
Al
tiempo que una magna exposición de
las copias de sus tesoros atrae la atención
del mundo sobre Barcelona, continua la restauración
de los tesoros y momias de este conocido
y, a la vez, enigmático faraón.
Hoy repasamos su historia.
El nombre de Tutankamón resulta conocido
para casi todo el mundo, por el descubrimiento
de su tumba y las reliquias que se encontraban
en ella. Su nombre real era Tutankatón,
es decir, “Imagen viviente de Atón”.
A la tierna edad de nueve años se
convirtió en faraón junto
con su esposa, Anjesenpaatón. Durante
los nueve siguientes años el reino
estuvo gobernado por su “padre divino”,
que era el verdadero cerebro. Años
más tarde Tutankatón promulgo
un edicto de restauración con el
objetivo de reactivar antiguos cultos y
reabrir los templos cerrados en tiempos
de Ajnatón. En el mismo documento
cambió su nombre por el de Tutankamón
“Imagen viviente de Amón”.
El descubrimiento de su tumba, a manos del
arqueólogo Howard Carter, hacia 1922,
supuso una aportación fundamental
para comprender la cultura y la historia
del antiguo Egipto. Además era una
sepultura intacta, un descubrimiento insólito,
ya que nadie había encontrado una
tumba en perfectas condiciones.

La maldición del faraón consiste
en que cualquier persona, que moleste el
eterno descanso de un faraón del
antiguo Egipto, cae en una maldición
la cual le matará en poco tiempo.
Existen creencias que dicen que en la sala
anterior a la tumba del faraón había
escritos que advertían de las maldiciones
para espantar a los posibles ladrones. La
maldición más famosa es la
maldición de Tutankamón.

Pese
a la posible maldición que podría
contraer, Howard Carter arqueólogo
inglés, seguía excavando en
busca de riquezas. Tras varias excavaciones
decepcionantes, el 5 de noviembre de 1922
los trabajadores de la excavación
encontraron un peldaño labrado en
la roca. Tras el peldaño había
joyas y amuletos esparcidos por el suelo;
la tumba había sido saqueada, pero
Carter encontró detrás de
otra puerta cuatro pequeños aposentos
dende había un gran tesoro, incluida
la momia del rey Tutankamón.
La muerte repentina, en la mayoría
de ocasiones en extrañas circunstancias,
de algunos de los exploradores que descubrieron
la tumba pocos meses del gran hallazgo,
ha dado pie a la leyenda de la Maldición
de Tutankamón.
En marzo del 23, cuatro meses después
de abrir la tumba, se producía la
primera muerte. Un mosquito picó
a Lord Carnarvon y después se corto
el grano mientras se estaba afeitando. Esté
se infectó y fue trasladado a un
hospital de El Cairo donde se le curó
la infección, pero una neumonía
le atacó y murió el 4 de abril
de 1923. Dicen que en el mismo momento en
el cual Carnarvon murió, su perro,
que estaba en Londres, aulló por
última vez.
La prensa inglesa comenzó a avivar
rumores sobre la posible la maldición
del Faraón. Y comenzó el rumor
de que en la antesala de la tumba del Faraón
había un escrito que ponía:
«la muerte vendrá sobre alas
ligeras al que estorbe la paz del faraón».

Las muertes prosiguieron; Audrey Herbert,
que estuvo presente en la apertura de la
cámara real, murió inexplicablemente
en cuanto volvió a Londres. El hombre
que dio el último golpe al muro,
Arthur Mace, para entrar en la cámara
real, falleció en El Cairo poco después,
sin explicación. Sir Douglas Reid,
que radiografió la momia de Tutankamón,
enfermó y volvió a Suiza donde
murió dos meses después. La
secretaria de Carter murió de un
ataque al corazón, y su padre se
suicidó al enterarse de la noticia.
Y un profesor canadiense que estudió
la tumba con Carter murió de un ataque
cerebral al volver a El Cairo.
A finales de los años treinta, los
medios ingleses atribuían treinta
muertes a la maldición de Tutankamón.
Décadas más tarde, en los
años sesenta las piezas de la tumba
del faraón Tutankamón fueron
trasladadas a algunos museos europeos. Algunos
directores de los museos murieron poco después
de aceptar los traslados.
El descubridor de la tumba, Howard Carter,
murió en el año 1939, a los
64 años, de muerte natural.
Alrededor de este hecho se han escrito muchos
libros relacionados con la Maldición
y alguna película como: “La
maldición de la Tumba de Tutankamón”
(Russell Mulcahy, 2006).

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