
Fernando
Botero nace el día 19 de abril de
1932 en Medellín, ciudad comercial
situada en los andes colombianos.
A los 4 años muere su padre y queda
al cuidado de su madre y su tío.
Su tío le apunta a una escuela de
toreo a los 12 años, allí
comenzó a dibujar sus primeras obras
que consistían en el toreo y los
paisajes.
Posteriormente comenzó a realizar
dibujos para el periódico local.
A los 19 años se trasladó
a Bogotá donde realizó su
primera exposición en la galería
de arte de Leo Matiz. Tan sólo vendió
alguna de sus obras.
Su gran éxito comenzó al año
siguiente, donde en esa misma galería
vendió todas sus obras, además
recibió el 2º premio del IX
Salón de artistas colombianos.
Con el dinero que recibió con ese
premio viajó a Europa, con la intención
de visitar los museos europeos más
importantes.
En Barcelona desestima su inclinación
al arte moderno y ya en Madrid en la escuela
de arte de San Fernando, multiplica sus
visitas al museo del Prado, hacia clásicos
como Goya y Velázquez también
en Paris, en el Louvre, se identifica con
el arte antiguo.
Durante dos años de permanencia en
Italia (Florencia) estudia y crece su pasión
por el arte antiguo.
El estudio de grandes artistas italianos
le influye enormemente en su concepto del
volumen y el espacio, generando su inquietud
hacia lo enorme y monumental.

La pregunta que la gente le realiza casi
siempre a Botero es la siguiente:
-¿Por qué pinta Botero gordos?
Y el siempre dice lo mismo:
-No, yo no pinto gordos.
Esta respuesta crea confusión entre
las personas, porque Botero no suele pintar
personas flacas o con apariencia de hambre,
sino al revés, pinta personas bastante
gorditas. Pero a la pregunta anterior se
la puede contestar diciendo, Botero no pinta
personas gordas sino que todo lo que hay
en sus cuadros esta pintado de igual forma.
Así Botero remarca una y otra vez
que en sus cuadros la sublimación
se debe a una inquietud estática
y estilística.

Obra
denuncia sobre los abusos en la carcel iraki
de Abu Ghraib
Botero es un pintor figurativo, pero no
realista.
No le interesa pintar, mujeres gordas, sino
que trata de convertir a través de
la transformación o deformación,
la realidad en arte.
Tras su vista por Europa, Botero se traslado
a México, que es la ciudad más
importante del arte iberoamericano, allí
pretendía encontrar el “eslabón
perdido”. Es en México donde
al pintar la obra “Naturaleza muerta
con mandolina”, aparece el volumen,
que será tan característico
en sus obras.
A comienzos de los 60 Botero hizo sus primeros
intentos en la escultura. Pero por razones
económicas no pudo hacer esculturas
en bronce.
Comenzó trabajando con masa acrílica
y virutas. De estas obras se han conservado
muy pocas y de estas destaca la pequeña
cabeza (obispo).
Comenzó a trabajar con el bronce
a principios de los 70 en París ya
que tuvo un buen momento económico.
También en las esculturas utiliza
su técnica del volumen haciendo figuras
voluminosas y exhuberantes. El total de
esculturas llega a las 200.
Ha expuesto sus esculturas en lugares tan
importantes como: en Park Avenue, de Nueva
York; en el Paseo de Recoletos, de Madrid;
en los Campos Elíseos de París
etc.
En algunas ocasiones sus obras plantean
una denuncia contra determinadas causas
como es el caso de las torturas sufridas
por los presos iraquíes en la cárcel
de Abu Ghraib, a manos de los soldados estadounidenses.
Su último trabajo es con relación
al circo donde se combinan todas las ideas
que Botero defiende: color, expresividad,
belleza y vida.
También ha realizado obras de caridad
con su ciudad y su país como la entrega
de 100 obras maestras de su colección
(Dalí, Picasso, Degas….) para
la capital de Colombia (Bogotá) y
200 obras suyas a su ciudad natal (Medellín).
Actualmente no viaja a su ciudad natal por
miedo a la inseguridad existente en esta
zona (Drogas, atentados…).
Botero es el artista Latinoamericano más
importante de todos los tiempos.

The
nap, 1982
En relación a su obra Botero se expresa
así:
"Cuando se observa un cuadro, es importante
reconocer de donde procede el placer. Para
mí es la alegría de vivir
unida a la sensualidad de las formas. Por
esto, mi problema es expresar sensualidad
por medio de formas".
Para Botero, la belleza significa ausencia
de defectos, por ejemplo, nunca dibuja con
sombras porque dice que manchan el color.
Siempre dibuja una luz matutina porque las
sombras son más estrechas, la luz
ni procede del sol o de una lámpara
sino que son las figuras las que producen
esa luz.
El objetivo es crear superficies en las
que el color pueda expresarse del modo más
ventajoso posible. Con eso crea una superficie
de color perfecta y homogénea.
Una de las características de sus
cuadros es la quietud, Botero ha admirado
esta característica en los pintores
clásicos, esta paralización
del movimiento se produce por el tamaño
tan grande de sus figuras en relación
con el espacio.
Botero pinta todo lo que pintaron los artistas
clásicos desde retratos a personajes
conocidos como situaciones o hechos de la
época.
Según mi opinión, la pintura
de Botero es “fácil de ver”,
sus llamativos colores, sus figuras desmesuradas,
sus composiciones agradables, pero analizando
más profundamente, es un pintor de
símbolos, que transmite mensajes
en todas sus obras, de la vida actual en
cuadros que parecen simples.
En definitiva Fernando Botero es un artista
muy diferente a los demás pintores
contemporáneos, a pesar de la búsqueda
en los artistas clásicos.
Su concepto sobre el arte esta basado en
el trabajo, la observación y por
fin la creación.
Como el mismo dice:
“Los científicos dicen que
el deseo de crear te mantiene vivo. Así
lo siento yo, como un placer infinito. No
hay nada que me divierta más.