
Carlos
Marx
Llamamos
revolución social a cualquier revolución
clasista que tiene como finalidad la toma
del poder del Gobierno, basándose
en ideologías típicamente
marxistas, socialistas o comunistas: por
eso se conocen también como revoluciones
comunistas.
A
lo largo de la historia se han sucedido
revoluciones clasistas tales como la revolución
obrera de 1848, la revolución bolchevique
de 1917 o a la revolución china.
Tras
la caída del primer imperio francés,
todas las monarquías absolutistas
fueron restituidas en el Concilio de Viena,
lo cual trajo un gran descontento popular,
origen de los levantamientos. Los principales
alicientes fueron, conjunto con el de la
restauración del Antiguo Régimen:
•
La terrible plaga que asoló por completo
los campos de cultivo, destrozando las cosechas
y originando diversos conflictos en la búsqueda
de alimento.
•
La falta de materias primas, que obligó
a las industrias a realizar terribles recortes.
Como respuesta se organizaron huelgas y
levantamientos, fundamentalmente en París,
que dieron paso a la Segunda República
francesa.

En
este artículo nos centraremos en
la revolución de 1848 en territorio
inglés.
La
industrialización de Inglaterra fue
consecuencia de la conversión de
la agricultura tradicional de subsistencia
en una agricultura de mercado, dedicada
a la exportación. Se introdujeron
mejoras en la maquinaria (aparición
de nuevos elementos o aplicación
de la máquina de vapor de Watt a
los ya existentes) y en los sistemas de
cultivo (es el caso del novedoso sistema
Norfolk, que condenaba finalmente la hasta
entonces empleada técnica del barbecho),
hecho que produjo tanto un excedente de
producto como de mano de obra.
El
problema del excedente de producto alimentario
se solucionó rápidamente,
ya que Inglaterra era un país con
múltiples facilidades para el comercio
exterior, y el excedente de mano de obra
tampoco fue tan problemático como
en un inicio parecía.
La
exportación de productos agrícolas
introdujo un gran capital en el país,
que decidió invertirse en la naciente
industria de las ciudades. Los antiguos
agricultores, desposeídos de sus
tierras tras la supresión de la propiedad
comunal (“Enclosure Acts”),
emigraron a las ciudades en busca de trabajo
en las fábricas. Se produjo un éxodo
rural masivo.
Las
condiciones de vida en las fábricas
y en los barrios obreros eran prácticamente
infrahumanas. Las fábricas eran enormes
construcciones oscuras y con muy mala ventilación
(algunas incluso estaban bajo tierra), y
las casas de los trabajadores se hacinaban
en barrios prácticamente marginales
y sin ningún tipo de higiene.
Los
sueldos eran ínfimos, y tan precarios
que era necesario que todos los miembros
de la familia trabajasen para poder mantenerse.
Los capitalistas se aprovechaban de esta
situación, y los sueldos femeninos
e infantiles eran aún más
pobres. Eran comunes las jornadas de más
de diez horas de trabajo sin descanso.
Cuando
los trabajadores comenzaron a concienciarse
de su pésima calidad de vida y del
poco humanizado trato que les imponían
los empresarios, comenzaron a reunirse,
en asociaciones por oficios, intentando
poner fin a su situación mediante
huelgas y manifestaciones. La respuesta
del gobierno fue la supresión de
estas asociaciones y la prohibición
de las huelgas.
En
1824, sin embargo, se levantan estas leyes
de prohibiciones y comienzan a surgir las
primeras organizaciones sindicales, conocidas
bajo el nombre de “Trade Unions”.

Robert Owen, fundador
delas Trade Unions
Las
quejas y manifestaciones se sucedieron en
diferentes procesos.
Desde
finales del siglo XVII hasta la década
de los treinta, predominó el llamado
ludismo, manifestación violenta del
descontento generalizado de los obreros,
mediante la amenaza directa al empresario
a través de cartas y la destrucción
tanto de la maquinaria como de las materias
primas de la fábrica. Apareció
el personaje popular conocido como General
Ned Ludd, a quien podríamos llamar
el Robin Hood de los obreros, seudónimo
bajo el cual se firmaron todas las cartas
de amenaza.
Durante
la década que abarca desde 1838 hasta
1848 (año de inicio de la verdadera
revolución), predominó un
fenómeno conocido como cartismo.
Esta vez, las cartas de queja (que no de
amenaza) se enviaron directamente al Parlamento
inglés. Los obreros se manifestaban
por sus derechos como seres humanos y por
primera vez exigían su derecho a
voto. Las cartas fueron rechazadas, y se
abandonaron los métodos diplomáticos:
se inició un período de sabotaje
y disturbios violentos en las calles.
La
ideología más desarrollada
durante la revolución obrera fue
el socialismo, del que poco a poco se fueron
diferenciando tres grandes grupos:
•
El socialismo utópico, formado y
apoyado por la clase burguesa, rechazaba
la revolución violenta como método.
Pretendía conseguir, por métodos
diplomáticos, una sociedad idealizada,
sin clases, donde todo el mundo tuviese
los mismos derechos.
•
El socialismo científico o socialismo
marxista, cuyo máximo representante
es Karl Marx, defendía la revolución
y la toma violenta del poder por parte del
pueblo obrero, que impondría una
dictadura que paulatinamente daría
paso a una sociedad idealizada, sin clases,
la sociedad comunista. Apoya la abolición
de la sociedad capitalista.
•
Anarquismo, liderado por Mihail Bakunin,
que alienta al campesinado a la revolución
espontánea y sangrienta, y a la completa
destrucción del Estado o de la autoridad.
El sistema alternativo que propone es la
abolición de la propiedad privada
y del Estado, organizando el pueblo en comunas
federadas con completa autonomía
económica. Igualmente apoya la sociedad
sin clases.
La
lucha obrera concluyó con la creación
de la Primera Internacional, en 1864 en
Londres, una asociación que trató
de unir a todos los trabajadores de los
diferentes países bajo un mismo lema:
“Proletarios del mundo, uníos”.
Inicialmente agrupaba a sindicalistas ingleses,
anarquistas y socialistas franceses e italianos
republicanos.
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