
La
historia del buque Vasa es probablemente
desconocida para la mayoría de vosotros,
como lo era para mí hasta este verano,
que tuve la suerte de viajar a Suecia.
El Vasa es el único buque del siglo
XVII que ha sobrevivido hasta nuestros días.
Se encuentra, desde 1990, en un museo en
Estocolmo, que es el más visitado
de Escandinavia. Impresiona cuando entras
al museo y ves ese enorme buque que nadie
ha tocado desde hace tres siglos. Además
se encontraron esqueletos de la tripulación
y multitud de de objetos de la época:
herramientas, ropa, monedas, armas...
Su historia es muy interesante. Fue un navío
de guerra sueco que mandó construir
el rey Gustavo II Adolfo de Suecia, de la
casa de Vasa, que naufragó durante
su viaje inaugural en 1628, en el puerto
de Estocolmo.No volvió a ver la luz
hasta que en 1961 fue rescatado. En esa
época Suecia estaba en guerra con
Polonia y el rey quería controlar
el mar Báltico, por lo que este buque
fue construido para mantener el predominio
en esa zona y mostrar la potencia de su
reino. Supuso un gran coste económico
y en su construcción colaboraron
técnicos de todo el mundo, sobre
todo holandeses. Pretendía ser el
navío más poderoso jamás
construido y el mejor armado de la flota
sueca. Se talaron 1000 robles para su construcción,
y necesitaron más de 400 personas,
durante dos años.
Se pretendía impresionar, por lo
que además de ser una formidable
máquina de guerra era una verdadera
obra de arte. Como en esa época no
existían planos de construcción,
se utilizaron tablas de dimensiones que
habían funcionado antes con otras
naves. Pero durante la construcción
el rey pidió modificaciones porque
quería dos cubiertas de cañones
en vez de una, que era lo habitual. Nadie
se atrevió a contradecirle y esos
cambios le dieron inestabilidad, ya que
era demasiado alto y pesado en la parte
superior.
El 10 de agosto de 1628 el Vasa levó
anclas, ante las autoridades y muchos curiosos.
Al dejar el muelle, a 100 metros de la costa,
una ráfaga de viento le escoró
logrando corregir su rumbo, pero una segunda
ráfaga le golpeó por el costado
y el agua comenzó a entrar por las
cañoneras, por lo que se acumuló
agua en la bodega y se fue a pique en media
hora. Se ahogaron unos 30 miembros de la
tripulación, de un total de 150 miembros,
que incluía mujeres y niños.
Los soldados aún no estaban en el
barco.

Se hundió porque cuando estaba avanzada
su construcción, el rey se empeñó
en que debía llevar el doble de cañones,
por lo que hubo que modificar el diseño
del barco, construyendo una estructura muy
alta con dos cubiertas para cañones
a cada flanco, resultando demasiado alto
su centro de gravedad y demasiada pesada
su parte superior. Por lo que el fondo del
buque se llenó con piedras a modo
de lastre para mantener la estabilidad,
pero al ser demasiado pesado en la parte
superior las 121 toneladas de lastre no
fueron suficientes para bajar su centro
de gravedad, y no se podía poner
más lastre porque el navío
no podía soportar el enorme peso
que esto suponía. En cuanto se ladeó
con el viento, perdió la verticalidad.
Los ingenieros navales, tras un largo proceso
salieron absueltos ya que a pesar de ser
conscientes de los errores de construcción,
habían realizado las modificaciones
por orden del rey. En 1663 consiguieron
rescatar casi todos los cañones de
bronce con una campana de buzo muy rudimentaria,
en la que se mantenía una burbuja
de aire y podían hacer inmersiones
de media hora, pero el resto del navío
permaneció en el fondo del mar durante
333 años.
Es curioso como era el barco, a la vez una
máquina de guerra y un palacio flotante.
Tenía 64 cañones en dos puentes,
69 m. de eslora, una altura de 52 m. y desplazaba
1210 toneladas. La tripulación iba
a ser de 1445 hombres y 300 soldados Al
mismo tiempo era muy suntuoso: pintado de
oro y rojo, con 3 mástiles, más
de 10 velas y multitud de adornos. La decoración
era exagerada para ser un barco de guerra,
algo habitual de la época, para dar
una imagen de poder. Había más
de 1000 esculturas individuales de madera,
policromadas y muchas con oro auténtico;
para ensalzar el poder de la monarquía
sueca: sirenas, guerreros, emperadores romanos,
escudos...
Su descubrimiento fue debido a un arqueólogo
marino, Anders Franzén, en los años
50, que se dio cuenta que el Báltico
tenía poca sal por lo que no se desarrollaba
el molusco teredo navalis que destruye la
madera de los barcos hundidos. Consiguió
convencer a autoridades y patrocinadores
privados, y pudo rescatarlo en abril de
1961,con gran expectación, tras varios
años de preparación. Los buzos
excavaron túneles bajo el casco y
pasando cables lo reflotaron. Tardarían
casi 30 años en restaurarlo. Se recuperaron
cerca de 14000 objetos de madera, incluidas
700 esculturas, que se conservaron individualmente
y después se colocan en su ubicación
original, reconstruyéndolo como si
fuera un rompecabezas. Fue complicada su
conservación ya que la madera se
estropeaba en contacto con el aire por lo
que se roció varios años con
polietileno glicol, que es un producto que
entra lentamente en la madera y reemplaza
al agua. Su conservación actual continúa
y depende de una atmósfera estable.
Lo ideal sería colocarlo a oscuras
sin oxígeno, pero entonces no podría
exponerse al público.
El museo dedica gran parte de su esfuerzo
a la reproducción de sus partes para
poder reemplazarlas cuando sea necesario
ya que el aumento de ácido sulfúrico
en la madera pueden deshacerla. También
están tratando de determinar los
colores originales con un microscopio electrónico
con rayos X. Además de la sala en
la que se exhibe el buque, hay otras salas
con exposiciones que informan sobre su historia
y presentan los objetos que había
a bordo: utensilios, ropa, monedas, mapas
de las rutas navales..., esqueletos de la
tripulación, incluso un cráneo
con una impresionante herida de muerte Y
lo que más me llamó la atención
es la reproducción de los navegantes
a partir de los esqueletos encontrados,
e incluso de algunos han realizado maquetas
de la cabeza que impresionan mucho por su
realismo. Otra curiosidad es la campana
de buzo donde se metía una persona
para sumergirse hasta 30 metros. La popa
del Vasa está decorada con tallas
ornamentales impresionantes. Los visitantes
no pueden subir al barco pero se puede observar
desde cualquier ángulo, ya que hay
7 niveles alrededor del espacio donde está
el navío. Se puede subir a un mástil
falso para observarlo y poder tener la impresión
de los marineros cuando subían allí.
Es un museo que vale la pena visitar, y
que es poco conocido fuera de Escandinavia.
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