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La
maja desnuda (1790-1800)
Francisco
de Goya (1746-1828)
Pintura española contemporanea
Museo del Prado (Madrid)
Oleo sobre lienzo (97x190 cm)
Marta
Bustamente
Colegio
La Paz / www.eolapaz.com
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Finales
del s. XVIII, conocido como siglo de la
Ilustración. En este movimiento el
objetivo es usar la razón para todo.
Pero no por eso es un movimiento ateo sino
muy al contrario, pretende demostrar la
existencia de Dios desde el uso de la razón
y partiendo de cero tal como hizo Descartes.
Él puso en duda su propia existencia
hasta que se dio cuenta de que pensaba.
De este modo llegó a la célebre
conclusión: Pienso, ergo existo.
Y a partir de esta base en la cual la razón
es lo más importante, la Ilustración
tuvo su propio movimiento artístico:
el neoclasicismo (en música tenía
el barroco).

Este estilo se caracteriza por tanto por
la búsqueda de la perfecta y racional
armonía, que los pintores encontraron
en la antigüedad clásica ya
que por aquel entonces estaba de moda la
arqueología greco-romana y por eso
se llama neoclasicismo (neo-nuevo clasicismo;
antigüedad clásica). Al igual
que en el Renacimiento, la historia vuelve
la vista atrás y se fija en los griegos
y romanos.
Aun así Goya no es un pintor puramente
neoclásico ya que para empezar, aunque
el neoclasicismo ya estaba muy extendido
por Francia e Italia, no es hasta la vuelta
de Carlos III de su reino de Nápoles
cuando se desarrolla el neoclasicismo en
su forma más pura. De hecho cuando
llegó a Madrid, trajo el estilo neoclásico
francés y revolucionó el plan
urbanístico madrileño tanto,
que a lo largo de la historia se le conoce
como “el mejor alcalde de Madrid”
(al fin y al cabo gracias a él está
la Puerta de Alcalá).
Volviendo a Goya, como ya he dicho que no
es neoclásico pero como gran genio
del arte que es, siempre fue un paso por
delante. Es la época de sus Caprichos.
Cuando los ilustrados consiguieron cobrar
un poco de protagonismo frente a Godoy en
la corte. Mas tras la invasión napoleónica,
la guerra,. . . cambió otra vez de
estilo a uno más adecuado a su carácter:
el Romanticismo.
Finalmente digo que en esta obra (considerémosla
neoclásica) los colores son blandos,
suaves, blancos y rosas para la mujer que
yace desnuda en el centro de un conjunto
de almohadones que poseen una gama de verdes
aterciopelados. El brillo y la luz que irradia
la maja es lo que le da fuerza al cuadro.
Es un método meramente simbólico
tal como hizo Giovanni Battista Piranesi
(1720-1778) en sus grabados como por ejemplo
“la Antichitá romana”
en la que busca impresionar mediante un
juego de luces y sombras. O lo que es lo
mismo, iluminar el centro para darle más
importancia.
Además la expresividad que posee
en la mirada y que es la primera vez (que
se sepa) que se incluye el vello púbico
en un desnudo la hace más erótica
e innovadora.
Para hablar de la maja desnuda es necesario
que sepamos de la existencia de la maja
vestida. Se podría decir que son
obras “tocayas”. La incógnita
de la obra, lo que la hace tan interesante
aparte de su excelente pintura, es el nombre
de la modelo. Para averiguarlo se ha interpretado
que el cuadro tendría algún
valor especial para su dueño que
en este caso Manuel Godoy. Y así
debió ser ya que ambas pinturas ocupaban
un lugar especial en su cámara secreta
donde instaló un ingenioso mecanismo
mediante el cual escondía a la maja
desnuda detrás de la vestida por
ser “obscena” para la época.
Así pues teniendo en cuenta que fue
propiedad de Godoy se deducen dos posibilidades:
que sea la duquesa de Alba de aquel entonces,
muy amiga suya, o su amante Pepita Tudó
o bien que el de la maja vestida sea la
duquesa y el de la maja desnuda Pepita Tudó.
Hay muchas posibilidades pero todo afirma
que una de las dos o ambas son las figurantes
de los retratos.
Antes dijimos que la maja desnuda pudiera
ser “demasiado” para la época,
y de hecho así fue. Tras habérsela
confiscado Fernando VII, la Inquisición
quiso iniciar un juicio contra Goya por
haberse salido de los “límites
artísticos” (algo por otro
lado inevitable para un pintor tan manierista,
expresivo y libre como puede ser él).
Pero el pintor logró escaparse de
tales acusaciones gracias a la influencia
de Don Luis María de Borbón
y Vallabriga.
Francisco José de Goya y Lucientes
nació en Zaragoza en el año
1746 y murió en Francia (Burdeos)
en el año 1828.
Inició su carrera artística
en Zaragoza a los 14 años. Es un
hombre muy espiritual que destaca, por tanto,
en la pintura de obras religiosas. Con estas
obras y el apoyo de su maestro Francisco
Bayeu entra en la corte de Madrid donde
llegó a diseñar sesenta y
tres cartones en menos de doce años
ya que hubo varios años que estuvo
inactivo.
Allí conoce a Velázquez que
le enseñó a pintar “el
aire” tal como hizo en las Meninas
mediante juegos de luces y espejos. Goya
aprendió de él mucha técnica
como por ejemplo: iluminar. Cosa que utilizó
en el generó del retrato donde, por
cierto, llegó a lo más alto.
Además gracias a la influencia de
su cuñado le otorgan el honor de
pintar la cúpula de la Basílica
del Pilar donde explaya su forma de ver
el arte, rompiendo todos los esquemas hasta
entonces conocidos.
A final de siglo Goya reafirma la corrupción
y la ranciedad existente en el ámbito
social y político. Esto y que se
queda sordo en 1792 le hacen madurar y se
vuelve mucho más crítico y
extremista. Es por entonces (1790-1800)
que está fechada la obra de la maja
desnuda lo cual explica la fuerza y naturalidad
con la que está hecha la obra. Sin
tapujos, ya que se estaba hartando de tanta
hipocresía en el ambiente. Tal era
así que sus últimas y más
célebres obras, las pinturas negras,
son un tanto macabras como puede ser “Saturno”,
criticando hasta el extremo la crueldad
y la miseria de una España que caía
y decaía.