
La
civilización del Antiguo Egipto fue
una de las más importantes del mundo,
(junto con la griega y la romana), especialmente
por su cultura, su mitología y su
literatura.
En la actualidad se conservan numerosas
obras arquitectónicas de aquella
época, como las pirámides
o La Gran Esfinge, lo cual supone un gran
logro, teniendo en cuenta que han pasado
muchísimos siglos.
Si queremos saber más sobre la historia
de Egipto, nos tenemos que remontar 5.000
años atrás; a la etapa del
Neolítico, sobre el 3.000 a.C.
El Antiguo Egipto se situaba en el continente
africano, en torno al Nilo, el segundo río
más largo del mundo.
Los egipcios fueron siempre politeístas,
es decir, veneraban a varios dioses, siendo
Ra, como dios del sol, el principal. Se
calcula que aproximadamente existían
unos 700 dioses egipcios. Entre ellos destacaban
Osiris, dios de la resurrección;
Isis, diosa de la maternidad y el nacimiento;
Horus, dios sanador; Seth, dios del mal
y las tinieblas o Thot, dios de la sabiduría.
Los egipcios también adoraban a los
cocodrilos
El rey de todos los egipcios era el faraón.
Él tenía en sus manos todos
los poderes: gobernar el país, dictar
las leyes, controlar las relaciones comerciales
etc. Los ciudadanos egipcios creían
que los faraones eran dioses. Sus rasgos
más característicos eran la
corona egipcia, el cetro, la barba postiza
o las numerosas joyas que llevaban, en representación
de toda su gloria y poder.

Cuando uno de ellos moría, le sucedía
su hijo, y se creaban dinastías;
en total hubo 31, situadas en distintos
períodos:
•
Período Arcaico (3.100 a.C. –
2.700 a.C.): Antes de este período,
Egipto se encontraba dividido en distintos
reinos, los cuales fueron unificados por
el rey Menes, quien es considerado el primer
faraón de Egipto. Este período
comprende las dos primeras dinastías.
• Imperio Antiguo (2.700 a.C. –
2.250 a.C.): Comprende las dinastías
III, IV, V y VI. Durante este período
la capital de Egipto se estableció
en Menfis. Fue en esta época cuando
empezó la construcción de
las grandes pirámides.
• Primer Período Intermedio
(2.250 a.C. – 2.050 a.C.): Fue un
período donde el poder estaba descentralizado.
Esta época intermedia destaca por
el auge de la literatura. Comprende las
dinastías VII a X.
• Imperio Medio (2.050 a.C. –
1.800 a.C.): Comienza con la reunificación
de Egipto por parte de Mentuhotep II. Es
una etapa de gran prosperidad económica.
Comprende las dinastías XI a XII.
• Segundo Período Intermedio
(1.800 a.C. – 1.550 a.C.): Egipto
fue dominado por el pueblo nómada
de los hicsos. La capital se estableció
en Avaris. Comprende las dinastías
XIII a XVII.
• Imperio Nuevo (1.550 a.C. –
1.070 a.C.): Se produjo la reunificación
de Egipto. Comprende las dinastías
XVIII a XX.
• Tercer Período Intermedio
(1.070 a.C. – 656 a.C.): Comprende
dinastías XXI a XXV (de origen libio).
• Período Tardío (656
a.C. – 332 a.C.): Hubo dominación
persa y gobernantes egipcios independientes.
Comprende dinastías XXVI a XXXI.
• Período Helenístico
o Alejandrino (332 a.C. – 30 a.C.):
Debe su nombre a Alejandro Magno, quien
conquistó Egipto a los persas y fundó
la ciudad de Alejandría.
Algunos de los faraones más importantes
fueron Tutmosis III, Amenofis III, Ramsés
II y III, Tutankamon y Keops, Kefrén
y Micerinos, célebres por dar nombre
a las tres grandes pirámides de Egipto.
Además, la de Keops, es una de las
7 maravillas del Mundo Antiguo. También
estaba el visir, una especie de consejero
del faraón.
En ocasiones también hubo reinas-faraones,
siendo la más célebre de ellas
la legendaria Cleopatra, el último
faraón reconocido del Imperio Egipcio.
Tras su muerte, Egipto fue anexionado al
Imperio Romano en el año 30 a.C.
El modo de escritura de los egipcios eran
los jeroglíficos, tan antiguos como
la aparición de la escritura en Mesopotamia.
Los jeroglíficos se grababan en piedra
y madera, además de en los papiros,
muy utilizados en aquella época.
Un papel fundamental en la sociedad era
el de los escribas, que se encargaban de
redactar los documentos oficiales y llevar
las cuentas de los impuestos reales, entre
otras tareas.
Además de las pirámides, en
Egipto también se construyeron numerosos
templos, destacando el de Abu Simbel, al
sur, y el de Karnak y Luxor, los dos en
Tebas. Las estatuas de los dioses estaban
dentro de los templos, donde los sacerdotes
rezaban y realizaban ofrendas en honor del
dios.

