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17.
Felipe V, centralización
y reforma |
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Introducción
eolapaz.es
El
siglo XVIII comenzó con un cambio
de dinastia, una guerra civil y una gran
revolución política. Comenzamos
el básico 5

1.
LA GUERRA DE SUCESION
La
muerte sin descendencia de Carlos II desencadenó
un grave enfrentamiento internacional en
torno a dos candidaturas al trono: el archiduque
Carlos, de la rama de los Habsburgo austriacos,
y Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de
Francia. En aquel momento, y aun frescas
las heridas de las guerras de religión,
la posibilidad de que un miembro de la familia
de Borbón pudiera hacerse con la
herencia española, ponía en
peligro la estabilidad europea, al entender
las potencias que eso crearía un
bloque peligroso, que buscaría la
hegemonía..
De acuerdo con el testamento de Carlos II,
Felipe fue proclamado rey, e inicialmente
reconocido en Europa. Pero la ocupación
francesa de varias plazas en los Países
Bajos, y la negativa a aceptar la renuncia
por la familia Borbón de intentar
en un futuro la unificación de Francia
y España, en la figura de Felipe
V, nieto del rey francés, fueron
entendidas como una amenazada de expansionismo.
Ello llevaría a Inglaterra, Austria
y los Países Bajos a firmar en 1701
la Alianza de La Haya. A la coalición
pronto se sumarían Portugal y otros
estados europeos que se enfrentaron al bando
borbónico.
La Guerra de Sucesión (1702-1715)
fue un conflicto muy complejo, que tuvo
escenarios paralelos en Europa y en la Península.
Al principio fue favorable a la coalición
liderada por Gran Bretaña: en 1704
los británicos tomaron Gibraltar.
En 1705 se produjo el desembarco del archiduque
Carlos en Valencia y la rápida conquista
de los reinos de la Corona de Aragón,
que veían en el austriaco una garantía
de sus fueros frente al centralismo anunciado
por el francés.

Felipe
V se sostenía, sin embargo, por el
firme apoyo de Castilla y sus colonias,
pero la situación del ejército
y de la armada era desastrosa. Pronto llegaron
administradores y oficiales, tropas y armas
francesas, y se inició una reorganización
de las fuerzas armadas. El rumbo de la guerra
cambió, y en 1707 se produjo la batalla
de Almansa, que permitió a Felipe
V recuperar sucesivamente los reinos de
Valencia y Aragón. En 1711 nuevas
victorias borbónicas dejaron el territorio
de los Habsburgo reducido a Cataluña.
En Italia y en los Países Bajos,
sin embargo, la guerra fue desfavorable
para los Borbones, y Luis XIV se estaba
planteando abandonar la guerra. Cuando todo
parecía perdido, la muerte del emperador
de Alemania, elevo al trono al archiduque
Carlos. Ante esa situación la coalición
europea dejo de estar interesada en la victoria
de Carlos, que podría unir las coronas
imperial y española, como en tiempos
de Carlos V, cuando la guerra se había
producido precisamente para evitar el expansionismo
español. Ante estos hechos, los aliados
ofrecieron abrir negociaciones.

El Tratado de Utrecht, firmado en abril
de 1713, puso fin a la guerra europea y
significó el reconocimiento de Felipe
V a cambio de la separación definitiva
de las coronas de Francia y España.
Los Países Bajos y las posesiones
en Italia pasaron a manos del Imperio austriaco.
Inglaterra obtuvo grandes ventajas: retuvo
Gibraltar y Menorca, conquistada en 1708,
y consiguió el asiento de negros
(el monopolio de la venta de esclavos en
América), y el derecho de enviar
anualmente un gran galeón con manufacturas
para ser vendidas en las colonias españolas
(navío de permiso). En la práctica,
significaba romper legalmente el monopolio
español sobre América.
En Cataluña la guerra se prolongó
aún durante un año y medio.
Los catalanes temían las represalias
de Felipe V y la imposición de un
sistema político centralizado, como
el que ya había sido establecido
en Valencia y Aragón. No se fiaron
de las garantías ofrecidas a Inglaterra
en Utrecht de que los fueros catalanes serían
respetados, y optaron por resistir. Las
tropas borbónicas, tras ocupar toda
Cataluña, cercaron Barcelona, que
sucumbió, finalmente, tras una larga
resistencia, el 11 de septiembre de 1714.

