
Como
sabemos, el tipo de cambio es el número
de unidades de moneda nacional que debemos
entregar para obtener una unidad de moneda
extranjera. Este cambio se fija en función
de la oferta y demanda de las divisas, la
situación macroeconómica de
los paises o los tipos de interés,
entre otros criterios. Es muy importante
para las compras y ventas de bienes y servicios.
Por ejemplo, si nuestra moneda está
cara respecto a otra, nos será más
barato comprar productos de esos países.
Por el contrario, nos será más
difícil vender en esos países
ya que nuestro producto será más
caro para ellos, ya que tendrán que
darnos más unidades de su moneda
para nosotros recibir las mismas unidades
de la nuestra. Algunas veces los gobiernos
usan los tipos de cambio para hacer crecer
la economía. Si devalúan la
moneda, hacen que la moneda esté
más barata respecto a otras, lo que
favorece las exportaciones y por tanto el
crecimiento de la economía nacional.
Por lo tanto, estas son medidas artificiales
y no es conveniente que los gobiernos abusen
de ellas ya que resta credibilidad al país
y esto en los mercados financieros, no es
bueno.
En los años 80, bajo el mandato de
Ronald Reagan, la cotización del
dólar subió respecto a otras
monedas. Por tanto, las importaciones crecieron
mucho y las exportaciones, al tener una
moneda cara, disminuyeron. En definitiva,
los productos americanos eran poco competitivos
en el exterior, solo por el efecto del tipo
de cambio. Esta situación originó
un elevado déficit comercial a la
economía americana. Por primera ves
desde el final de la primera guerra mundial,
Estados Unidos se convertía en un
país deudor. Esta situación
provocó que algunos políticos
americanos quisieran implantar medidas proteccionistas
para la economía americana, gravando
con altos aranceles a los productos importados.
Por el contrario, países como Alemania
o Japón tenían un importante
superávit comercial, entre otras
cosas fruto de sus exportaciones a Estados
Unidos.
Estos desequilibrios comerciales, fuertes
déficits y superávits, podían
crear graves trastornos económicos,
que a su vez podrían trasladarse
a los mercados de divisas y a la economía
internacional.
Para frenar esta situación, en septiembre
de 1985 el entonces secretario del tesoro
americano, James Baker, convocó en
el hotel Plaza de Nueva York a los siguientes
países: Francia, Alemania Occidental,
Japón, Reino Unido y a los Estados
Unidos. A esta reunión asistieron
los ministros de finanzas así como
los gobernadores de los bancos centrales
de los países citados.
El gobierno americano abandonaba su política
de no intervención en los mercados
y fruto de la reunión, estos países
acordaron una acción conjunta para
devaluar el dólar, que por entonces
cotizaba demasiado alto. Decidieron impulsar
una apreciación ordenada de las principales
monedas frente al dólar. Los cinco
países emitieron una declaración
conjunta sobre la conveniencia de una “apreciación
ordenada” de las monedas, salvo el
dólar y su disposición a ayudar.
La razón era doble:
• Reducir el déficit por cuenta
corriente de los Estados Unidos.
• Ayudar a USA a salir de la recesión
que comenzó a principios de los 80.

Esta devaluación del dólar
hizo aumentar las exportaciones americanas
hacia sus socios comerciales, ya que para
estos era más barato el comprar bienes
o servicios fabricados en USA. Del mismo
modo, también relajó la presión
de aquellos que pedían que se aplicasen
medidas proteccionistas para la economía
americana.
Las consecuencias no fueron iguales en todos
los países. Los Estados Unidos consiguieron
reactivar sus exportaciones, que era su
principal objetivo. Fue como un impulso
para la economía americana, pero
no tanto para el resto. En Europa, esta
política no tuvo unos efectos muy
negativos. Pero en Japón no puede
decirse lo mismo. La revaluación
de Yen japonés respecto al dólar,
provocó un estancamiento en la economía
japonesa, ya que disminuyeron sus exportaciones
por la pérdida de competitividad.
Los otros cuatro países pretendían
que Japón, en lugar de exportar tanto
como lo venía haciendo, fomentase
el aumento de su demanda interna, de forma
que se viese menos presionado a exportar
para que su economía siguiese creciendo.
En la actualidad, estamos viendo que el
déficit comercial de USA es enormemente
grande. Para corregir este desequilibrio
comercial es necesario incrementar las exportaciones.
Al igual que sucedió en 1985, un
dólar débil ayudaría
a la economía americana a incrementar
las ventas en el exterior. Ahora bien, esta
situación favorable para la economía
de USA tiene su contrapartida en la europea.
Los países de la zona euro pierden
competitividad ya que su moneda se encarece
y por tanto, les resultará más
difícil el exportar sus productos.
Como consecuencia de esta situación
tan conflictiva en el mercado de divisas,
algunos países están reclamando
un “nuevo acuerdo del Plaza”,
de forma que cualquier ajuste en el cambio
de las monedas se realice de forma ordenada.
Esta semana se reúnen los países
del G-20 y es posible que se alcance algún
tipo de acuerdo que afecte al mercado de
divisas de forma que las variaciones que
se vienen produciendo estén coordinadas,
en lugar de ser un arma de unas economías
frente a otras.
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