
El
cáncer de cuello de útero
es el segundo cáncer más frecuente
entre las mujeres de todo el mundo estimándose
493.000 nuevos casos y 274 fallecimientos
por año. Según los estudios
el 70% se podría erradicar con la
vacunación. Uno de los descubrimientos
más importantes en la investigación
del cáncer de estos últimos
25 años ha sido la demostración
de que el cáncer de cuello de útero
esta causado por el virus del papiloma humano
(VHP o VPH).
El cáncer de cuello de útero
es en realidad una secuela a largo plazo
de una infección persistente por
ciertos virus, un virus de primordial transmisión
sexual, de esta manera se afirma que es
el resultado de una enfermedad venérea
no resuelta.
El VPH se denomina vulgarmente virus de
las verrugas, incluye 60 tipos distintos.
Los virus tipo 1,3 y 5 pueden causar las
verrugas en las extremidades del cuerpo
(piernas y brazos), mientras los tipos 6
y 11 pueden provocar lesiones verrugosas
tanto en los genitales masculinos como en
las zonas sexuales femeninas. Los tipos
16, 18, 31, 33 y 35 pueden causar alteración
celulares en la vagina y en el cuello del
útero llamadas displasias. En estados
unidos (EE.UU) la infección genital
por VPH es la enfermedad de trasmisión
sexual más habitual: Un tercio de
las mujeres menores de veinte años
que han mantenido relaciones sexuales tienen
dicha infección en el cuello uterino
o en la vulva. La enfermedad tiene la peculiaridad
de que no da síntomas y que el hombre
es un portador sin lesiones visibles.
La displasia cervical o verruga cervical
es una lesión premaligna o precancerosa
de las células del cuello de útero.
Se pueden distinguir tres formas: leve,
moderada y severa.
La displasia leve es la forma más
usual, se puede considerar una respuesta
a la agresión del virus, en más
de la mitad de los casos existentes, se
cura sin ningún tratamiento; sin
embargo, puede llegar a convertirse en una
lesión más grave. Las displasias
moderadas y severas son clases más
graves que se deben tratar debido al alto
riesgo de convertirse en lesiones cancerígenas.
La forma mediante la cual te dan el diagnostico
para estas lesiones es la práctica
de la citología; la citología
vaginal es una de las fuentes medicas con
más relevancia debido a que es muy
útil, indolora, relativamente rápida,
económica y sencilla, que permite
descubrir las cambios anómalos de
las células.
Aunque muchas mujeres contraen infecciones
cervicales por el VHP, la mayoría
de estas no progresa a cáncer de
cuello de útero. Por lo tanto es
probable que otros cofactores intervengan,
tabaco, anticonceptivos, hormonales, nº
de partos, nº de parejas sexuales y
coinfección con otras enfermedades
de transmisión sexual.
También determinadas carencias nutricionales
es otra de las causas que favorecen la aparición
de dichas verrugas. El instituto nacional
del cáncer “recomienda el consumo
de frutas y vegetales frescos, o en su defecto
un suplemento vitamínico con antioxidantes
como la vitamina E…”
La forma de adquirir la infección
por VPH es siempre por medio del contacto
sexual; los preservativos pueden prevenir
la propagación de enfermedades venéreas
(enfermedades de transmisión sexual)
o el VIH, pero no evitan el miasma o contagio
de VPH.
El virus puede estar inactivo durante más
o menos veinte años, por lo cual
no siempre pueden relacionar la displasia
con una relación sexual reciente.
Por lo tanto el riesgo de displasia puede
durar muchos años y por tanto de
la práctica de citología es
cada vez más importante. La eliminación
del virus es muy difícil casi imposible,
a pesar de la cirugía u otras técnicas
utilizadas y aplicadas directamente sobre
el cuello del útero.
El sistema inmune es el que provoca la eliminación
del virus.
La vacuna consiste en una inyección
intramuscular que se ha de administrar en
tres dosis. La primera dosis cuando se quiere,
la 2ª dosis al menos dos meses después
de al primera y la 3ª al menos 3 meses
después de la 2ªdosis, es decir
las tres dosis a lo largo de un año.
Está claro que por el precio de la
vacuna y para conseguir su eficacia se deben
guardar bien las pautas para su vacunación,
así como mantener la medicación
en las condiciones adecuadas que indica
el laboratorio.
Efectos de vacunación prácticamente
ninguno, puede dar dolor local. Febrícula
(pequeña fiebre) y enrojecimiento
de la zona.
Se debe vacunar en principio a toda mujer
en actividad sexual. Las mujeres antes de
iniciar la actividad sexual se vacunaran
(el Estado o Comunidad Autónoma asume
la vacunación a la edad de 14 años,
antes de iniciar la actividad sexual, por
eso se recomienda a todas las madres que
se informen).
Es una vacuna gratuita.
Los laboratorios recomiendan como segunda
posibilidad vacunarse también hasta
los 30 años. Aunque como situación
perfecta es el no haber tenido contacto
sexual, se entiende que al no tener efectos
secundarios, salvo el coste económico,
estas mujeres también pueden beneficiarse
de los efectos de la vacuna, pero lógicamente,
la decisión de hacerlo será
siempre voluntaria por parte de la mujer.
También otra situación de
vacuna recomendable y como se expuso en
una reunión mundial en Pekín,
recomiendan ampliar la edad de administración
voluntaria hasta los 47 años. En
todos los casos además habrá
que tenerse en cuenta los llamados cofactores
(tabaco, partos, nº parejas sexuales…)
que contribuyen a la aparición de
la enfermedad. En estos casos las personas
deben conocer sus riesgos y decidir voluntariamente
la administración de la vacuna.
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