| La
medicina medieval
eolapaz.es
Teresa
Álvarez, Carlos Gómez
Estudiantes
de secundaria, Colegio La Paz, Torrelavega (Cantabria)
www.eolapaz.com


La
Medicina (sí, con mayúsculas)
es un arte tan antiguo como el Tiempo. Este
servicio del que en la actualidad disfrutamos
todos ha venido sufriendo cambios abismales
desde los primeros chamanes y curanderos
de las tribus de la Prehistoria hasta los
avanzadísimos neurocirujanos de la
actualidad. Aunque el tópico expone
la Edad Media como una época oscura,
de analfabetismo e incultura, eso no es
del todo cierto, ya que durante estos diez
siglos se vinieron produciendo cambios trascendentales
para el régimen actual.
En la Edad Media, una enfermedad podía
ser tratada de tres diferentes maneras:
• Los que en aquella época
decían llamarse médicos (sí,
nos referimos a los médicos con títulos),
utilizaban sus amuletos y profecías
nada concisas, así como teorías
acerca de los sobrantes del cuerpo (la llamada
“Teoría de los Humores”,
que insistía en que el organismo
humano estaba compuesto esencialmente por
cuatro líquidos que recibían
los siguientes nombres: bilis, bilis negra,
flema y sangre. El exceso o deficiencia
de cualquiera de ellos tenía como
resultado trastornos de personalidad o de
salud). Un novedoso invento de los médicos
fueron las sangrías y las amputaciones,
que finalizaban casi siempre con la muerte
del paciente.
• Los monasterios tampoco ofrecían
ningún remedio novedoso contra las
enfermedades, aunque lo que sí que
podían proporcionar era el calor
de una cama, un techo sobre la cabeza y
al menos dos comidas diarias, que, en el
caso de los catarros leves y las gripes,
eran mano de santo.
• La última y más conveniente
opción era acudir a los tan comunes
curanderos (llamados “herbolarios”),
cuyos remedios curativos estaban elaborados
con plantas medicinales preparados según
las instrucciones de los grandes médicos
de las Civilizaciones Antiguas como Grecia
y Roma. Solían ser los medios más
efectivos.
Tradicionalmente, la medicina estaba a cargo
de los monjes, con lo que los monasterios
eran los principales promotores. La primera
orden religiosa dedicada a tales tareas
fue la de los benedictinos. Para los monjes,
tal misión era meramente caritativa.
Los textos médicos empleados estaban
en latín, y eran en su mayoría
fragmentos de obras griegas, sumamente prácticas.
Galeno (130-200 d.C) era la autoridad; fue
una de sus tesis la que frenó el
tratamiento de heridas, ya que afirmaba
por ejemplo que el pus era un producto natural
que favorecía la curación
de las mismas. Como consecuencia, la gente
moría de infecciones.
Aunque quizá el progreso más
importante y notable en cuanto a la medicina
en la Edad Media se refiere es la aparición
de los primeros hospitales, surgidos de
la caridad cristiana. Esta novedosa institución
se extiende pronto por toda la Europa occidental,
anexa a los monasterios, ya que la atención
hospitalaria especializada es llevada a
cabo por los monjes.
El hospital cristiano no fue una institución
asistencial para toda la población,
conforme a su idea original, sino un centro
para acoger desvalidos.
La aparición de los primeros hospitales
es un hecho trascendental que marca el nacimiento
de las primeras órdenes militares
dedicadas a la enfermería y el cuidado
de caballeros heridos o enfermos. Es por
esto que durante el auge de estas órdenes
(los siglos XII y XIII, incentivados sobre
todo por el fenómeno que actualmente
conocemos como las Cruzadas, mediante las
cuales los cristianos tratan de recuperar
Jerusalén) se construye una compleja
red de de hospitales en sus lugares de asentamiento,
aprovechando la circunstancia de de que
muchos peregrinos acudían a ciudades
tan importantes y tan concurridas como Jerusalén,
la Ciudad Santa, y que muchos de los viajantes
caían enfermos debido a la dureza
de la travesía o a los avatares del
Destino, además de los muchos caballeros
que eran heridos en batalla.
Cabe destacar que la medicina medieval (sobre
todo en áreas cristianas) estaba
poco avanzada, por lo que el número
de fallecimientos en los hospitales era
aún muy elevado.
Los miembros de estas nuevas órdenes,
que recibían todas en nombre de “hospitalarias”,
tenían su propia jerarquía,
la cual estaba estructurada en tres grupos
claramente diferenciados:
• Los religiosos, que se encargaban
de la atención espiritual de la orden.
