Su
madre Ana Maria dio a luz a seis hijos antes
que a él, pero de ellos solo sobrevivió
una niña. Eran de Salzburgo, una
ciudad de Austria. El padre, Leopoldo Mozart,
era violinista y compositor. Aunque tenía
talento, no era más que un sirviente,
como todos los músicos de esa época.
Trabajaba al servicio de príncipe
arzobispo de Salzburgo, para quien componía
e interpretaba música de encargo.
Un trabajo que no le proporcionaba mucho
dinero.
Desde
su nacimiento, Wolfgang, vivió rodeado
de música. Cada día oía
tocar a su padre el violín y a su
hermana el clave. Cuando tenía tres
años se subió a una banqueta
y comenzó a tocar las teclas. Enseguida
se dieron cuenta de que tenia grandes dotes
musicales. Como no era obligatorio ir a
la escuela, lo aprendió todo en casa,
junto a sus padres.
Tocar
y cantar era el pasatiempo preferido de
Wolfgang. A los seis años compone
su primera obra, que dedica a su padre.
Leopoldo, cuando lo escucha llora conmovido.
Entonces pensó en hacer un viaje
por Europa, para que todos pudiesen conocer
el genio musical de su hijo. Tocó
en los salones del emperador de Viena, donde
el emperador le puso a prueba diciendo que
si podría tocar con un paño
cubriendo el piano. Wolfgang toco el piano
cubierto, sin ver las teclas, a la perfección.
Como muestra de afecto, la emperatriz le
regaló hermosos vestidos. En esta
época no se pagaba a los músicos
con dinero ya que se suponía que
pertenecían a otra corte. Solo se
les daban regalos que mejoraban sus medios
de vida. Tras su estancia en Viena, los
Mozart continuaron su gira por Europa, incluyendo
Paris y Londres. Después, Wolfgang
y su padre pasaron una larga temporada en
Italia. En contacto con los músicos
italianos, Wolfgang perfecciona su técnica
y compone sus primeras operas.
Cuando
vuelve a Salzburgo tiene ya 17 años.
Ya firmaba sus cartas como “Wolfgang
Amadeus”. Amadeus, que significa “amado
por Dios”, es la traducción
al latín de su segundo nombre alemán,
Gttlieb. Wolfgang se sentía orgulloso
de este cambio.

Pero
Wolfgang Amadeus no era un muchacho feliz.
La gente había acabado por cansarse
de antiguo niño prodigio, como uno
se cansa de los juegos de un perrito amaestrado,
nadie se había dado cuenta de que
Mozart, además de un intérprete
prodigioso, era también un gran compositor.
De los que dudaban de su talento escribió:
“Piensan que porque soy joven no tengo
nada grande dentro de mi. Pero pronto reconocerán
que se equivocan.”
Las
primeras obras de Mozart, las obras de su
infancia, son brillantes, pero poco profundas.
En cambio, las de su adolescencia, son ya
autenticas obras de arte. La Sinfonía
núm. 29, en La mayor lo deja bastante
claro. También sus cuartetos, alguna
opera y, sobre todo, el concierto para piano
“Juventud”, son obras de gran
madurez que anuncian ya al gran Amadeus
Mozart.
Consiguió
un puesto de músico en la corte de
Salzburgo. Debía estar a las órdenes
del príncipe arzobispo y componer
lo que él le mandaba. Música
ligera que es lo que le gustaba al príncipe.
Para Mozart esto solo era un pasatiempo.
Decía: “Me divierto, mientras
espero poder escribir música de verdad.”
El 23 de septiembre, junto a su madre, abandona
Salzburgo y la corte del príncipe.
Fueron
a Mannheim, cerca del río Rhin, donde
las cosas no le fueron nada bien, por lo
que volvió a Salzburgo desesperado.
Hasta
que no compuso “El rapto en el serrallo”
no fue realmente reconocido. En su estreno
se formó un gran escándalo.
Al emperador, que estaba presente, no le
disgusto, pero le dejó bastante desconcertado:
“Tiene demasiadas notas, querido Mozart”.
“Pues no señor, _responde Mozart_.
No le sobra ni una”.
Todo
le fue muy bien hasta la muerte de su padre.
Él cayó en una profunda depresión
y atravesaron muchas dificultades económicas,
hasta que, el 30 de septiembre de 1791,
se estrena en Viena, “La flauta mágica”,
que tuvo un gran éxito, sobre todo
entre las clases populares.
A
pesar del éxito de su opera, no hace
nada mas que pensar en la muerte. Decía:
“Presiento que dentro de poco no podré
hacer más música. Un frío
extraño se ha apoderado de mí.
Es algo que no se explicar…”
En
Noviembre de 1791, Mozart cae enfermo. El
cansancio acumulado a lo largo de los años
le vence. Pero tenia que acabar el Réquiem.
Se lo había encargado un conde para
el aniversario de la muerte de su esposa.
Mozart componía como un loco, en
los pocos momentos en que podía hacerlo.
Estaba convencido de que estaba componiendo
su propia misa de difuntos.
No llegó a cumplir 36 años.
Nadie salvo el enterrador estuvo presente
cuando el gran Amadeus Mozart fue arrojado
a una fosa común.
En
el mismo año de su muerte, Mozart
compuso algunas obras maestras: varios conciertos,
el réquiem y dos óperas: “La
clemencia de Tito” y la ya citada
“La flauta mágica”. A
pesar de su deterioro físico y moral,
ninguna de ellas es una obra triste.