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Habitación
de hotel
(1931)
Edward
Hopper (1882-1967)
Pintura contemporanea de Estados Unidos
Museo Thyssen Bornemisza, Madrid (sala
47)
Tempera sobre lienzo (152,4x165,7
cm)
www.eolapaz.com
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Representante
de la corriente figurativa de la pintura
estadounidense del siglo pasado, Hopper
denuncio en sus obras, como nadie, la soledad
de la clase media americana. El cuadro que
nos ocupa, expresa la soledad de un hotel,
y denuncia, en una mujer, el vacio delas
sociedades modernas. Es un cuadro sobrecogedor,
con el que el autor comenzó su serie
de moteles estadounidenses: una ventana
para los mirones de las miserias del alma.El
autor se caso en 1924 con Jo Nivinson. Retrato
la America de la Gran depresión y
la crisis del hombre moderno, desarrollando
un estilo caracterizado por la simplificación
de la realidad, el tratamiento cinematográfico
y la captación de la soledad del
hombre moderno. Hopper se inspiro en la
realidad cotidiana: la ciudad, sus bares
y hoteles. En su pintura, Estados Unidos
es un lugar desolado. La única excepcion
a estos paisajes urbanos fueron las acuarelas
al natural de las costas de Nueva Inglaterra.

La iluminación fue una obsesión
para el pintor americano, que llegó
a decir: «Mi deseo es pintar el sol
iluminando el lateral de una casa".
Esta obra posee una luz artificial que no
se ve, cae sobre la espalda y las piernas
de la mujer y sirve para acentuar los contrastes.
La representación de una mujer, como
protagonista del cuadro, recluida en el
interior de una habitación, desnuda
o semidesnuda, fue una constante en la producción
de Hopper. La esposa del pintor. Jo Nivinson,
posó como modelo en casi todas sus
obras.
La
mujer que aparece en esta obra lee, según
escribió Nivinson, un horario de
trenes. Su figura no muestra emoción,
pero si soledad y vulnerabilidad. A diferencia
de otras obras, esta vez Hopper muestra
el rostro de la mujer al espectador, aunque
ensombrecido.
El
cuadro refleja influencias de la obra de
Edgar Degas, al que Hopper estudió.
El eje de la pintura, los pies cortados
de la figura y la diagonal del lienzo, que
conduce a la ventana del cuarto, recuerdan
a él. En general, Hopper atribuye
al espectador el papel de voyeur.
Refleja
el momento, casi cinematográfico,
en el que una mujer llega a la habitación
de un hotel. Se ha despojado de su ropa
y tiene el equipaje aún cerrado.
La mujer, sentada, mira una hoja. Su soledad
contrasta con la sobriedad de una estancia
deshumanizada.

Otra
de las grandes piezas de Hopper, "loby
de hotel"