Entre ellos se encontraban los sacerdotes,
que atendían las obligaciones religiosas
en las iglesias, campamentos y hospitales.
No combatían.
• Los clérigos de guerra: eran
estos hombres los que llevaban las armas,
protegían a los peregrinos en los
caminos y luchaban en las Cruzadas.
• Los hermanos sirvientes, quienes
se encargaban de atender a los viajeros
cansados y darles cobijo y cuidar a los
enfermos de los hospitales que ellos mismos
habían creado.
Los hombres pertenecientes a estas órdenes
hospitalarias eran valientes, piadosos y
caritativos.
Vivían al servicio de Dios, como
en las órdenes religiosas mundanas.
Los hospitales fundados se regían
igual que un ejército: cargos, disciplina,
uniformes e insignias.
En la mayoría de los hospitales no
había médico, por lo que el
cuidado de los enfermos quedaba en manos
de la enfermería, además de
un grupo de “voluntarios” que
ayudaban sin necesidad de pertenecer a la
orden, a cambio de cobijo.
Entre las órdenes militares de enfermería
cabe destacar las siguientes tres:
• Caballeros Hospitalarios de San
Juan de Jerusalén, que fundada a
finales del siglo XI, aunque oficializada
en 1138, fue la primera de todas ellas,
y la más renombrada. A su cargo tenía
a los peregrinos que acudían a la
ciudad de Jerusalén, aunque poco
a poco fue tornándose de carácter
militar al entrar en juego las Cruzadas.
• Caballeros de Santa María
del Teutón, que tuvo su origen en
1190, durante el asedio a la ciudad de San
Juan de Acre en la Tercera Cruzada. Originalmente
era sólo una organización
caritativa que ayudaba a los peregrinos
cristiano, mas luego fue reorganizada como
orden militar, a semejanza de los caballeros
Templarios.
• Caballeros de San Lázaro
de Jerusalén, con uno de los primeros
hospitales europeos especializados en una
enfermedad concreta. Los lazaristas acogían
a cualquier caballero que contrajera la
peste, hasta tan punto en que la orden llegó
a estar compuesta de caballeros leprosos
y antiguos enfermos de lepra, que acudían
a las refriegas entre musulmanes y cristianos
como un ejército más.
En la Edad Media hubo un marcado desacuerdo
entre la medicina y la cirugía. Las
obras de Galeno promulgaron esta separación,
diciendo que la cirugía era una forma
de tratamiento, con lo cual dejaban al cirujano
subordinado al médico. Para el cristianismo
de aquella época el cuerpo humano
era una prisión del alma que no merecía
ser llevada a estudio. La medicina medieval
era especulativa, la parte médica
era substantiva y la manual, desdeñada.
Con el tiempo, la cirugía pasó
a manos de los barberos. En 1163 se formuló
un edicto que prohibía la quirúrgica
a los clérigos, hecho vigente en
1215. A tal prohibición se le introdujo
un elemento religioso con el fin de mantener
alejados a los religiosos de tal actividad:
tener una enfermedad era reflejo de los
pecadores, consecuencia de la brujería
y obra del demonio. Como único remedio
a se pasó a emplear la oración
y la penitencia para alejar el mal.
Como colofón la medicina dejó
de enseñarse en los monasterios.
Ese mismo año, gracias al tratado,
los barberos subieron de estatus en Francia.
Aunque surgen en esta época las primeras
escuelas, la mayoría situadas en
los monasterios y principales instituciones
eclesiásticas, la rápida expansión
de las mismas y la gran afluencia de estudiantes
desembarca en la estructura de las actuales
universidades, que iban por cierto en contra
de la mentalidad de la época. Una
de las más prestigiosas en el estudio
de los remedios curativos fue la de Salerno.
Esta universidad basaba su funcionamiento
en la práctica más que en
la teoría, lo cual era un método
de enseñanza reprobado por la Iglesia.
En su biblioteca contaba con numerosos tratados
de anatomía, fundamentados en la
disección de cerdos, además
de otras obras de cirugía.
Entre los estudiantes y profesores también
hubo mujeres, algo muy relevante para la
época, y cabe decir también
que bastante insólito.
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Fuentes:
• La Medicina Medieval,
artículo extraído de la revista
Sàpiens,
traducido y proporcionado por Pere Manel Martín,
Facultad de Historia de Tarragona.
• http://escuela.med.puc.cl/
paginas/publicaciones/
HistoriaMedicina/HistMed_07.html
• http://es.wikipedia.org/wiki/Cuatro_humores
• http://www.portalplanetasedna.com.ar/
humores.htm
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