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El
entierro de Ornans (1849)
Gustave
Courbet (1819-1877)
Realismo frances
Museo D´Orsay (Paris)
Oleo sobre lienzo (314 x 663 cm)
Lucia
Molleda
Estudiante
universitaria, Torrelavega (Cantabria)
www.eolapaz.com
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Gustave
Courbet, el autor, fue un pintor francés
de mediados del siglo XIX (1819-1877). Fundador
y máximo representante del realismo,
además de comprometido activista
democrático. Nació cerca del
Jura francés, cuyo paisaje refleja
en sus cuadros.
Era, según dicen, un gran bebedor,
orador exagerado, fanfarrón y vanidoso.
En sus pinturas, de cortes sutiles y elegantes,
comenzaba con un lienzo muy oscuro, correspondiente
a un maestro clásico.
Rechazó la legión de honor
que le quería conceder Napoleón
III y durante la Comuna se le encargó
la administración de los museos de
París. Tras ésta, el gobierno
predecesor lo responsabilizó de la
destrucción de la Columna Vendôme,
erigida por orden de Napoleón Bonaparte
(en el centro de París) para celebrar
su victoria en la batalla de Austerlitz.
Fue condenado a 6 meses de prisión
y, tras éstos, se escapó a
Suiza para evitar la multa que también
debía pagar. Murió víctima
de una cirrosis, debido a su consumo exagerado
de alcohol.

Los años en que el cuadro fue realizado
(1849-1850), fueron años duros para
Europa ya que en ese momento estaban teniendo
lugar las revoluciones liberales y, en este
caso, la de 1848. Esta revolución
se diferencia de las demás en que
por primera vez se demanda y logra en parte,
la instauración del sufragio universal
(aunque sólo para hombres). El origen
fueron el hambre y las dificultades económicas
y liberales. La publicación del “Manifiesto
Comunista” de Marx impulsa al proletariado
a enfrentarse con la burguesía dominante.
El reino de Piamonte inicia y consigue la
unificación de Italia. Gracias al
Zollverein, creado por los prusianos, se
crea la 1ª gran Alemania. En los años
siguientes se consigue la unión de
toda Alemania. En el ambiente artístico
se produce una reacción contra los
valores idealistas románticos y neoclásicos,
que dará lugar al movimiento Realista.
En
este cuadro, Courbet pinta un funeral sencillo
en su pueblo natal, que posiblemente fue
el de su propio abuelo materno. Como vemos
en el cuadro, a este funeral asistió
toda la comunidad: los representantes del
Ayuntamiento, los caballeros y familia del
pintor, y las plañideras oficiales
(mujeres de luto que seguían al muerto
llorándole). Hay un perro perdiguero
que acude al evento y se coloca en primer
plano.
La obra está realizada sobre un óleo
sobre lienzo. Las tonalidades son bastante
oscuras, siguiendo la técnica de
colores de los cuadros barrocos españoles
y holandeses, que Courbet había contemplado
en el Louvre durante su juventud. Emplea
mucho betún para los tonos negros,
lo que provoca problemas de conservación
en sus lienzos. Las figuras forman un grupo
compacto en un plano delantero a uno último
más lejano, solitario con la línea
llana de las montañas de la localidad
(Jura). Lo apaisado del cuadro y los personajes
marca la horizontalidad, y sólo destaca
una línea vertical, la cruz que sostiene
uno de los sacerdotes.
Respecto a su historia, se sabe que toda
la población de Ornans, quiso posar
para el cuadro, siendo unas 40 personas
a tamaño natural. El efecto que produjo
la pintura en el público se puede
apreciar en la frase de un crítico
parisino: ¿cómo se puede pintar
gente tan horrible? El propio Delacroix
lamentó la vulgaridad del cuadro
pero confesó admirar el gran valor
de Courbet como pintor y reconoció
que había en el cuadro detalles magníficos
como los sacerdotes, la jarra de agua bendita,
las mujeres desconsoladas, etc.
Respecto a su simbolismo, la pintura trata
de religión pero no es religiosa;
los rostros de los personajes presentes
no muestran ningún interés
o emoción concreta y muy pocos de
ellos estaban prestando atención
al entierro. Incluso en el grupo de curas
cuyas narices están rojas, se puede
entrever que tienen sus pensamientos en
otro lugar. Únicamente se aprecia
cierta emoción en las caras llorosas
de las hermanas de Courbet, a la derecha,
y en el dolor, aunque algo típico,
del personaje que parece mirar hacia la
tumba. El símbolo religioso más
importante, la cruz, aparece ligeramente
vinculado al cielo y separado visualmente
del grupo de personas en escena que aparecen
algo más abajo. Lo que la pintura
ofrece realmente es una imagen de la sociedad
rural; lo que une a esas personas es su
pertenencia a un grupo social en el que
cada una ocupa un lugar establecido, no
la devoción religiosa.