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10.
Reconquista y Repoblación |
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Introducción
eolapaz.es
Estamos
en el punto medio de la Edad Media, los
reinos cristianos han madurado, Al Andalus
se encuentra en crisis tras el hundimiento
del califato. Amparados en el vigor cultural
y económico de la iglesia, los reinos
inician la reconquista.

1.
LA RECONQUISTA
Conocemos
con este término al largo proceso
histórico que conducirá a
los estados cristianos a colocar bajo su
dominio la Península Ibérica
acabando con el dominio musulmán.
Es al mismo tiempo de un proceso de crecimiento
territorial , de crecimiento político,
de madurez y consolidación de estos
reinos. Pero hay que tener algunas ideas
claras:
·
- La ocupación musulmana en el siglo
VIII había alejado a la Península
Ibérica del discurrir histórico
de Europa, y había barrido
la herencia clásica romana.
Desde ese punto de vista, la reconquista
suponía y supuso reanudar la línea
histórica interrumpida.
· - El ideal de reconquista,
el objetivo de romper la división
cristiana, unificar el territorio, hacer
valer la legitimidad del reino visigodo
y defender la verdadera fé. En realidad
surge en el siglo XI, los cristianos, al
tomar Toledo en 1085, empiezan a ser conscientes
de la vulnerabilidad de la defensa islámica,
abren una brecha psicológica y geográfica
importante y comienzan a tomar conciencia
de sus posibilidades. Es difícil
creer que el ideal de reconquista se anterior,
que pueda pertenecer a siglos en los cuales,
el máximo objetivo fue sobrevivir.
· - La Reconquista aparece como una
necesidad económica y política.
Derrotar a los musulmanes significa sobrevivir
como estado, mantener tu independencia.
Derrotarlos, es la vía necesaria
para conseguir las tierras y los pueblos
que garantizaran la comida y el abastecimiento
de poblaciones crecientes.
· - Hay por tanto que considerar
que el ideal de cruzada esconde, en realidad
otras motivaciones mas prosaicas. Pero dicho
eso, también es cierto que la
iglesia y su doctrina juega en
esto un papel muy importante. La Iglesia,
a través de sus ordenes de Cluny
y Cister permitió la renovación
agrícola y la mejora tecnológica
de estos reinos, vital para sobrevivir,
al amparo de que ese trabajo y esfuerzo
era en alabanza a Dios. La Iglesia era considerada
en aquella época como la heredera
legitima del Imperio Romano, su apoyo a
un estado o población, legitimaba
su esfuerzo y su lucha como aquí
ocurrió. La iglesia predico la cruzada
en España, sobre todo desde el momento
en que las invasiones norteafricanas suponen
una amenaza contra todo occidente, lo que
permite el apoyo económico de las
iglesias españolas a sus reyes y
el apoyo europeo a esta cruzada que los
cristianos libran en nuestro país.
El esfuerzo de guerra debemos entender que
fue en algunos momentos sobrehumano, solo
la justificación de realizarlo en
aras de un ideal tan noble como la defensa
de Dios explica la acción coordinada
de todos los estados, de todos los estamentos,
en tantos y tantos años.
· Pese a la posterior unificación
en tiempos de los Reyes Católicos,
se puede considerar que la diferente respuesta
que cada estado va a dar a este problema
y al de la repoblación , marca el
comienzo de la diferenciación entre
los diferentes territorios peninsulares.

2. REPOBLACION Y EXPANSION FEUDAL
La
repoblación es el proceso complementario
a la reconquista, por el cual los cristianos
expulsaron a los musulmanes de los territorios
reconquistados, pusieron en explotación
sus tierras y sustituyeron los modelos de
organización musulmana por la feudal.
Ello implicaba grandes movimientos de población,
cambios en el régimen de propiedad
y explotación y solucionar serios
problemas militares. La forma de afrontar
este problema varió en cada zona
geográfica, reino y siglo, proporcionando
consecuencias muy serias y diferentes. He
aquí algunas modelos.
2.1. FASE 1: HASTA
LA LINEA DUERO-EBRO (HASTA EL SIGLO XI)
Se
caracterizó por un modelo de repoblación
basado en el asentamiento de pequeñas
poblaciones o incluso familias, que obtenían,
a cambio de su fidelidad a los señores
encargados de la defensa, y a su compromiso
con esta, tierras, y ciertas libertades
contenidas en los derechos de jueces y behetria
en el sur de Asturias y en Castilla. Esto
creo una sociedad mas vigorosa que en el
resto de España, con poblaciones
de fuerte espíritu indómito,
de frontera, y con libertades no conocidas
en otros reinos (como los caballeros villanos).
