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Analizar
un cuadro
El Milagro del Pozo (1638-1640)
Alonso
Cano (1601-1667)
Pintura barroca española
Museo del Prado (Madrid)
Oleo (216x149 cm)
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Raquel
Mijares
Estudiante
de bachillerato, Torrelavega (Cantabria)
www.eolapaz.com
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LA
OBRA
Es una escena en la que aparecen San Isidro,
que ha dejado sus herramientas de labranza
en el suelo; su hijo, tres mujeres varios
niños y un perro.
El hijo de San Isidro (patrón de
Madrid), se ha caído al interior
del pozo y un ángel lo ha salvado
de una muerte segura. En el cuadro todos
están dispuestos en torno al pozo,
los niños y las mujeres están
asombrados por el milagro y disfrutando
del agua que vuelve a emanar del pozo que
estaba seco. En esta obra, se observa la
influencia de Velázquez en la técnica
pictórica y en el tipo femenino de
mujer
La luz en este cuadro esta muy difuminada
y una parte del cuadro esta sumergida en
la sombra. Los colores pertenecen todos
a la misma gama de color, sin incluir el
vestido de la dama que sostiene al hijo
de San Isidro, en el que utiliza una pigmentación
mucho más viva para que destaque.

El
Autor
Alonso
Cano nacio en Granada el 19 de marzo de
1601. Pintor, escultor y arquitecto español.
Fue una de las figuras más destacadas
del barroco. Aprendió pintura con
Velásquez, aunque fue más
reconocido como escultor. A pesar de su
éxito en vida llegó al final
con poca gloria.
Su producción es muy completa y de
gran calidad. Produjo tanto en la pintura
como en la arquitectura, aunque su obra
destaca sobre todo en el campo de la escultura.
En 1615, su familia se trasladó a
Sevilla. Esto fue muy importante para la
carrera de Alonso, debido a la riqueza artística
de Sevilla en esta época.
Aprendió pintura con Velázquez
en el taller de Pacheco hasta obtener la
licencia del gremio de pintores en 1626.
En 1638 se trasladó a la capital
como pintor y ayuda de cámara del
conde-duque de Olivares.
En 1644, su joven esposa murió asesinada
de cuyo crimen fue culpado y como consecuencia
de esto huyó a Valencia y se refugió
en la cartuja de Porta-Coeli con la idea
de hacerse sacerdote. En 1652 se trasladó
a Granada, donde fue nombrado racionero
de la catedral.
En su última etapa llevó a
cabo su obra maestra como pintor, una serie
de siete lienzos sobre la Vida de la Virgen
para el altar mayor de la iglesia. En cuanto
a su labor como escultor, por la que es
más conocido, Alonso Cano se formó
en el taller de Martínez Montañés,
realizando numerosas esculturas de tema
religioso en madera policromada. Cabe citar
"San Antonio", cabeza de "San
Juan de Dios" y la "Inmaculada".
Entre sus primeros trabajos del periodo
sevillano se encuentran el retablo de Nuestra
Señora de la Oliva y el San Juan
Bautista de la iglesia de San Juan de la
Palma de Sevilla y alguna figura que otra
del niño Jesús.
En su obra se conjugan manierismo y barroquismo.
Su manierismo no debe confundirse con su
falta de variedad en el estilo que se produce
en todas aquellas personas que se dedican
a la pintura religiosa que repiten a menudo
el mismo asunto.
Con su obra supo unificar y dar vida independiente
a la escuela granadina. Logró fundir
e incorporar a su arte todo lo que contempló,
eliminando lo realista y vulgar.
Hay tres etapas que marcan la vida y obra
de Alonso Cano:
De su primer período, etapa sevillana
(1615¬1638) destaca su seguridad de
técnica y dibujo.
El lienzo de San Francisco de Borja, su
primera obra fechada , nos muestra ya las
cualidades y flaquezas que caracterizaran
en adelante su arte: minuciosidad y delineación
artesana, amplia forma de la mancha al igual
que Velázquez.
En su segunda época o periodo madrileño
(1638-1652) vemos el resultado de esa inquietud
y labor. Ahora triunfa el color y la técnica
sobre el dibujo.
Es en su etapa granadina (1652-1667) donde
el arte de Cano encuentra su apogeo. Cada
lienzo ofrece un aspecto destacado de su
estilo. Es el dibujo la nota más
firme de su obra, las formas se afianzan
con gran corrección. Su trazo es
siempre fácil. El que el dibujo sea
una cualidad dominante lo acusa su actividad
escultórica y la gran cantidad de
dibujos que se le han atribuido. Esta actividad
de dibujante es difícilmente igualada.
En cuanto a la composición, en la
obra de Cano es muy variable. Los elementos
con que rellena su obra, la arquitectura
de sus fondos y el cortinaje son muy peculiares.
En el color, aunque es norma general que
todo escultor diestro en el concepto de
la forma, lo descuide, Cano necesitaba manejarlo.
En el ambiente de una época en que
dominaba el tenebrismo, sintió la
influencia de grandes coloristas como Zurbarán,
Sánchez Cotán y Juan Bautista
Mayno.
En su última época es muy
colorista, pero en todos sus trabajos suele
haber un rompimiento, donde se explaya con
la gama caliente de sus tonos brillantes.
Como en la pintura de la época, el
tema que predominó en sus obras fue
el religioso, tanto en pintura como en escultura,
como consecuencia de la Reforma Católica.
Alonso
Cano dejó una gran estela, valioso
legado, dimanado de una paleta en la plenitud
que, en poco más de una década,
cambió los destinos estéticos
de una escuela que en 1652, fecha del reencuentro
del maestro con Granada, hizo el lenguaje
innovador de la nueva pintura barroca.
Pedro Atanasio Bocanegra fue uno de esos
pintores cercanos al Racionero; después
de iniciarse con Miguel Jerónimo
de Cieza, debió llegar al círculo
de Cano hacia 1663, cuando todavía,
por lo que muestran sus lienzos conocidos
de esos años, era un artista en evidente
período de formación; su colaboración
en las últimas obras del maestro
no pudo ser, por tanto, muy relevante; aunque
sí recibió directamente el
beneficio de sus enseñanzas. Los
primeros lienzos del discípulo no
acusan todavía la influencia de Cano,
Hasta finales de la década de los
sesenta y principios de los setenta, en
las pinturas para San Juan de Dios y el
programa de la ‘Vida de la Virgen’
para la Cartuja, no mostró Bocanegra
su admiración hacia las creaciones
del Racionero. Su última etapa pictórica,
que se abre con su regreso de la corte,
en octubre de 1676, y concluye con su muerte
en 1689, se caracteriza por una renovada
fascinación por la pintura y los
modelos de Alonso Cano.
Juan de Sevilla inició su carrera
como pintor bajo la tutela de Pedro de Moya.
Sevilla llegó hasta Cano todavía
como un artista en proceso de formación,
aunque, muy probablemente, con cualidades
técnicas más sólida.
Su ascenso como pintor sucede tras la desaparición
del maestro; y desde aquellos primeros lienzos
para los jesuitas, la emulación hacia
sus creaciones se muestra incuestionable
una simbiosis de las vivencias cerca de
Cano.
De entre los pintores que conocieron al
Racionero, y sin recibir directamente su
magisterio acusaron la influencia de su
paleta, destaca un importante grupo que
inició su andadura artística
en el círculo de Miguel Jerónimo
de Cieza; Ambrosio Martínez Bustos,
Esteban de Rueda, Felipe Gómez de
Valencia, y los tres hijos de Miguel Jerónimo,
Juan, José, y Vicente de Cieza.