2.
El reinado de Felipe V
Felipe
V fue un hombre inestable y enfermo, profundamente
angustiado tras la muerte de su esposa Mª
Gabriela de Saboya. En una monarquía
absoluta era una situación muy peligrosa.
Por eso Felipe V estuvo dominado desde el
principio por quienes le rodeaban.
Durante la Guerra de Sucesión, fueron
los administradores franceses los que llevaron
adelante la política del rey. Apartaron
de las decisiones de gobierno a la aristocracia
española, que en el reinado de Carlos
II había recuperado protagonismo
en los Consejos. En su lugar, promocionaron
a burócratas profesionales.
En 1714 tras la muerte de su primera esposa
se acordó el nuevo matrimonio del
rey con Isabel de Farnesio. La nueva reina,
de fuerte carácter, produjo un cambio
radical en la corte e impuso su propio programa
político. Obsesionada por conseguir
reinos para sus hijos, subordinó
los intereses españoles a una política
exterior agresiva, encaminada a recuperar
los dominios de Italia al coste que fuera.
Con Isabel de Farnesio llegaron los consejeros
italianos, el principal de los cuales fue
el cardenal Alberoni. Bajo su dirección
se iniciaron las hostilidades en Italia,
pero la agresión española
trajo consigo la respuesta de una coalición
europea, que obligó a retirar las
tropas y provocó la caída
del ministro.
En enero de 1724 comenzó el reinado
de Luis I, cuando Felipe V, tras una grave
crisis depresiva, abdicó y entregó
la Corona a su primogénito. Pero
el reinado de éste, de sólo
diecisiete años de edad, fue muy
breve: en el mes de agosto contrajo la viruela
y falleció. Isabel de Farnesio convenció
entonces a su marido para que recupera el
trono.
Desde entonces, la impopularidad de la política
real llevó a la aristocracia y a
sectores de la burocracia a acercarse al
príncipe de Asturias, Fernando, en
torno al cual se fue creando una especie
de grupo de oposición.
En 1726 se convirtió en el principal
secretario José Patiño, que
supo rodearse de colaboradores eficaces
y consiguió sacar adelante un ambicioso
programa de rearme. Fruto de ello fue la
conquista del reino de Nápoles y
Sicilia en 1734, que fue entregado a Carlos,
el hijo mayor de Felipe V e Isabel de Farnesio.
Además, bajo la dirección
de Patiño se reorientó la
política exterior, buscando la alianza
con Francia a través del llamado
primer pacto de familia.
En los últimos años del reinado
continuó la guerra contra los ingleses,
con el consiguiente aumento de los gastos.

3.
La centralización: los Decretos de
Nueva Planta
El
gobierno de Felipe V tenía como primer
objetivo político la reforma de la
administración española. El
modelo era el francés, caracterizado
por la centralización. Eso significaba,
desde luego, terminar con la existencia
de diferentes reinos, leyes e instituciones.
Los llamados Decretos de Nueva Planta (Valencia
en 1707, Aragón en 1711 y Cataluña
y Mallorca en 1716) eliminaron los Consejos
respectivos. Se introdujeron las leyes de
Castilla y sus tribunales, Chancillerías
y Audiencias. La autoridad pasaron a ser
desempeñada por capitanes generales
e intendentes (gobernadores civiles). Se
suprimieron las fronteras económicas
y fiscales que separaban los reinos entre
sí y con Castilla, y se impuso el
castellano como la lengua oficial. El sistema
de impuestos fue sustituido por otro de
carácter general, el catastro.
Todo el territorio quedó uniformizado
y asimilado al modelo administrativo castellano,
eliminándose los fueros y privilegios
tradicionales de los reinos, y superando
el viejo foralismo y pactismo español.
Sólo en las provincias vascas, que
habían apoyado desde el principio
a Felipe V, se conservaron los fueros. Pero
también hubo algunas concesiones
en Cataluña: se mantuvo el derecho
civil, y se retiró el servicio militar
obligatorio (que sí se había
establecido en los demás reinos),
en parte por las protestas, pero sobre todo
por la desconfianza que había, tras
la conquista, en la lealtad de los catalanes.
Es cierto que los Decretos de Nueva Planta
respondieron en parte a motivos de represalia
por la oposición que presentaron
los reinos de la Corona de Aragón
a Felipe V, pero también a un deseo
de racionalización política
y aplicación de sistemas de gobierno
más modernos y propios de la época.