Esta es la base de la riqueza y el empuje
castellano. Parte de la población
se obtenía de campesinos libres encomendados
en régimen de behetria,
parte por la ocupación y defensa
de un territorio por un monasterio, parte
por comunidades campesinas libres en la
modalidad de presura y parte por migraciones
mozárabes.
En los demás estados cristianos,
la ocupación fue mas lenta y no se
establecieron regímenes campesinos
como la behetria, salvo raras excepciones,
siendo los encargados de la ocupación
y defensa, siempre señores feudales
y eclesiásticos.
2.2.
FASE 2: HASTA EL TAJO (XI-XIII)
En
Asturias, la ocupación de estas tierras
exigía mas población, por
ser mayor la extensión de la tierra
y mas difícil la defensa por tratarse
de tierras llanas y extensas. Ante ello
la monarquía astur-leonesa-castellana
optó por la repoblación a
través de comunidades enteras, concejos,
que vivían en una aldea semi-fortificada
rodeada de un alfoz, sobre el se ejercía
un fuero,
concedido en compensación a los riesgos.
Son sociedades mas complejas en las que
la artesanía y el comercio toman
impulso, convirtiendo a estas comunidades
en el germen de las futuras y vigorosas
ciudades castellanas.
Un modelo parecido se vio en la Confederación,
donde se impusieron las Cartas Pueblas en
el valle del Ebro, frente a los usatges
que se vivían en el interior de Cataluña
y Aragón
2.3 FASE 3: (ANDALUCIA
Y LA MANCHA (XIII)
La
rápida caída de esta zona
de España, la necesidad de explotar
prontamente tanta tierra y la falta de mano
de obra en cantidad suficiente, obligó
a aplicar un sistema distinto, el repartimiento
, que conllevó la desaparición
de las comunidades de hombres libres y la
sustitución de los regadíos
por cultivos y ganaderías extensivas
que requieren menos mano de obra. Papel
muy destacado tendrían las ordenes
militares, en la ocupación
y defensa de estos vastos territorios.
En Aragón la solución fue
parecida, salvo en la costa valenciana.

3. LA EVOLUCION
CRISTIANA (X-XIII)
3.1.
CAUSAS
A
partir del siglo XI, los cristianos tomarían
la iniciativa en la campaña militar,
y avanzarían sobre Al-Andalus por:
a- Su capacidad de coordinación,
frente a la división interna musulmana
b- Un fuerte crecimiento económico
basado en los monasterios y los avances
técnicos
c- El aumento de población por motivos
de mayor alimento y éxodo mozárabe
d- Los avances militares en organización
y medios de combate
3.2.
LA ETAPAS DE LA EXPANSION
a- Siglo XI. Tras la crisis
del califato los cristianos amenazan las
taifas, divididas y sin espíritu
de lucha. La conquista de algunas cerca
de otras, sus impuestos o parias las debilitan,
y engordan la economía cristiana.
La caida de Toledo abre una brecha psicológica
y geográfica en la defensa musulmana
b- Siglo XII. Aragón
entra en combate tomando Zaragoza. Se forma
la confederación catalano-aragonesa.
Castilla fracasa en su intento de crear
un imperio europeo, y tras Alfonso VII,
el reino se divide entre Castilla, León
y Portugal.
c- Siglo XIII. Castilla
se reunifica con León y rompe la
defensa Almohade en las Navas de Tolosa.
Aragón inicia su expansión
por el Mediterráneo y sur de Francia
en los tiempos de Jaime I y Ramón
Berenguer IV y Pedro II, aunque en el territorio
francés acumula graves problemas
por el conflicto cátaro. Se suceden
conflictos y alianzas entre los dos grandes
territorios cristianos, jalonadas de tratados
continuos (Tudilén y Cazorla). Es
el siglo del reino valenciano del Cid.
3.3.
LOS HECHOS DE LA EXPANSION
a.
La crisis del califato.
Los
dos primeros siglos de la Alta Edad Medial
estuvieron caracterizados por un abrumador
predominio musulmán bajo el mando
de los primeros califas Omeyas, que, sin
embargo, no pudieron convertir su hegemonía
política, económica y cultural,
en un dominio real de la Península
Ibérica.
