
Esta semana nos ha dejado uno de los intelectuales
más representativos de las ciencias
humanas del siglo XX. Claude Lévi-Strauss
cumpliría el 28 de noviembre 101
años. El significado de su aportación
a las ciencias humanas en general y a la
antropología en particular ha sido
fundamental para todos los que nos dedicamos
al estudio del ser humano.
Lévi-Strauss, sigue siendo un referente
como investigador y comunicador de lo humano.
Tanto su vida como su línea intelectual
pueden decirnos mucho de por qué
consideramos a Lévi-Strauss un Tótem
de la antropología. Estudió
filosofía, como él decía,
porque era algo fácil y acorde a
sus variadas inclinaciones intelectuales.
Así, siguió siempre la idea
clásica que citaba: “Sabio
no es el que da las respuestas correctas:
es el que hace las preguntas correctas”.
En 1934, una llamada telefónica,
le permite ir a Brasil como profesor de
sociología en Sao Paulo. Allí
tendrá la oportunidad de poder estudiar
a tribus amazónicas como los Bororo,
Mundé, Caduveo y, principalmente
a los Nambikwara. Su pretensión:
“Iba en busca de una sociedad reducida
a su más simple expresión.
Así era la de los nambikwara, hasta
el punto de que no encontré en ella
más que hombres”. Hombres no
contaminados por el mundo occidental, que
le podían permitir estudiar a estos
grupos en un estado totalmente diferente
al nuestro para poder comprender mejor al
hombre en general. Este viaje al estilo
Rousseau, de estudio in situ, servirá
para sus estudios posteriores, pero todavía
no le permitían comprender los principios
de la etnología.

En 1939, vuelve a Francia y es movilizado
como enlace entre las tropas británicas
y francesas, en la Línea Maginot.
Como no había ingleses, tenía
tiempo para meditar. Así que, observando
un campo de Dientes de oro, intuyó
la idea de las leyes de la organización
de los grupos de seres vivos y como no,
humanos. Al acabar la Guerra Mundial, llega
a Nueva York. Allí se empapará
de etnología, leyendo todo lo que
pudo sobre el tema en la Biblioteca pública
de Nueva York. Pero también, se encontró
con Jakobson, un reputado lingüista
que le mostró el método estructuralista
que inventó Saussure sobre el estudio
de las lenguas. Claude aplicó este
método a la etnología, para
analizar los sistemas de organización
social y de parentesco. Así, publicó
en 1949 “Las estructuras elementales
del parentesco”. Donde nos viene a
decir que; toda organización social
viene dada por una serie de estructuras
que actúan como principios que sirven
para desarrollar cualquier ley o regla social.
Estamos hablando de los principios básicos
que rigen la enorme variedad de reglas que
prohíben, prescriben o favorecen
los intercambios de parentesco en las más
diversas culturas. Estas estructuras son
de carácter universal. De aquí
que se conozca su campo de trabajo como
la antropología estructural. En concreto,
son esclarecedores los estudios, en este
libro, de la organización social
que viene dada por la idea de la prohibición
del incesto y la aprobación de la
exogamia (unión con alguien de otro
grupo).
Como cualquier ser vivo, los grupos sociales
cumplen leyes universales naturales, pero
las traducen en reglas culturales. Lévi-Strauss
encuentra la relación paradigmática
que hay en el ser humano entre lo natural
y lo cultural. Somos seres bioculturales.
En 1962 publica “El pensamiento salvaje”.
En esta obra su discurso etnográfico
va más allá; por ejemplo,
con sus consideraciones del (presunto) pensamiento
salvaje. Puesto que para él es incorrecto
oponer esta forma de pensamiento al pensamiento
(presuntamente) civilizado. En ambos casos
estamos hablando de la misma forma de pensamiento
que, siguiendo a Lévi-Strauss, podemos
llamar natural. De aquí que la estructura
de nuestra cultura es tan mítica
como cualquier otra. Reivindica la diversidad
cultural en contra de la idea clásica
de progreso de la civilización occidental,
que es excluyente y endogámica. Cuando
se opera así, se constata que desde
el punto de vista antropológico la
clave del progreso más intenso está
en el intercambio cultural y no en la eliminación
taxativa del otro, como lo demuestra el
hecho de que las culturas aisladas raramente
experimentan avances considerables. Esta
postura no sólo es de carácter
social, sino también ecológica.
