sistema, la
extensión de impuestos y el presupuesto.
Ello se vio favorecido por las regalías
(el privilegio real de controlar la iglesia,
sus cargos y su hacienda). Sin embargo,
las guerras y la decadencia demográfica
y económica de fin de siglo endeudaron
al país, hasta el punto de obligar
a crear una institución encargada
d gestionar, emitir y amortizar los vales
reales: el Banco de San Carlos.
Posiblemente
el mayor esfuerzo reformista se llevo a
cabo bajo el gobierno del secretario de
despacho Esquilache. Liberalizo
el mercado de granos, apoyo la renovación
tecnológica, intento frenar el poder
de los gremios, que coartaban la innovación,
aumento el control de ingresos y gastos,
y aumento aquellos con la creación
de la lotería primitiva.

Jose Moñino,
Conde de Floridablanca, ministro de Carlos
III y Carlos IV,
y que tuvo que hacer frente a la ambición
de Godoy y a la Revolución Francesa
Fue
en general un gobierno marcado por el Despotismo
ilustrado. Era un sistema político
que partía del concepto del Estado
absoluto, de la soberanía real exclusiva,
pero hacía hincapié en el
papel del gobernante como benefactor de
su pueblo y como impulsor de las reformas
necesarias para el progreso. La política
era concebida en beneficio del país,
pero sin contar con él, según
el axioma «todo para el pueblo, pero
sin el pueblo». Pero todas estas medidas
no eran revolucionarias, si querían
mejorar la situación económica,
era ante todo para fortalecer al Estado.
Los ministros que criticaban los efectos
negativos de los privilegios estamentales,
no estaban dispuestos a cuestionar las bases
mismas de la sociedad del Antiguo Régimen,
con lo que las reformas serian poco productivas,
al no atacar la base misma de los males
del país.
Hasta 1765, Carlos III mantuvo a los secretarios
de su hermanastro, creo una nobleza nueva
(de servicio, frente a la tradicional o
de sangre) formada por burgueses y técnicos
ascendidos, y puso al frente del gobierno
al marqués de Esquilache. Ello facilito
un programa reformista, que ya hemos desgranado
en las líneas anteriores. Esquilache
ataco la amortización de tierras,
los privilegios fiscales de la nobleza y
la Iglesia y las trabas al desarrollo del
comercio. En base a ello tomo medidas, como
la recuperación de señoríos
para la Corona, o el estudio de nuevo la
introducción de un impuesto único.
En 1765 se decretó la libertad de
precio del trigo, con el fin de estimular
la competencia. La medida, necesaria e inspirada
en las teorías fisiócratas
de Francis Quesney, choco con un año
de malas cosechas, y con la escasez en el
mercado por el acopio por parte de los especuladores,
lo que hizo que se dispararan los precios
y apareciera el hambre. La medida se tradujo
en una gran descontento, que acabo en disturbios
graves, alentados por los sectores mas conservadores,
enemigos de reformistas como Esquilache,
y que veían en el secretario, a un
enemigo de sus privilegios y su status.
El intento de Esquilache de eliminar la
vestimenta tradicional madrileña,
que amparaba la suciedad y el anonimato,
fue la chispa de una autentica rebelión,
en la que los privilegiados presentaron
al político como un extranjero contra
las tradiciones nacionales.
Estallo en marzo de 1766 en Madrid, y es
conocido como el motín de Esquilache.
Las consecuencias del motín fueron
importantes. Carlos III despidió
a Esquilache, y puso al frente del gobierno
al conde de Aranda, un conservador. La revuelta
fue aprovechada para justificar la expulsión
de los jesuitas, de los que se recelaba
de su poder, de su dependencia del papa
frente al rey, empeñado en una política
regalista, de su influencia educativa, y
de sus grandes propiedades.
A partir de 1766, Carlos III dio un giro
político muy conservador, evitando
desde entonces cambios radicales, y abandonando
su política ilustrada, al menos con
la intensidad anterior, ante el miedo a
las clases populares, y a perder el apoyo
de la nobleza y de la Iglesia.
Cuando el rey murió, en diciembre
de 1788, el impulso reformador ya se había
perdido, y parte de los ministros ilustrados,
como Jovellanos o Floridablanca, ya mayores,
habían adoptado posturas mas moderadas.