Poco después de la muerte de Almanzor
(1002),la anarquía hizo presa de
Al-Andalus. La aristocracia árabe
y los distintos grupos étnicos que
formaban parte del ejército cordobés
(eslavos, beréberes),se enzarzaron
en una agotadora lucha por el poder, elevando
y derribando califas a su antojo, al tiempo
que el nacionalismo mozárabe y las
revueltas sociales muladíes desgarraban
el país. Finalmente, la crisis desembocó,
en el año 1031,en el fraccionamiento
del califato en casi medio centenar de pequeños
reinos o taifas, gobernados por dinastías
locales.
b.
El primer intento de unificación
cristiana: Sancho III de Navarra.
A
pesar de su inestabilidad política,
los reinos de taifas mantuvieron el alto
nivel cultural y económico de la
época precedente. En esos momentos,Sancho
III el Mayor de Navarra (1000-1035) se convirtió
en el más poderoso soberano de la
Península. A los reinos heredados
de su padre (Navarra y Aragón), incorporó
los condados de Sobrarbe, Ribagorza, Pallars
y Castilla, así como las tierras
situadas entre el Pisuerga y el Cea, arrebatadas
al reino de León. Además,
logró que los condes de Barcelona
y Gascuña, y el rey de Leon le reconociesen
una primacía honorífica. Fue,
además, el primer rey cristiano que
llegó a cobrar tributo a los musulmanes
(parias),creando con el oro amonedado obtenido
de esta manera, un poderoso estímulo
para las economías de los reinos
septentrionales. Pero la unidad política
cristiana bajo la hegemonía Navarra,
no fue duradera, en su testamento, el rey
Sancho dividió sus dominios entre
sus hijos, surgiendo así los reinos
de Aragón y Castilla, que gracias
a su mayor dinamismo no tardarían
en eliminar las posibilidades de expansión
de Navarra.
c.
El siglo XI.
El
primer rey castellano,
Fernando I, conquistó el reino de
León e hizo tributarias a las mas
importantes taifas, esta política
expansiva fue proseguida por su hijo Alfonso
VI, quien con la ocupación de Toledo
en 1085, llevó las fronteras castellano-leonesas
hasta mas allá del Tajo, lo que permitió
la repoblación de una extensa zona
a caballo de la Cordillera Central.
En esa misma época, los monarcas
de Navarra-Aragón (estados
federados tras la muerte de Sancho el de
Peñalén en 1076) se extendieron
hasta la línea Barbastro-Ayerbe-Huesca,
amenazando la importante ciudad de Zaragoza,
mientras los catalanes ocupaban el campo
de Tarragona y sus importantes huertas.
Los progresos cristianos, sobre todo la
toma de Toledo, alarmaron a los taifas,
por lo que el importante rey Al-Motamid
de Sevilla llamo en su auxilio a los almoravides
norteafricanos. Al mando de Yusuf Ben Texufin,
el Imperio Berebere envió a la Península
un importante cuerpo expedicionario que
derrotó a la coalición cristiana
liderada por Alfonso VI en Zalaca, arrancó
territorios a los reinos del Norte y unificó
las taifas bajo el mando berebere de Fez.
El fanatismo y la intolerancia religiosa
de los almorávides
produjo una reacción del mismo signo
entre los cristianos, que iniciarían
ahora un gigantesco movimiento de cruzada,
denominado Reconquista, en la que destacarían
importantes lideres de la posterior mitología
española, como el Cid
Campeador, señor de Valencia. Cultural
y económicamente, el siglo XI fue
trascendental para los reinos cristianos.
Sancho el Mayor, Fernando I y Alfonso VI
fueron reyes europeizadores que introdujeron
y difundieron la reforma cluniciense, instauraron
el rito romano (hasta entonces se mantenía
el visigodo), protegieron a los peregrinos
que marchaban a Compostela, fomentaron los
contactos con Europa y favorecieron el desarrollo
artesanal y urbano.
d.
El siglo XII.
Las
primeras décadas del siglo XII fueron
de intensa actividad en los estados pirenaicos.
El conde de Barcelona Ramon Berenguer dirigió
una expedición contra Baleares, al
tiempo que por su matrimonio con la condesa
Dulce incorporó Provenza a sus dominios.
