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Madonna
de cuello largo (1535)
Parmigianino
(1503-1540)
Pintura renacentista italiana, manierista
Museo de los Uffizi (Florencia)
Oleo sobre tabla (214 x 133 cm)
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Lucia
Molleda
Estudiante
de bachillerato, Torrelavega (Cantabria)
www.eolapaz.com
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Su
nombre de pila es Francesco Mazzola, pero
su sobrenombre le viene dado por su ciudad
natal Parma. Sus pinturas más hermosas
son Madonnas estilizadas, casi deformadas
por su esbeltez. Empezó como artista
precoz, pues a los 19 años ya recibió
su primer encargo, unos frescos para una
iglesia de Parma. Mostró curiosidad
por los grandes artistas de la generación
anterior y por los adelantos de la ciencia,
que en aquel momento estaba muy relacionada
con la alquimia. Parece que sus estudios
de alquimia en Parma ocupaban gran parte
de su tiempo, lo que le llevó a la
cárcel por incumplir un contrato
con una iglesia en la que tenía que
terminar unos frescos. De sus últimos
años es el cuadro del que hablamos,
la “Madonna del cuello largo”.
1535 mediados del s. XVI (Edad Moderna),
se trata de una época con grandes
cambios políticos y religiosos que
impiden la tranquila convivencia del optimismo
de los humanistas. Italia se ha convertido
en un campo de batalla ya que Francia y
España se disputan el dominio de
la zona. El momento crítico de la
batalla se da en el ‘saqueo de Roma’
por las tropas de Carlos V. Por otra parte
la reforma protestante agudiza la crisis
al cuestionar la supremacía de Roma.

El
cuadro muestra a la Virgen María,
de cabeza pequeña, cuello largo y
un cuerpo que se agranda progresivamente
y vuelve a disminuir. Destaca su alargada
mano de finos dedos. Ella tiene en su regazo
al niño Jesús, alargado y
de tamaño desproporcionado. Los ángeles
que se encuentran a la derecha de la Virgen
muestran un canon parecido; destaca el primer
ángel con su larga pierna. El fondo
es algo surrealista, ya que se puede contemplar
una columna sola a cuyos pies se encuentra
San Jerónimo representado como si
fuera un enano por la supuesta distancia,
con una traducción de las Sagradas
Escrituras en sus manos, y por detrás
un paisaje desierto.
La pintura está realizada sobre un
óleo sobre tabla. Muestra tonos
amarillos sucios, y tonos fríos como
oscuros azules y verdes. La iluminación
crea sombras y contrastes que dan volumen
a los personajes, utilizando la “técnica
de los paños mojados”, que
pega la tela al cuerpo para mostrar su anatomía.
El punto de vista es muy bajo y así
la Virgen aparece como ocupando todo el
cuadro. A la derecha hay mucha gente y a
la izquierda un paisaje sin gente., lo que
muestra un desequilibrio en la imagen. Todo
daría lugar a tres planos diferenciando
el primero, ángeles, Virgen y niño;
el medio, con la pequeña imagen del
santo; y el último, en la lejanía
con un paisaje nocturno.
Respecto a su historia, esta pintura de
retablo fue ordenada en 1534 por Elena Baiardi
para decorar la capilla de la familia Baiardi
en la iglesia de Santa Maria Dei Servi,
en la ciudad de Parma en el norte central
de Italia. La pintura quedó inacabada
cuando Parmigianino murió en 1540;
eso explica algunas cosas, como la carencia
de fin en la esquina superior derecha de
la pintura, la representación de
las bases de muchas columnas en el medio
inferior derecho, pero sólo una sin
capital al fondo. Aunque algunos dicen que
el disgusto de Parmigianino por el progreso
de la pintura pudo explicar que esta quedara
inacabada.
No era raro encontrar en himnos medievales
comparaciones entre el cuello de la Virgen
y una torre o una columna de marfil, lo
que fomentó el papel simbólico
de la columna en representación de
la Iglesia. En este cuadro Parmigianino
pinta esa comparación, entre el alargado
cuello de la virgen y la columna que se
encuentra tras ella.
También se dice que en el cuadro,
la Virgen representa a la Iglesia, que acoge
en sus brazos a la humanidad, representada
por el niño. Esta obra de Parmigianino
es de las más claramente manieristas,
y será una influencia para las posteriores
obras de El Greco.