Gaspar Melchor de
Jovellanos, según Goya, el gran ilustrado,
que llegaría a participar, como moderado,
en las cortes de Cadiz
5.
LA POLÍTICA EXTERIOR DE LOS BORBONES
Aunque
ya lo hemos estudiado en el tema anterior,
y hemos incluido una cita en las primeras
líneas de este tema, no estará
de más que repasemos la situación
internacional, para comprender mejor la
evolución de la ilustración
en España.
Tras el Tratado de Utrecht,
el papel internacional de España
cambio. Liberada de la carga de su imperio
europeo, España se concentro en la
defensa de su imperio colonial, y en la
recuperación de posesiones estratégicas:
Italia, Menoría y Gibraltar. En todos
los casos el enemigo era Inglaterra y el
aliado natural, Francia, que ya le había
apoyado previamente, que tenia cuentas pendientes
con Inglaterra, y que era la cuna de los
Borbones. Así nacería una
serie de alianzas militares entre ambos
países, conocidos como Pactos de
Familia.
El primer fruto de esta alianza seria la
conquista del reino de Nápoles y
Sicilia y su entrega al príncipe
Carlos (hijo del segundo matrimonio de Felipe
V). Tras ello, los incidentes contra los
británicos, que amenazaban de forma
creciente el comercio colonial, fueron continuos
y desencadenaron una guerra colonial contra
Gran Bretaña entre 1739 Y 1749.
En 1743, estallarla una nueva guerra entre
ambas potencias, por motivo de la sucesión
al trono austriaco. Por la paz de Aquisgrán
de 1748, España afianzaba su posición
en Italia, al conseguir para otro hijo de
Felipe V los ducados de Parma y Piacenza.
Pero no se recupero Gibraltar, ni se desarmo
a Inglaterra, por lo que el problema persistía.
El reinado de Fernando VI fue
un periodo de paz, en el que la diplomacia
supo defender los intereses nacionales.
A su muerte, España la Hacienda estaba
saneada y la flota de guerra era mucho más
poderosa, gracias a Ensenada
Carlos III, por motivos
personales, como ya hemos contado, tomo,
desde el principio, un camino belicista.
Nada más llegar al poder, firmó
con Francia el tercer pacto de familia (1761),
y entro en la Guerra de los Siete Años
contra Inglaterra. Mal preparada, la guerra
terminó con un fracaso relativo:
la paz de París obligaba a Francia
a entregar sus colonias del norte de América.
España, que quedaba sola en la defensa
del imperio colonial, debía, además,
entregar la Florida a Inglaterra, a cambio
de la Luisiana francesa.
En 1776 estalló la guerra entre las
colonias inglesas de América del
Norte y Gran Bretaña. España
entró en el conflicto, arrastrada
por Francia, en apoyo de los Estados Unidos.
Esta vez el resultado fue algo más
positivo: el nuevo Tratado de París
de 1783 obligaba a Inglaterra a devolver
la Florida. Además, la guerra había
permitido recuperar Menorca, aunque no Gibraltar.
En conjunto, la política exterior
española, antes de 1790, tuvo resultados
dudosos. Durante muchos años se concentró
en un objetivo dinástico, en Italia,
que nada tenía que ver con los intereses
españoles. Después, los pactos
de familia permitieron un papel activo,
pero a menudo arrastraron al país
a conflictos de los que no pudo sacar un
gran provecho. Pese a todo, el objetivo
esencial, el mantenimiento del imperio colonial,
pudo alcanzarse, sin demasiadas pérdidas,
y sin que en ello tuviera apenas peso el
apoyo naval francés. En la década
de 1780, sin embargo, el endeudamiento producido
por la última guerra amenazaba el
futuro.
Durante
el siglo América siguió
teniendo un papel por tanto decisivo en
la política y la economía
española. Las compañías
privilegiadas controlaban el comercio colonial
que tenia su base en el puerto de Cádiz.
La base del comercio siguió siendo
la plata, la manufactura europea y las materias
primas.
La sociedad tendió a jerarquizarse
introduciéndose dos fenómenos
que serian relevantes en la posterior independencia,
la introducción de esclavos por tratantes
europeos y el dominio de las elites blancas
sobre la población mestiza e indígena.
Los años finales del siglo estuvieron
marcados por el incremento de la explotación
colonial y aumento del control administrativo
(exclusión de los criollos de la
administración colonial, prohibición
de la venta de cargos y concesión
de altos mandos en audiencias, gobiernos
locales y corregimientos solo a españoles).
En la misma línea, se expulso a los
jesuitas, contrarios al regalismo, se incrementaron
los impuestos y los monopolios estatales
y, desde 1778 se introdujo el libre comercio
para la mayor parte de los puertos peninsulares.
Todo ello, unido al ejemplo liberal de los
nacientes Estados Unidos comenzaron a crear
un clima de malestar creciente entre la
población colonial, que aprovecharía
el vació de poder de principios del
XIX para luchar por su independencia. Ya
en 1780-1781 se produjo una importante rebelión
en Perú y Nueva Granada, iniciada
por los criollos, pero que pronto se convirtió
en una sublevación indígena
(liderada por el inca Tupac Amaru), que
fue aplastada tras una larga resistencia,
pero que dejo abierto el camino para intentos
posteriores.

La
derrota inglesa en Yorktown, frente al ejército
combinado de americanos y españoles