
Un
jueves de 1903, en Kitty Hawk, en el este
de los Estados Unidos se creó la
primera maquina voladora de la historia
impulsada por un motor de gasolina construida
por los hermanos Wright. El aparato consiguió
elevarse desde el suelo y volar 40 hasta
su aterrizaje que se produjo sin ningún
percance. Los primeros aeroplanos tenían
uno, dos, tres o incluso más juegos
de alas.
En 1909 otro destacado aviador Europeo cruzó
en uno de sus pequeños y elegantes
aeroplanos los 41 Km del canal de la mancha
que separaban Francia de Inglaterra.
Esta travesía llevada a cabo por
Blériot demostró lo efectivo
que podía ser el monoplano. En los
años siguientes los monoplanos predominaron
en las carreras aéreas debido a que
los aeroplanos de varios pares de alas adolecían
de una gran resistencia al aire. Pero desgraciadamente
los monoplanos de competición, sometidos
a grandes esfuerzos sufrieron accidentes
con demasiada facilidad y en 1912 las autoridades
militares francesas y británicas
decidieron prohibir todos los monoplanos.
Creían que un solo par de alas era
peligroso, ya que para conseguir una superficie
de sustentación similar a la de varios
pares de alas debían ser demasiado
largas. La mejor combinación para
lograr solidez y baja resistencia al aire
parecieron constituirla los biplanos (aeroplanos
con dos pares de alas). Así, cuando
comenzó la Primera Guerra Mundial,
casi todos los cazas y aeroplanos de reconocimiento
eran biplanos. Las exigencias de la guerra
dieron un enorme impulso al desarrollo de
la aviación, Al terminar el conflicto,
el aeroplano era una maquina relativamente
complicada y fiable.

Durante la primera guerra mundial se construyeron
algunos triplanos (aeroplanos con tres pares
de alas). Como el triplano alemán
Fokker vulgarmente conocido como “Barón
Rojo” que se decía que tenia
“un aspecto terrible y que subía
como un ascensor”. También
era muy maniobrable. Pero la resistencia
aerodinámica frenaba el avance de
los triplanos y en 1917 ninguna fuerza aérea
los utilizaba.
En los años que siguieron la primera
guerra mundial se construyeron biplanos
cada vez más grandes. Como el Short
Sarafand un enorme hidroavión construido
por primera vez en 1932 capaz de mantenerse
en el aire durante más de 11 horas.
Cuatro años más ya había
aviones que volaban a más de 200
Km/h, ascendían hasta 6000 metros
de altitud y ejecutaban acrobacias como
rizos u toneles. En 1929, los torpes aeroplanos
de madera eran ya casi objetos del pasado
y nuevos aviones de material con fuselajes
y alas aerodinámicos surcaban el
cielo a velocidades con las que antes no
podía ni soñarse.

Hoy en día, las avionetas de un solo
motor sirven para el adiestramiento de pilotos,
para trasporte básico en lugares
remotos y por el puro placer de volar. Son
aviones relativamente sencillos que generalmente
tienen un tren fijo de aterrizaje, un único
ala sobre la cabina del fuselaje, cola simple
y un motor de gasolina que hace girar a
la hélice situada delante. Suelen
responder a un diseño muy convencional
y funcionan en gran parte como los aeroplanos
de los pioneros de la aviación. Solo
los materiales son genuinamente nuevos,
con aleaciones de aluminio y plástico
en sustitución de la madera y tejido
tradicionales.
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