
En
inglés y en francés assassin,
en italiano assassino, en portugués
assassínio, en maltés assassini;
y es que en todos los idiomas de los países
mediterráneos la palabra asesino
proviene de la palabra árabe haššašin,
que en su origen significaba adictos al
cáñamo o fumadores de hachís.
Pero, os preguntareis, ¿qué
tiene que ver una palabra cuyo significado
es adictos al cáñamo o hachís,
con un asesino?
Pues la verdad es que todo. Esta palabra
deriva de la palabra hashshashiyyín,
término que era empleado para referirse
a una secta islámica, los nizaríes.
Para contar la historia de los nizaríes,
primero hay que relatar la del islam. El
islam apareció con Mahoma, profeta
principal de esta religión, sobre
el año 620 d.C. Por medio de la yihad
o guerra santa, Mahoma conquistó
la península arábiga. Tras
su muerte, hubo varias opiniones a cerca
de quien debía ser su sucesor. Una
de estas facciones quería que se
eligiera a Alí, primo de Mahoma,
y lo consiguieron tras una treintena de
años. Pero cuando Alí se convirtió
en califa fue asesinado y los Omeyas pasaron
al poder. Una parte de los islamitas se
opusieron al reinado omeya, y quisieron
devolver el trono al hijo de Alí,
Husain, pero este murió en una batalla.
Su muerte produjo un cisma en el que sus
seguidores, los chiitas, se separaron del
resto de los musulmanes. Los llamados chiitas
siguieron a los descendientes de Husain,
pero sus sucesores eran asesinados o encarcelados
continuamente, hasta que el duodécimo
imán (jefe) despareció. Un
pequeño grupo de los chiitas lo consideraron
una ocultación divina para librarse
de su destino, y creían que volvería
para ocupar su puesto otra vez, por lo que
no aceptaron a ninguno de los imanes sucesorios.
Este pequeño grupo fue llamado ismailí,
en honor al imán desaparecido, Ismail.

Dentro de los ismilíes hubo una disputa
cuando el califa Al-Mustansir murió.
La sucesión hizo que los ismailíes
se dividieran entre sus dos hijos. Los nizaríes
reconocían al hijo mayor al-Nizar.
Aunque el hijo mayor fue encarcelado y asesinado
por su hermano, un joven ismailí
devoto lideró a los nizaríes
para separarlos del resto de los ismailíes,
liderados por el hermano de al-Nizar. Este
joven se llamaba Hasan al-Sabbah, y su nombre
fue muy conocido y temido por todos los
poderosos de la época, que apodaron
a su grupo Hassassins.
Los nizaríes, eran pues una secta
minoritaria que apareció en el siglo
XI en Persia. Hasan al-Sabbah quería
extender su creencia, y para ello, formó
un ejército con el que conquistó
Alamut en 1091, una fortaleza de piedra
situada en una montaña de muy difícil
acceso y casi inexpugnable.
Alamut se convirtió en su base, y
allí recluto a un temido ejército,
apodado los hashshashiyyín. Los hashshashiyyín
o asesinos estaban entrenados en el arte
de la guerra y del espionaje. Estos guerreros
no formaban en sí un ejército,
ya que sus principales misiones consistían
en asesinar, normalmente a políticos,
reyes o religiosos, o amenazarles. Para
ello, los asesinos formaban feyadines o
grupos de seis hombres.
Durante el reinado de Hasan al-Sabbah los
asesinos acabaron con todos sus enemigos.
Lo más peligroso de la secta no era
el dominio de las armas, que era excelente,
sino su entrega y su paciencia. No dudaban
en morir lanzándose a misiones suicidas
si así se les ordenaba, y podían
tardar años en conseguir asesinar
a alguien, si para ello era necesario infiltrarse,
investigar y pasar mucho tiempo a la sombra
hasta alcanzar la confianza de la persona
lo hacían, y cumplían su cometido.
Una leyenda cuenta que los nizaríes
estaban controlados por su jefe Hasan al-Sabbah
mediante la sugestión mental, ya
que hay indicios que hacen suponer que los
guerreros eran drogados con hachís
que les hacía creer estar en un paraíso,
y que si cumplían su misión
o morían podrían volver a
él, por lo que estos cumplían
sus obligaciones con absoluta precisión
con tal de volver a aquel estado de enajenación
mental que los llevaba al paraíso.

Supuestas
ruinas de la fortaleza de Alamut
Uno de los encargos más sonoros de
los nizaríes fue el asesinato de
Saladino, sultán de Egipto y de Siria
durante la segunda mitad del siglo XII,
que nunca llegó a materializarse.
Saladino fue uno de los protagonistas de
las cruzadas contra los templarios, a los
que ganó en la batalla de Hattin,
recuperando la Tierra Santa. Aprovechando
la paz con los cruzados, Saladino decidió
que era la hora de echar a los nizaríes
de Alamut, que en ese momento estaban dirigidos
por Sinan. Tras un intento fallido, Saladino,
que sabía de la maestría de
los asesinatos de sus enemigos, mandó
montar guardia alrededor de su tienda. Pero
no sirvió de nada, ya que cuando
Saladino despertó llegó a
ver una sombra saliendo de su tienda, y
encontró una daga envenenada con
una nota en su cama. O se rendía
o le matarían, así que Saladino
firmó un tratado con ellos para evitar
su asesinato.
Pero en el siglo XIII los nizaríes
se tuvieron que enfrentar con otro poderoso
enemigo: los mongoles. El nieto de Gengis
Kan, Hulagu Jan, asedió y destruyó
la fortaleza de Alamut, acabando con la
secta. El gobernante nizarí, Jur
Shah, murió dejando un único
heredero que fue escondido. Las tropas mongolas
masacraron a casi todos los nizaríes,
y los supervivientes tuvieron que vivir
ocultos entre los demás musulmanes.
Hasta el siglo XV, los hassassins estuvieron
en la sombra, pero resurgieron desde Irán
para trasladarse a India, con un nuevo apodo,
los Khodjas. Hoy en día el heredero
nizarí se encuentra en Bombay, y
se llama Shah Karim al-Husayn.
La historia de los hassassins ha sido una
fuente constante de leyendas y de ideas
literarias. Como en “Assassin’s
Creed”, una de las series de juegos
más recientes y exitosas de Ubisoft.
Este juego está protagonizado por
un nizarí que lucha contra los templarios,
y hay personajes de fondo como el maestre
templario Roberto le Sable, el Papa Rodrigo
Borgia o el sultán Saladino. O como
en el libro “Ángeles y Demonios”
de Dan Brown, en el cuál se insinúa
la permanencia de esta secta hoy en día.
Lo que está claro es que esta secta
siempre será una misteriosa leyenda
de unos guerreros fumadores de hachís
que por su religión asesinaban a
sus enemigos con mortal eficacia.
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