
Con
17 años, octubre de 1991 prometía
ser el arranque del fin de una historia.
La adolescencia de Luis U.C. tocaba a su
fin, el instituto ponía fin a una
etapa, y el COU que arrancaba anticipaba
una universidad, al alcance de la mano.
Pero fue un otoño extraño,
plagado de ausencias, exámenes que
se repetían y clases perdidas ante
continuados problemas de estomago. “El
tutor habló conmigo y con mi familia,
varias veces, ante repetidas ausencias marcadas
por un denominador común, los problemas
de estomago”. LUC, todavía
recuerda con cercanía aquel lejano
invierno del que debería haber sido
su año más feliz, y tan acabó
siendo la antesala de un túnel. La
navidad fue un calvario, las comidas no
le sentaban bien, las diarreas eran continuas,
apenas podía mantener el ritmo de
clase y se encontraba cansado, muy cansado.
Tras siete meses de diagnósticos
y pruebas, interrumpidas en junio, para
que pudiera realizar las pruebas de selectividad,
el departamento de digestivo del Hospital
Marques de Valdecilla pudo establecer un
diagnostico. Casi un año después
de iniciarse los síntomas, Luis U.C.
sabía que padecía el mal de
Crohn.
Han pasado veinte años, y la vida
ha cambiado mucho. Aquel muchacho espigado,
abierto, ágil y revestido de líder,
ha ido dejando a jirones su vida por el
camino, aunque su terca fe en la vida ha
mantenido un poso intenso de lo que prometía
años atrás. “Se que
es un mal crónico, y mi vida ya es
parte de él, pero entristece saber
lo que pierdes, aun sin saber por que”.
Luis ha sabido mantener una parte de su
vida social, y algunas de sus ambiciones,
pero su vida privada, sus afectos y relaciones
han quedado en la cuneta.
El departamento de digestivo de Valdecilla
trata en la actualidad, como entonces a
estos pacientes, más de un centenar
en Cantabria y casi 10.000 en toda España
(contando con los enfermos de colitis ulcerosa,
una dolencia emparentada, cuya etiología
posee elementos comunes). Sus avances en
el control y detección de la enfermedad
han sido escasos en estos años, de
hecho solo se conocen tres grupos importantes
de investigación a nivel mundial,
y con resultados modestos. La comunidad
científica se sigue debatiendo entre
la hipótesis de que la enfermedad
se desate por la acción de Mycobacterium
avium paratuberculosis, la misma bacteria
que provoca la enfermedad de Johne en el
ganado (de similares efectos) o por un defecto
en el cromosoma 16, potenciado por factores
ambientales. En todo caso, y aunque Cantabria
estaría en el área de influencia
de ambas causas, el resultado práctico
es el mismo. Al margen de terapias experimentales,
como el uso de larvas de nematodos, el único
tratamiento sigue siendo inmunológico
y anti inflamatorio.

Como
en tanto otros, el organismo de Luis detecta
una agresión sobre el tejido del
intestino, desatando una respuesta inmune
que acaba por destruirle. El paciente sufre
una aguda inflación del intestino,
acompañada de diarreas continuas,
sangrado y fuertes dolores. La única
solución es iniciar un tratamiento
paliativo con anti inflamatorios, principalmente
prexmisona, pero esto es solo el principio,
pues la agresividad del fármaco es
tan alta, que el tratamiento solo es soportado
durante un tiempo. A largo plazo la única
vía es atacar las defensas, reduciéndolas
al mínimo. A veces es un ataque general,
mediante fármacos como el inmurel,
otras un ataque contra el sistema especifico
de defensa del intestino, con armas como
el temido humyra, otras combinaciones inmunológicas
y antibióticas de salazopirina y
claversal. “Pero al final sacas la
conclusión de que hay un deseo firme
de ayudarte y acompañarte, pero ninguna
idea de lo que pasa. Primero el médico
prueba distintas combinaciones de productos
y dosis, al final aprendes a jugar con la
química tu mismo, porque eres el
que mejor escucha a tu organismo, y el que
acabas descubriendo como capear el temporal”.
Lo desconcertante es la asimetría
del proceso. Periodos de calma, brotes intensos
y dolorosos, periodos en que la medicación
es incapaz de controlar el proceso, otros
que al final dominas la agresión
de tu propio cuerpo, y siempre sin una respuesta
a cualquier pregunta. Así define
LUC estos años. “El problema
no es tanto la enfermedad en si, que es
controlable, sino las consecuencias, ante
todo sociales”. Es Ángel Diego
de la Colina, pediatra, y que ha visto en
varias ocasiones pacientes de Crohn, pues
la adolescencia es el momento tipo de detección
del mal. Rara vez la inflamación
no produce fisuras en la pared del intestino.
Estas degeneran en fisuras y estas en perforaciones
o tejidos blandos que acaban invadiendo
órganos cercanos, produciendo conexiones
del intestino con, por ejemplo, el estomago.
Llegados a este caso, y si la medicación
no detiene estos procesos invasivos, solo
queda la opción quirúrgica.
“El problema radica en que cada sección
intestinal esta relacionada con el riego
de un parte del organismo. Tan solo 30 centímetros
de sección intestinal quitada, puede
provocar una dolencia permanente en la columna
vertebral, con dolores, cansancio y procesos
degenerativos de esa otra zona, para siempre”.
Junto a ello, la dieta necesaria para controlar
la enfermedad priva al individuo de lácteos
y dietas ricas en calcio y como el mal aparece
en la adolescencia, esto afecta al crecimiento,
por lo que el individuo será más
bajo, menos corpulento, menos ágil.
“Sabes además que la medicación
te provocara alopecia temprana, y eritemas
persistentes en la piel, con enrojecimientos
y, a veces, supuración. Y que tampoco
puedes viajar ni alejarte mucho de casa,
ante la necesidad constante de ir al baño
en los brotes. Y junto a ello el cansancio,
y hiper sensibilidad” . Eso es parte
de lo que ha aprendido LUC. Y con el una
medicina que en Cantabria ha ido aprendiendo
de la mano de sus jóvenes pacientes.
Hoy se sabe que el enfermo de Crohn no solo
lo es físicamente, sino también
psicológicamente, por lo que los
protocolos inciden en la ayuda a un joven
al que la enfermedad aislara progresivamente,
haciéndoles inseguro, perfeccionista,
susceptible y obsesivo, que se alejara progresivamente
de sus redes sociales, preocupados por una
imagen, en plena adolescencia, deteriorada
por la enfermedad. Todo paciente sabe, como
lo sabe LUC, que probablemente será
más bajo, más calvo, más
débil, más frágil.
Y eso, en la sociedad de la imagen le alejará
de todo y de todos. Junto a ello, Cantabria
ha desarrollado un protocolo meticuloso
de seguimiento y vacunación, dado
que las estrategias inmunológicas
colocan al individuo a merced de cualquier
catarro.
Han pasado veinte años, y Luis mira
de reojo la edición digital de “enredados”
de esta semana, en ella Luis María
Truan, consejero de sanidad, presenta a
Miguel Ángel Piris, nuevo jefe del
Servicio de Anatomía Patológica
de Valdecilla, encargado de poner en marcha
el nuevo Instituto de Genómica del
Cáncer. Un centro de investigación
no pensado para Crohn. En todo caso, los
estudios genéticos que se anticipan
llegan para Luis un poco tarde, y para los
crios que ahora manifiesten el mal, aun
muy pronto.
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