
Todos
hemos oído hablar del monstruo del
lago Ness, del Yeti o abominable hombre
de las nieves, del Kraken o pulpo gigante,
o del Pies Grandes americano entre otros.
Son criaturas presentes en muchos mitos
o leyendas a los que algunos buscan desde
hace siglos, y que han dado origen a grandes
debates sobre si son sólo seres fantásticos,
o existen realmente y son ciertos los testimonios
que afirman haberlos visto en alguna ocasión.
Lo que la mayoría no sabe es que
existe una ciencia o pseudociencia, según
la comunidad científica y los escépticos,
que se dedica al estudio estos animales,
la criptozoología. Criptozoología
traducido literalmente del griego significa
“el estudio de los animales ocultos”,
es decir, es el estudio de los animales
que únicamente son conocidos por
indicios considerados insuficientes por
la mayoría (testimonios, fotografías,
rastros o piezas anatómicas) y que
por consiguiente no han sido catalogados
oficialmente por la zoología contemporánea.
Estos animales se denominan críptidos
y son desconocidos por la ciencia oficial
pero no por las poblaciones locales que,
de hecho, son las que proporcionan la información
sobre ellos, bien sea a través de
descripciones directas, de tradiciones o
de leyendas en las que se basan muchas de
las investigaciones criptozoológicas.
En la criptozoología, se supone la
hipotética existencia real de los
críptidos, ya que algunas de las
características que presentarían
estos animales hacen creer que existen posibilidades
de que estas criaturas existan. La criptozoología
no busca monstruos sobrenaturales, sino
especies animales que, por lo general, no
se diferencian demasiado de las especies
ya descritas por los zoólogos o paleontólogos.
Es muy posible que todavía existan
grandes animales sin catalogar, ya que aún
hay enormes extensiones vírgenes
en el planeta, la mayor parte de los océanos,
regiones montañosas y selvas tropicales
no están exploradas. Se sabe que,
hasta hoy, sólo se ha descubierto
un 15% de la biodiversidad animal y vegetal
del planeta, por lo tanto pueden seguir
existiendo animales que se creen extintos,
y la prueba es que a lo largo del siglo
XX los descubrimientos de nuevas especies
de animales de gran talla se han sucedido
sin interrupción.

Se atribuye la invención del término
“criptozoología” al zoólogo
Bernard Heuvelmans, quien la definió
como «el estudio de los animales sobre
cuya existencia sólo poseemos evidencia
circunstancial y testimonial, o bien evidencia
material considerada insuficiente por la
mayoría» en su libro de 1955
“Tras la pista de animales desconocidos”.
Heuvelmans defendió que la criptozoología
se debe practicar con rigor científico,
pero también con una actitud abierta
e interdisciplinaria, prestando especial
atención a las tradiciones y creencias
populares sobre estas criaturas, porque,
aunque suelen estar llenas de elementos
fantásticos, las leyendas populares
pueden contener alguna parte de verdad que
puede ayudar a guiar la investigación
sobre "animales inusuales". Los
criptozoólogos dan como prueba de
su fiabilidad ciertos descubrimientos de
la zoología, realizados por zoólogos
o por simple casualidad. Entre estos animales
los más conocidos son la mariposa
esfinge de Morgan, cuya existencia fue predicha
por Charles Darwin; el calamar gigante,
del cual afirman que originó la leyenda
del kraken; el celacanto, que se creía
extinto; o el okapi, cuyo descubrimiento,
en 1901, fue una revolución, y durante
años fue conocido solamente por los
relatos de los pigmeos del África
central acerca de un extraño "asno
salvaje" que habitaba en las selvas
de su territorio.
El okapi es ahora usado como emblema de
la International Society of Cryptozoology,
a pesar de no haber sido descubierto por
criptozoólogos. Hoy en día,
muchos científicos siguen considerando
que la criptozoología es una pseudociencia
y no tiene razón de ser. Mantienen
que todos los grandes animales han sido
descubiertos, que todo lo que se descubre
en forma de fósil está extinguido,
y que toda tradición o testimonio
sobre seres desconocidos es folklore, leyenda,
ignorancia o pura invención. Los
criptozoólogos se defienden diciendo
que la criptozoología se diferencia
de las pseudociencias en que es una disciplina
objetiva que se basa en hechos y aplica
el método científico. Plantea
hipótesis a partir de las pistas
disponibles sobre la identidad, el comportamiento
y la ecología de los seres que busca,
esas hipótesis se pueden luego verificar
con el descubrimiento del animal. Además
usa las mismas herramientas matemáticas
y estadísticas que las otras ciencias
y ninguna de sus hipótesis contradice
las leyes de la naturaleza. En cambio, los
críticos afirman que no es una disciplina
científica porque los indicios de
los que parte (testimonios, leyendas, restos
materiales dudosos) tienen una validez discutible.

A lo que los criptozoólogos responden
que rechazar los indicios en los que se
basan para iniciar su investigación
es confiar al azar el descubrimiento de
nuevas especies animales. De hecho, suele
pasar así, los zoólogos suelen
descubrir las especies nuevas por casualidad,
generalmente cuando están haciendo
el inventario faunístico de una zona.
Los zoólogos rechazan por fantásticas,
mitológicas o simplemente erróneas
las descripciones y representaciones de
animales desconocidos que aparecen en documentos,
objetos y obras de arte de la antigüedad.
Muchas veces tienen razón, pero otras
se ha descubierto a posteriori que un animal
recientemente identificado por la ciencia
moderna ya había sido descrito o
representado por alguna antigua civilización.
Los pescadores de las Comores no sólo
conocían el celacanto antes de su
descubrimiento en 1938, sino que lo comían
y utilizaban sus escamas como lija. También
hay un grupo de animales ignorados por la
zoología sobre cuya existencia se
poseen evidencias materiales como huesos,
pelos, pieles, tejidos, fotografías,
huellas o grabaciones de sonar. Los criptozoólogos
recogen este tipo de pruebas y las estudian
de un modo científico para, si es
posible, tratar de determinar con la mayor
exactitud la identidad de los animales con
los que están relacionados.
Los científicos afirman que los criptozoólogos
nunca han descubierto realmente un "críptido",
ni hallado pruebas científicas de
su existencia, y que, en cambio, los zoólogos
encuentran cada año cientos de especies
nuevas. Según los criptozoólogos,
el problema radica en que la criptozoología,
por su propia definición, es la única
ciencia cuyos éxitos disminuyen su
campo de aplicación, ya que cada
nueva especie descrita deja de pertenecer
a la criptozoología para formar parte
de la zoología. Debido a que algunos
“críptidos” tienen una
forma y tamaño bastante espectacular,
además de que muchos de los más
famosos están rodeados por un halo
de superstición, muchos expertos
califican despectivamente a la criptozoología
como "la ciencia de los monstruos",
lo que pone de manifiesto la reticencia
que existe en los círculos académicos
a aceptar la posible utilidad y valor científico
de esta disciplina. El debate sigue abierto…

Deja
aqui tu opinión

Comparte
con nosotros tu opinión y tu información.
Te rogamos que lo hagas de forma razonada
y respetuosa. Esta web permite los comentarios
sin ser usuario registrado, pero te sugerimos
que te identifiques, como una forma de crear
comunidad y compartir ideas. En el menu
de la derecha tienes otros espacios de eolapaz
donde opinar, mostrar y compartir información
y compartir tus inquietudes.