El
rey navarro-aragonés
Alfonso I el Batallador tomo Zaragoza (1118)
y ocupó el curso medio del Ebro con
base en Calatayud y Tarazona, operación
completada con una importante incursión
sobre Al-Andalus (1125) en la que se obtendría
un elevado número de mozárabes
con los que repoblar parte de las nuevas
zonas recuperadas. Al morir sin descendencia,
Alfonso el Batallador dejó sus reinos
a las Ordenes Militares, decisión
que no aceptaron sus súbditos. Al
elegir los navarros a García Ramírez
y los aragoneses a Ramiro II el Monje, hermano
del rey fallecido, la federación
navarro-aragonesa acabaría definitivamente.
El rey monje, deseoso de reintegrarse a
la vida monástica, concertó
en 1137 los esponsales de su hija Petronila
con el conde barcelonés Ramon Berenguer
IV, delegando en este el gobierno de Aragón.
El primogénito de este matrimonio,
Alfonso II, pasaría a titularse rey
de Aragón y conde de Barcelona, así
como emperador de los Pirineos, al extenderse
sus dominios a ambos lados de esta cordillera.
Había nacido el segundo gran estado
de la Península: la Confederación
catalano-aragonesa. La unión se realizaría
sin menoscabo de las leyes particulares,
costumbres e instituciones de cada estado,
es decir, sin ser una unión uniformizadora.
Régimen confederal que se aplicaría
a cada uno de los territorios conquistados
con posterioridad.
Con
esta tendencia integradora del NE peninsular
contrastaría la actuación
del rey castellano-leones
Alfonso VII, en general poco afortunada.
Indirectamente contribuyó a la separación
de Navarra y Aragón en 1134, no supo
impedir la independencia de Portugal y a
su muerte separó a León de
Castilla, que a partir de 1230 se unirían
de finitivamente. Esta dispersión
de fuerzas impidió que castellanos
y leoneses se aprovechasen del hundimiento
almorávide tras la batalla de Cutanda,
que sin embargo si seria aprovechado por
portugueses (toma de Santarem y Lisboa)
y catalanes (toma de Tortosa y Lerida).
Esa misma desunión de la España
noroccidental seria un factor decisivo a
la hora de no poder impedir un nuevo asalto
berebere a la Península, propiciado
por la secta marroquí de los almohades,
que unificarían la Península
con su fanatismo religioso, tras la desastrosa
derrota de los castellanos de Alfonso VIII
(1195) en Alarcos. La gravedad de la situación
llevaría a la formación de
una coalición de portugueses, navarros,
castellanos y aragoneses, con importantes
refuerzos francos, alemanes e ingleses,
que inflingirían una demoledora derrota
a los almohades en las Navas de
Tolosa (16 de Junio de 1212),tras
la que el poder musulmán en la Península
se derrumbaría de forma irreversible.
e. El siglo XIII.
Los
terceros reinos de taifas apenas pudieron
oponer resistencia a los monarcas cristianos.
Alfonso IX de León ocupó Extremadura
empresa en la que tuvieron un papel destacado
las Ordenes Militares de Santiago y Alcántara,
nacidas en la segunda mitad del siglo XII;
Sancho II de Portugal se adueñó
del Algarve; y Fernando III el Santo de
Castilla, tras unificar
su reino con el leones en 1230, sometió
toda Andalucia, tras la importante toma
de Sevilla, excepto el reino nazarí
de Granada, al tiempo que su primogénito
Alfonso X el Sabio conquistaba Murcia, cerrando
el frente sur aragonés.
También para la corona aragonesa
el siglo XIII significó una total
remodelación de fronteras. Después
de la pérdida de los territorios
ultrapirenaicos, tras la derrota de Pedro
II en Muret, su hijo y sucesor Jaime I el
Conquistador, obtuvo el sometimiento de
las Baleares y la Reconquista de Valencia
(1233-1253). A diferencia de lo acaecido
en el valle del Duero, la repoblación
de las cuencas del Guadiana y del Guadalquivir
no hizo surgir una clase de modestos propietarios
libres, sino que, realizada por el sistema
de repartimientos, sentó las bases
del actual latifundismo.
De este modo, los nobles castellanos obtuvieron
un exagerado poder económico y político,
motivo de las grandes agitaciones políticas
de los siglos siguientes. Por el contrario,
en la región valenciana, aunque también
se dio el latifundio, predominó la
pequeña propiedad y el censo enfiteútico.
Concluida la Reconquista a mediados del
siglo XIII (la pervivencia del reino de
Granada no obedece a motivaciones militares,
sino al interés castellano por mantener
en su suelo una importante puerta comercial
con Oriente, proveedora de importantes ingresos
tributarios),los reinos cristianos obtuvieron
nuevos campos para su actividad feudal.
