
Explosivos
De
viaje por Madrid he tenido el placer de
asistir a toda una exhibición del
maestro Eduardo Arroyo, en la galería
Álvaro Alcázar de Madrid,
donde se ha ofrecido una retrospectiva con
cuarenta de las mejores obras de este genio
del diseño contemporáneo.
Obras orientadas a la crítica y la
bufa social, con un estilo irreverente,
irónico y rompedor con los iconos
de nuestro tiempo, y todo envuelto en una
técnica depurada. Arroyo, de 70 años,
presenta una colección basada en
lienzos muy recientes que van desde 1974,
hasta obras muy recientes, entre ellos,
y por eso es la pieza protagonista, uno
de sus afamados collages sobre lija.
Toda
la obra esta plagada de las constantes propias
de la obra de Arroyo, sus personajes anónimos,
o los iconos clásicos de su obra,
máscaras, gafas o alas de sombreros,
bajo las que una historia trasciende al
cuadro, en obras tales como Citoyen, Brelan
o Faust.
Exiliado en Paris, Arroyo comenzó
su carrera en 1957. Licenciado en periodismo,
pronto descubrió en la pintura su
vocación, preparándose para
ello en la ciudad del Sena. Puesto en contacto
con los grupos vanguardistas de la ciudad,
comenzó su carrera expositiva en
1960 en el Salón de la Joven Pintura
en el Museo de Arte Moderno de París
con La Corrida de Papillón, y poco
después en la Galería Claude
Levin de París. Influido por los
círculos de exiliados, su obra refleja
su ideal político, en una primera
serie de piezas que abordan el retrato de
dictadores como Franco, Hitler, Mussolini
y Salazar. Esa primera serie, seria la que
le descubriera ante la elite artística,
tras su exitoso y polémico paso por
la Bienal de Venecia de 1963. En colaboración
con pintores como Gilles Aillaud y Antonio
Recalcati, abordaría posteriormente
la representación del perfil violento
de la historia española.
Desde entonces su obra ha derrotado hacia
un trabajo renacentista, en el sentido de
multidisciplinar, realizando decorados teatrales
(junto a figuras de la talla de Klaus Michael
Grüber), ilustración literaria
(“Sardinas en Aceite” o “Panamá
All Brown”), diseño o propiamente
obra pictórica.
Ha recibido el reconocimiento a través
de múltiples galardones, entre los
que se encuentran el Premio Nacional de
Artes Plásticas del Ministerio de
Cultura (1982) o el título de Caballero
de las Artes y las Letras de Francia.
Se le considera el artista mas significativo
de la transición española,
y exponente máximo de la llamada
Figuración narrativa, que partiendo
de la tradición pictórica
española, ha incorporado a este arte
la narrativa, el humor, la ironía
y una simbiosis calida con la escritura,
en la que él ejerce, deambulando
entre la critica social y el humor despiadado,
con fuertes toques de pop art, dadaísmo
e incluso surrealismo.