4.Las
reformas administrativas
Esa
misma voluntad llevó a los ministros
del rey a introducir una serie de cambios
de carácter administrativo y económico,
con el fin de reforzar el Estado y volver
a convertirlo en una potencia europea.
El gobierno sufrió una reorganización
profunda. Quedó en manos de cinco
secretarios de Despacho, que pasaron a dirigir
la vida política y fueron el precedente
de los actuales ministros. En contrapartida,
el sistema de Consejos perdió el
control del gobierno. Los territoriales
fueron eliminados, salvo el de Indias, que
cedió muchas competencias, y el de
Castilla, el único que conservó
poder y que se convirtió en órgano
consultivo para todo el país.
La administración territorial se
transformó. El país se dividió
en provincias, al frente de las cuales se
situaba una triple estructura: la autoridad
judicial, en manos de las audiencias; la
militar, que desempeñaban los capitanes
generales; y la civil y económica,
en manos de los intendentes. Estos últimos
permitieron al gobierno central un control
exhaustivo y una información amplia
de lo que ocurría en cada rincón
del territorio. Sus competencias incluían
aspectos como la recaudación de impuestos,
las obras públicas, la justicia y
el orden público.
El ejército experimentó una
total transformación. Los tercios
fueron sustituidos por regimientos, y se
separaron las diferentes armas. Se introdujeron
los grados de oficiales, jefes y generales
modernos. Se estableció un ejército
permanente y el servicio militar, mediante
un sistema de cuotas, y se acuartelaron
unidades por todo el país, con el
objetivo de que las tropas pasaran a controlar
el propio territorio del reino. Se mantuvieron,
sin embargo, algunos rasgos del pasado,
como el dominio de la nobleza sobre los
mandos superiores o la escasa formación
estratégica y táctica.

Uno de los mayores esfuerzos fue la recuperación
de la marina de guerra. La Guerra de Sucesión,
con la pérdida de Gibraltar y Menorca,
había mostrado la debilidad naval
de un país que era una potencia colonial.
Se construyeron arsenales y nuevos astilleros,
y al final del reinado la armada comenzaba
a tener un volumen importante.
Otro aspecto en el que el gobierno de Felipe
V insistió especialmente fue la reivindicación
de la autoridad de la Corona sobre la Iglesia
española, lo que se denomina el regalismo.
Los ministros insistieron ante Roma en el
derecho del rey a elegir a los prelados,
a cobrar las rentas de las sedes obispales
que estuvieran vacantes, a limitar la jurisdicción
de la Iglesia en temas temporales y a disminuir
la presencia de las órdenes religiosas.
Esa posición firme suscitó
muchos conflictos, e incluso el procesamiento
de algún ministro por la Inquisición.
Por último, bajo el reinado de Felipe
V se inició la política económica
de promoción de la industria y el
comercio. A la supresión de las aduanas
estatales se añadió un decreto
que permitía la libre circulación
de productos. También se ratificaron
las medidas mercantilistas, como la prohibición
de importar manufacturas textiles o la de
exportar grano. Igualmente se fundaron las
primeras Reales Fábricas y se intentó
reanimar el comercio colonial mediante la
creación de compañías
de comercio, al estilo de las inglesas y
holandesas, aunque no tuvieron demasiado
éxito.