
En
el condado de Wiltshire, en el centro de
la llanura de Salisbury, rodeada de colinas,
se encuentra Stonehenge (Stone: piedra y
Henge: monumento con borde circular) un
monumento megalítico, tipo crómlech,
de la Edad del Bronce, el más misterioso
de toda Europa por su extraña arquitectura
y porque, aún hoy en día,
nadie ha conseguido descifrar la finalidad
para la que fue construido.
Stonehenge es un conjunto de 162 grandes
bloques de piedra distribuidos en cuatro
circunferencias concéntricas. La
exterior estaba formada por treinta columnas
rectangulares coronadas con dinteles, actualmente
sólo 7 quedan en su sitio. En el
interior hay un segundo círculo de
menhires más pequeños de un
tipo de piedra llamada “piedra azul”
procedente de Gales. La tercera es una estructura
en forma de herradura, y en el centro hay
una losa de arenisca verde conocida como
“la piedra del altar”
Alrededor de todo el conjunto encontramos
dos círculos más formados
por 30 agujeros cada uno, excavados en roca
calcárea, y más al exterior
otro círculo de 56 fosas llamadas
“Círculos de Aubrey”,
rodeándolo todo un foso circular
de 104 m. de diámetro. El foso y
los círculos de agujeros están
cortados por «la Avenida», un
camino procesional de 23 metros de ancho
y tres kilómetros de longitud.
Cerca se halla la «Piedra del Sacrificio».
Enfrente se encuentra la «Piedra Talón».
Entre los Círculos de Aubrey y el
foso circular se encuentran cuatro marcas
denominadas "cuatro estaciones".
Son dos monolitos y dos montículos
de tierra compactada, dispuestos alternamente.
Las "cuatro estaciones" forman
un rectángulo perfecto cuyos lados
más cortos son paralelos con el alineamiento
de la "piedra talón" y
el camino de acceso que desde el noreste
llega a Stonehenge.
A lo largo de los años muchos son
los que se han esforzado por descifrar el
origen y el significado de este monumento,
pero lo cierto es que el misterio sigue
en pie y, a pesar de las muchas hipótesis
que se han hecho, quizás nunca se
llegue a desentrañar el misterio
de su construcción.

Entre las teorías sobre la finalidad
que tuvo la construcción de este
gran monumento las más aceptadas
son la del observatorio astronómico,
templo religioso o monumento funerario.
Ya en la Edad Media se sugerían sus
posibles orígenes a través
de leyendas basadas en la tradición
y lo sobrenatural. El primero en escribir
sobre Stonehenge fue Enrique de Huntingdon,
y al poco tiempo Godofredo de Monmouth también
habló sobre él y lo vinculó
con el mito del rey Arturo. Monmouth nos
da dos posibles versiones: por un lado dice
que se trata de un círculo de gigantes
petrificados, de ahí que se conociera
el monumento como “Danza de los gigantes”,
y por otro nos dice que las piedras fueron
llevadas allí por el mago Merlín
desde el monte Killaraus, en Irlanda.
En el siglo XVII, el arquitecto Iñigo
Jones investigó el monumento por
encargo del rey Jaime I de Inglaterra, y
llegó a la conclusión de que
se trataba de un templo romano dedicado
al Cielo.
En ese mismo siglo, John Aubrey, sugirió
que Stonehenge era un templo construido
por los druidas, lo que corroboró
en sus investigaciones William Stukeley.
Esto dio lugar a numerosas teorías
sobre el lugar y los rituales seguidos allí.
Incluso se bautizó a la piedra central
como “Piedra del Altar” cuando
no es más que un megalito caído
en el suelo. Sin embargo, John Aubrey fue
el primero en decir que el monumento podría
tener un significado astronómico,
observando la forma y posición de
las piedras. Hoy se sabe que Stonehenge
ya existía 2.000 años antes
de que los druidas entraran en la historia.
No fue hasta principios del siglo XX cuando
un investigador logró determinar
con un aceptable grado de certeza la edad
de Stonehenge. En 1901 Sir Norman Lockyer
astrónomo, descubrió que alguien
situado al pie de la "piedra del altar",
mirando hacia la "piedra talón"
podía observar con gran exactitud
el sitio por donde sale el Sol durante el
solsticio de verano. Lockyer vio que la
"piedra de altar", centro del
monumento, se alineaba con la "piedra
talón" apuntando al Sol, con
tan solo un margen de error de 56 minutos
de arco. Si los constructores de Stonehenge
hubiesen alineado el centro del conjunto
con la "piedra talón" con
una exactitud total, el calcular los 58
minutos de arco de diferencia, permitiría
conocer en qué fecha se había
construido Stonehenge como templo solar.
Lockyer dató la construcción
hacía 1800 a de C. Posteriormente
el método del carbono-14 ha fechado
los inicios de Stonehenge hacia el 2800
a de C.

Basándose en los datos anteriores,
Lockyer dedujo que podría tratarse
de un gigantesco calendario, que servía
para conocer fechas, como por ejemplo la
época de la cosecha, de la siembra,
etc.
Actualmente, la mayoría de los expertos
comparten la opinión de que la construcción
megalítica fue un observatorio celeste
prehistórico, un templo de culto
al Sol y a la Luna. La posición de
los megalitos está alineada con la
salidas y puestas de sol en los solsticios
de verano e invierno, también marcan
las salidas y puestas de la luna en los
solsticios de invierno. La precisión
con la que colocaron las piedras es demasiado
exacta como para pensar que se trata tan
sólo de la casualidad. Incluso, un
profesor de la universidad de Boston, Gerard
F. Hawkins, llegó a plantear, en
1961, que Stonehenge fuera una calculadora
astronómica para predecir los eclipses
de Sol y de Luna.
Otra teoría se basa en los restos
de enterramientos que se han encontrado,
en el lugar hay unas 240 personas enterradas,
de distintas épocas y todas incineradas
previamente. Debido a que se ha calculado
que estos enterramientos se realizaron durante
500 años y el poco número
de entierros en tan largo periodo de tiempo,
se cree que no era un cementerio común,
sino para personas escogidas.
De todas formas el enigma de quién,
cómo y para qué se construyó
Stonehenge sigue y deja en el aire muchas
preguntas. ¿Cómo fue posible
transportar los bloques de piedra de 12
a 25 toneladas de peso hasta Wiltshire desde
sitios tan lejanos como Gales? ¿Qué
civilización pudo, en el Neolítico,
construir algo tan avanzado? ¿Por
qué existen conjuntos megalíticos
parecidos en otras zonas alejadas del planeta
como Egipto o México? ¿Hace
5.000 años existió una civilización
que ya cruzó el Atlántico
como insinúan algunas leyendas irlandesas?
Todas ellas son preguntas incomodas para
arqueólogos e historiadores y deja
abierta la puerta a otras teorías
no tan “científicas”.
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