La destrucción de todo tipo de especies,
que ni tan siquiera conocemos, es el peor
mal que nos podemos hacer a nosotros mismos.
El progreso, nos está llevando a
un camino sin salida, que sólo contempla
una línea de acción ante los
problemas, ya que las otras posibilidades
las estamos destruyendo. Todo en el Universo
tiene sentido. Aquí ya no estamos
en una perspectiva epistemológica,
sino en un ámbito moral. Las consecuencias
de esta indiferenciación entre culturas
se hallan, como es notorio, en el centro
de nuestros debates actuales acerca del
multiculturalismo. Para nuestro antropólogo
la diversidad, se convierte en la bandera
que debemos proteger si queremos seguir
utilizando la riqueza de la creatividad
humana, para poder afrontar los desafíos
del siglo que acabamos de estrenar.

De 1964 a 1971 su producción se desarrolla
en el estudio de la mitología. Ya
que es en los mitos donde podemos encontrar
las conexiones más interesantes y
fundacionales entre las diferentes culturas
o sociedades, partiendo de la mirada interior
que tienen sobre el mundo. Ahí se
encuentran las estructuras originarias de
la cultura en general. En el análisis
de los mitos, se intenta detectar el complejo
sistema clasificatorio que se esconde por
debajo de las aparentes arbitrariedades
genealógicas propias de las religiones.
Se trata de la búsqueda de un esquema
formal que permita entender los mitos concretos
en clave de aplicaciones de un sistema general
mitológico. Ya que, al fin y al cabo,
los mitos se parecen extraordinariamente
de un extremo a otro de la Tierra. ¿Cómo
explicar este llamativo fenómeno?
Nuestro autor vendría a responder
así: entendiendo las múltiples
combinaciones de un mito como mensajes de
un mismo código. Lévi-Strauss
aplicará su método estructuralista.
Según el cual, todas las sociedades
tienen la misma mentalidad (formas invariables
inconscientes), que se expresan en diversos
contenidos. La función del método
consiste en descubrir las relaciones estructurales
en una sociedad. En este caso su estudio
de la mitología se dirigió
a los pueblos nativos de Norteamérica.
Ya que Lévi-Strauss partía
de la idea de que los hechos sociales están
articulados a través del lenguaje
y, es en los mitos donde el lenguaje adquiere
su papel más simbólico, ya
que un mito pretende abarcar la realidad
en un todo completo. Estas narraciones se
fundamentan sobre la tradición oral
que a base de repeticiones y cambios consigue
convertirse en la historia identitaria de
un pueblo. El estudio de los mitos de estos
pueblos se desarrolló en cuatro volúmenes
conocidos por Las Mitológicas. Como
decía Lévi-Strauss: “Nuestro
método se reduce a postular una analogía
de estructura entre diversos órdenes
de hechos sociales y el lenguaje, que constituye
el hecho social por excelencia”.
Lévi-Strauss no sólo revolucionó
la manera de trabajar en ciencias sociales,
sino que también nos permitió
descubrir cómo interpretar un mundo,
que solo es uno pero diverso, desde la humildad
del humanismo que hemos heredado. Como decía
en 1970: “un humanismo bien ordenado
no comienza por uno mismo, sino que coloca
al mundo antes que la vida, la vida antes
que el hombre, el respeto a los otros antes
que el amor propio; y que incluso una permanencia
de uno o dos millones de años sobre
esta tierra, en vista de que de todas maneras
tendrá un fin, no podrá servir
de excusa a ninguna especie, así
fuese la nuestra, para apropiársela
como una cosa y conducirse hacia ella sin
pudor ni discreción.”
