
La
orden del temple fue la mayor orden militar
cristiana jamás existente sobre la
faz de la tierra. Los primero datos históricos
sobre los templarios fue proporcionada por
un historiador francés llamado Guillermo
de Tiro que decía que la orden templaria
se fundó en 1118. Fue fundada por
un noble de Champagne llamado Hugues de
Payen. Él, junto con otros 8 caballeros
se presentó en el palacio de Balduino
I (rey de Jerusalén) y se ofrecieron
para velar por la seguridad de los caminos
y las carreteras cuidando especialmente
a los peregrinos, sin recibir nada a cambio.
El rey al oír esto puso a su disposición
todo el palacio instalándoles en
un lujoso alojamiento. El lugar en el que
se alojaron se edificó sobre el antiguo
Templo de Salomón, de ahí
recibieron el nombre de Templarios.
Durante nueve años más los
9 caballeros no aceptaron que nadie más
entrase a formar parte de la Orden del Temple.
Pasados 10 años su fama llego a Europa.
En Enero de 1128 se convocó un concilio
eclesiástico en Troyes donde se confirmo
oficialmente a la Orden del Temple como
una orden religiosa-militar.
Al entrar en la Orden del Temple debías
hacer votos de pobreza, de castidad y de
obediencia. Estaban obligados a llevar el
pelo corto y a dejarse la barba larga. En
batalla estaban obligados a luchar hasta
morir, no podían suplicar clemencia
ni batirse en retirada a no ser que fuesen
superados numéricamente a razón
de 3 contra 1. Todos los miembros de la
Orden estaban obligados a vestir un hábito
blanco con una capa del mismo color. La
regla de la Orden decía:
“A todos los caballeros profesos,
tanto en invierno, como en verano, damos,
si pueden obtenerse, prendas blancas, para
que aquellos que han dejado atrás
una vida tenebrosa sepan que deben encomendarse
al creador por medio de una vida pura y
blanca”
“No se le permite a nadie llevar hábitos
blancos, o tener mantos blanco, exceptuando
a los caballeros de Cristo”
Todos los nobles Europeos corrían
a enrolarse en la Orden ya de todos los
rincones cristianos llegaban bienes, dinero
y tierra. Al ser admitido en la Orden, tenías
la obligación de donar todas tus
tierras y tus bienes a esta. Pasados escasos
doce meses del concilio de Troyes la Orden
tenía ya tierras por Francia, Inglaterra,
Escocia, Flandes, España y Portugal.
Al cabo de diez años tenían
tierras también en Italia, Austria,
Alemania, Tierra Santa y partes del este.

En 1146 los templarios adoptaron la famosa
cruza roja. En batalla, su disciplina era
magnifica, eran la mayor fuerza de del mundo
en aquel tiempo. En los siguientes 100 años
los templarios se convirtieron en una fuerza
con influencia internacional.
Empezaré hablando del hombre que
marcó en final de esta Orden. En
1306 Felipe IV de Francia (Felipe el Hermoso)
deseaba con todas sus fuerzas acabar con
la Orden del Temple, envidiaba su gran poder
y riquezas. Años atrás había
intentado formar parte de la Orden, pero
fue rechazado. Todos estos motivos y algunos
más le incitaron a acabar con ella,
ya la escusa perfecta era acusarles de herejes.
No obstante Felipe estaba “atado de
pies y manos” ya que necesitaba el
permiso del papa, al cual los templarios
le debían lealtad y obediencia. Entre
1303 y 1305 ordenó el asesinato de
dos piezas clave en este juego que estaban
del lado templario: Bonifacio VIII y Benedicto
XI.
En 1305 logró que nombrasen papa
a uno de sus “aliados”, Clemente
V. Felipe había realizado un plan
perfecto e impoluto, así que realizó
una lista de acusaciones hacia los templarios.
Realizó un golpe rápido, eficiente
y letal propio de una mente perversa y manipuladora.
A la mañana del 13 de Octubre de
1307 todos los templarios debían
ser apresados por orden del papa.
Alguna pregunta que a mí me ha surgido
es:
En esa época el ejército de
los templarios se contaba en millones ¿por
qué no se defendieron? La riqueza
y los tesoros que ellos guardaron eran los
mas grandes la historia, es mucha casualidad
que el mismo día del ataque las riquezas
ya estuvieran guardadas, son preguntas cuya
respuesta se llevaron a la tumba.
Finalmente en marzo de 1314 fue quemado
en la hoguera Jacques de Molay, último
gran maestre del temple, con su muerte se
dio fin a la orden del temple,” o
eso dicen”.
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