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El
martirio de San Lorenzo
(1564-1567)
Tiziano
Vecellio (1485-1576)
Pintura renacentista del XVI
Museo del Real Monasterio del Escorial
óleo sobre lienzo 440 x 320
centimetros.
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Encargado
por Felipe II para el monasterio de El Escorial,
el cuadro es uno de los menos conocidos
de un pintor clave del Renacimiento. Su
pintura no sólo fue arte, sino tambien
un gran negocio.
Tiziano
Vecellio (1485/90-1576) nació en
Piove di Cadore, en los AIpes Vénetos,
dentro de una familia acomodada A los diez
años ingresócomo aprendiz'en
el taller de Giovanni Bellini, primer pintor
de la República de Venecia de quien
aprendió a primar la espontaneidad
de la obra por encima del dibujo. En 1530
realizó el primer retrato del emperador
Carlos V. El encuentro -del que el soberano
no quedó satisfecho- supuso a la
larga el inicio de una de las relaciones
más fructíferas de la Historia
del Arte: años después Carlos
V le nombró pintor de corte. Esta
relación continuó con su hijo
Felipe 11 y acabó con la muerte del
artista tras una epidemia de peste. El pintor
dejaba decenas de cuadros religiosos y mitológicos
y retratos de la élite social y política
europea.
En
algunos retratos pintados después
de 1540 y, sobre todo, a partir de los años
60 del siglo XVI tras sus contactos con
los pintores de Roma y el conocimiento directo
de Miguel Ángel (quien acogió
con reservas su manera de pintar despreocupada
por el dibujo), la obra de Tiziano se dejó
seducir por la tensión y la atmósfera
manierista Los colores y la composición
armónica de sus etapas anteriores
dieron paso al claroscuro y el pintor otorgó
a sus figuras una mayor presencia plástica,
las dotó de un atormentado gigantismo
y acentuó el movimiento y los escorzos
de sus composiciones. En muchos de estos
lienzos, las estructuras tonales se disuelven
en densas penumbras. El Martirio de San
Lorenzo es, además, un ejemplo de
los intensos colores que aún era
capaz de desplegar la paleta del pintor.
Además el empleo de pigmentos muy
aceitados le permitió recrear extraordinariamente
la textura y los efectos luminosos.

En
1564, Felipe II transmitió al embajador
español en Venecia su deseo de poseer
un Tiziano sobre el martirio del santo que
daría nombre al Monasterio del Escorial:
San Lorenzo, condenado a morir quemado vivo
sobre una parrilla en agosto del 258 por
profesar el cristianismo. El lienzo fue
enviado a España en diciembre de
1565. Era una réplica, con algunas
variantes, de una primera versión
sobre el tema concluida años antes
para la capilla funeraria de una iglesia
veneciana En la primera, el martirio tiene
lugar en el exterior, flanqueado por una
deidad pagana, Vesta, y por un edificio
de columnas corintias. En la del Escorial,
la acción transcurre en un atrio.
La obra gustó al monarca y hoy se
encuentra en la iglesia vieja del monasterio.
Una vez concluido, Tiziano se ofreció
a Felipe 11 para pintar 11 lienzos sobre
la vida del santo destinados a El Escorial,
pero nunca se realizaron.
En
su vejez, Tiziano experimentó con
los efectos de la luz. En este caso, realizó
el 'nocturno' más impresionante de
su carrera con tres focos de luz autónomos:
una tenue luna, dos antorchas que flanquean
el altar y el fuego de la parrilla Sus efectos
provocan que la arquitectura del lienzo
no se hunda en la oscuridad y que queden
iluminadas la estatua sobre el pedestal.
las figuras y las armas donde centellean
chispas de luz, realizados a partir de pinceladas
blancas.
Tiziano
legó a la posteridad una técnica
que hasta entonces no se había empleado.
Su paleta evolucionó poco a poco
hacia una factura cada vez más pastosa
(a veces, prescindía de los pinceles
para pintar directamente con las manos),
en la que la mancha dominaba sobre la forma
y el dibujo. Sus pinceladas, aplicadas una
a una con valor independiente, se unen en
la distancia y producen un efecto óptico
de realidad. Más tarde le imitarian
los impresionistas.
Las
radiografías y los análisis
de rayos infrarrojos practicados durante
la reciente restauración han revelado
que Tiziano trasladó al cuadro la
misma composición que en la pintura
original y que sólo después
introdujo cambios. Bajo los pigmentos definitivos,
las radiografías han descubierto
una columnata corintia situada a la izquierda,
un casco -sustituido aquí por un
sombrero verde- sobre la cabeza del jinete,
además de diferencias en la expresión
del niño, en el gesto del verdugo
y en la deidad pagana de la izquierda, que
en la obra del Monasterio de El Escorial
sostiene un incensario.
Este
cuadro sobrepasa en dramatismo a su predecesor.
La escena rebosa dinamismo, gracias a las
escorzadas posturas de los soldados, a la
mayor crispación de los rostros,
a los ademanes de los protagonistas y a
las diagonal es con las que se organiza.
La acción refleja el momento de mayor
sufrimiento del martirio y las figuras parecen
vivir en el interior del cuadro. El escenario
se comprime en primer término, acentuando
la sensación de confusión
del momento.