Una de las creencias más conocidas
de los egipcios era que creían en
la vida después de la muerte. Cuando
una persona moría, los egipcios lo
sometían a un proceso muy complicado
llamado momificación. Este proceso
consistía en extraer todos los órganos
del individuo y depositarles en frascos
y más tarde envolvían todo
el cuerpo con vendas. Por último
le colocaban en un sarcófago y lo
enterraban. Dentro del sarcófago
los egipcios depositaban algunas de las
pertenencias que el difunto pudiera necesitar
en la otra vida: joyas, ropa, alimentos...
Los faraones, al morir, eran enterrados
con muchísimas riquezas y tesoros,
lo que más tarde ha provocado la
profanación de muchas tumbas.
Cabe destacar el descubrimiento de la tumba
del faraón Tutankamon, anteriormente
citado, por parte del explorador británico
Howard Carter y su equipo en el año
1.922, convirtiéndose así
en uno de los descubrimientos arqueológicos
más destacados de la historia de
la egiptología. En la tumba se encontraron
alimentos, muchos tipos de armas, bastones,
ropas y más de 140 valiosas joyas
de la antigüedad.
Después del descubrimiento, todo
el equipo de Carter murió en extrañas
circunstancias. Algunos lanzaron hipótesis
sobre una posible maldición del faraón,
mientras que otros lo atribuyeron a unos
microbios que había en el aire tan
viciado de ‘La cámara del tesoro’
donde se encontraba el cuerpo del joven
rey (murió a los 19 años de
edad).
Si nos centramos en la literatura del Antiguo
Egipto, tenemos que nombrar a la Biblioteca
de Alejandría, en su época,
la más grande del mundo, llegando
a albergar hasta 700.000 volúmenes.
Allí acudieron grandes filósofos,
astrónomos y pensadores de distintas
épocas para leer y estudiar aquellos
libros, entre ellos personajes tan conocidos
hoy en día como Arquímedes,
Euclides, Eratóstenes (quien compuso
un mapa bastante exacto del mundo conocido
entonces) o Aristarco (defensor del sistema
heliocéntrico mucho antes que Copérnico).
Más tarde, en el siglo II, también
trabajó y estudió allí
Ptolomeo (defensor del modelo geocéntrico
del universo), entre otros.
Tan famoso como su apogeo es su destrucción,
la cual muchos atribuyen a los romanos,
comandados por Julio César y en la
que se llegaron a destruir en un terrible
incendio, unos 40.000 volúmenes.
Además, la gran mayoría de
los libros restantes fueron destruidos por
diversas guerras y enfrentamientos en Egipto.

En el año 1987, surgió un
ambicioso proyecto de reconstruir la Biblioteca,
1.600 años después de su desaparición
definitiva. La inauguración tuvo
lugar en 1.996 y acudieron reyes y Jefes
de Estado, entre ellos, la Reina de España.
La nueva biblioteca de Alejandría
tiene un aforo de 2.000 personas y unos
200.000 ejemplares, aunque se calcula que
pueden llegar a los 20 millones.
Por último, queda hacer una mención
a la vida en Egipto en la actualidad. La
principal fuente económica en el
país a día de hoy es el turismo,
principalmente por su riqueza arqueológica
donde destacan las pirámides, la
Gran Esfinge, el templo de Abu Simbel o
el Museo del Cairo (junto con el Británico
de Londres, es el museo que más tesoros
conserva del Antiguo Egipto, incluido el
del faraón Tutankamon).
También, Egipto es el país
árabe más poblado, con más
de 80 millones de personas y la medicina
ha mejorado notablemente en los últimos
años. Existen 20 aeropuertos y 8
puertos, siendo el de Alejandría
el más conocido, además de
trenes, taxis, metro…
Un 90% de la población egipcia es
seguidora del Islam, mientras que existe
un pequeño porcentaje de cristianismo
y otras religiones judeo-cristianas.
Definitivamente Egipto siempre será
uno de los mejores lugares del mundo para
todos aquellos apasionados de la historia.
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