La Confederación catalano-aragonesa
prosiguió brillantemente su expansión
por el Mediterráneo, mientras Portugal
iniciaba la suya por el Atlántico.
Mientras, Castilla, dividida por guerras
civiles, trataba de consolidar su dominio
del Estrecho de Gibraltar (toma de Tarifa
y Algeciras, con lo que se creaba una importante
cabeza de puente en Marruecos), y hacia
frente a la última invasión
norteafricana, la de los Benimerines, derrotados
en el Salado en 1340. Las luchas internas
castellanas se iniciarían con la
rebelión de Sancho IV el Bravo contra
su padre Alfonso X el Sabio (1284), proseguirían
durante las minorías de edad de Fernando
IV y Alfonso XI, pese a la enérgica
actitud anti-nobiliaria de la regente Maria
de Molina, y culminarían en tiempos
de Pedro I el Cruel, con una sangrienta
guerra dinástica. Tras la lucha por
su espacio vital (reconquista),en Castilla
se desataría, durante el siglo XIII,
la lucha por el modelo político.
Al otro lado del Sistema Ibérico,
la burguesía mercantil de las ciudades
litorales se convertiría en la gran
protagonista de la expansión mediterránea
de la corona aragonesa, bien secundada por
los monarcas del territorio. Pedro III,
haciendo valer los derechos de su esposa
Constanza, incorporó la isla de Sicília
a la Confederación, a pesar de la
oposición de Francia y la Santa Sede,
que la quería para los Anjou. Hábil
diplomático, Jaime II obtendría,
posteriormente, el derecho feudal sobre
Córcega y Cerdeña de manos
del Papa, al tiempo que acordaba con Sancho
IV de Castilla la división del Norte
de África en zonas de Influencia,
por el Tratado de Monteagudo (1291). Pedro
IV el Ceremonioso completaría la
obra de su predecesor incorporando el reino
de Mallorca-Rosellón, independiente
desde 1276, anexionandose los ducados de
Atenas y Neopatria, nacidos en 1311 a raíz
de la expedición de los almogavares
al Imperio Bizantino, y poniendo fin a los
privilegios de la nobleza.
Con
todo, pese al creciente poderío de
los reinos ibéricos, y a su incrementado
papel internacional, el siglo XIV, la Baja
Edad Media, nacía con síntomas
evidentes de agotamiento del viejo sistema
feudal, estaba comenzando una terrible crisis
en España.
3.4.
LOS CAMBIOS
a.
La crisis del califato.
Todos
estos avances territoriales tuvieron al
mismo una correlación en la vida
de aquellas comunidades. El esfuerzo de
guerra se sostenia sobre el papel aglutinador
del rey, y las aportaciones económicas
de las ciudades incipientes, que enriquecidas
con su comercio construian catedrales, aportaban
tropas y pagaban grandes sumas de dinero
a la corona para las campañas militares.
El creciente poder territorial de la nobleza
hizo ver a esos dos actores la necesidad
de una alianza que organizase los nuevos
territorios y protegiese sus intereses.
Los reyes, especialmente los castellanos,
recuperaron el derecho romano, y amparandose
en esa base jurídica y en el apoyo
de la iglesia, partidaria de un poder fuerte
que la protegiese frente a otras religiones
o la ambición de los nobles, defendieron
su monopolio legislativo y su autoridad
suprema. Así se iria consolidando,
no sin oposición nobiliaria, una
incipiente estructura de gobieno cenrral
basada en tres pilares:
1.
las cortes, organismo representativo de
los tres estamentos, con poderes fiscales,
que sirvió de escenario a la alinaza
entre corona y ciudades (que representaban
al tercer estado)
2. la curia o gobierno y administración
central del rey
3. los merinos castellanos y batlles catalanes,
que repsentaban al rey en los territorios
compitiendo con el poder jurisdiccional
de los nobles
Gran
importancia en este proceso tendria Alfonso
X el sabio de Castilla, que en sus Partidas,
o leyes, introduho reformas legales que
fortalecian su autoridad, o el fuero legal
castellano, que a lo largo de la Alta Edad
Media unificó fueros locales, normas
y leyes, intentando integrar toda la legislación
existente. Este mayor orden y legalidad
mejoró la seguridad juridica y civil,
favoreciendo el comercio y la riqueza.
No fueron los únicos cambios provocados
por reconquista y repoblación, en
una sociedad que al amparo de su crecimeinto
era ahora más urbana, más
cosmopolita y más urbana.